40 Aniversario de su muerte

El misterio que Agatha Christie se llevó a la tumba

La reina del crimen desapareció durante 11 días en diciembre de 1926. Tras una intensa búsqueda, la encontraron en un hotel con nombre falso. ¿Sufrió una pérdida temporal de memoria? ¿Fue una huida frustrada? Nunca se supo

Agatha Christie en su casa de Wallingford, Berkshire, en 1975.
Agatha Christie en su casa de Wallingford, Berkshire, en 1975. - ABC
MÓNICA ARRIZABALAGA - arrizabalaga11 Madrid - Actualizado: Guardado en:

El 12 de enero de 1976, hace ahora cuarenta años, Agatha Christie fallecía a los 85 años en su residencia de Wallingford, en el condado de Oxford. La novelista británica, que desafió en ochenta puzzles policiacos a las mentes de millones de lectores, murió pacíficamente un año después de su célebre personaje Hércules Poirot tras una «buena vida», según ella misma dejó escrito en su autobiografía. No crimen ni veneno en su muerte, pero se llevó a la tumba un misterio que mantuvo en vilo al mundo en diciembre de 1926. Aún hoy se especula qué pudo ocurrir aquellos once días en los que la entonces joven escritora con una prometedora carrera como novelista desapareció de su casa sin dar explicaciones.

«¿Estará viviendo alguna de sus novelas?», se preguntaba ABC en las páginas de sucesos del 8 de diciembre de 1926. «Mistress Agatha Christie, conocida escritora y autora de novelas e historias de detectives, ha desaparecido y hasta la fecha la Policía la busca inútilmente. Mistress Christie salió en su automóvil de su casa en Sanningdale, en Berkshire, a media tarde y fue vista poco después en Newlands Corner, en Surrey. A la mañana siguiente se encontró el automóvil abandonado en dicho lugar», rezaba la nota del diario que apuntaba a renglón seguido que la novelista había «tenido recientemente grandes desórdenes nerviosos». «Se la busca con actividad en todos los alrededores y varios aeroplanos vuelan bajo por los bosques y los campos», concluía subrayando la intensa búsqueda que se inició tras su desaparición.

Agatha Christie había escrito ya varias novelas policiacas y acababa de publicar «El asesinato de Roger Ackroyd», la obra que rompió todas las reglas de la novela policíaca y la lanzó a la fama, pero atravesaba difíciles momentos en su vida privada. Su madre había muerto y su tristeza se agravó al descubrir que su marido Archivald Christie se había enamorado de una joven con la que jugaba al golf, Nancy Neale.

«Fue un matrimonio muy feliz. Luego, al cabo de once años, mi marido se enamoró de una muchacha y desapareció de casa», contaría años después la novelista. Agatha no se encontraba en su domicilio cuando Archie preparó la maleta y se fue a pasar el fin de semana con otra mujer. Cuando regresó, se enteró de lo ocurrido y esa misma tarde, la joven escritora de 36 años dejó a su hija Rosalind, de siete años, y la casa al cuidado de las criadas y se alejó en su coche sin decir a dónde iba.

Un diario de 1926
Un diario de 1926- AGATHACHRISTIE.COM

El vehículo fue encontrado abandonado a la mañana siguiente en un terraplén a varias millas de distancia. La policía encontró en su interior su abrigo de piel. Los periódicos dieron la noticia con grandes titulares y especularon durante días con qué podría haberle sucedido a la brillante escritora del crimen. Michael Gilbert, abogado y autor de uno de los ensayos de la obra «Agatha Christie, primera dama del crimen», subrayaba que fue la mayor historia de la época. «Todo el mundo se preguntaba: ¿dónde está Agatha? Su farmacéutico comentaba a la prensa cómo Agatha y él hablaban a menudo sobre los diferentes tipos de venenos y métodos de suicidios. Incluso un periódico ofreció una recompensa de 500 dólares por alguna información», relataba Nancy Mills en ABC en 1978. Hasta Arthur Conan Doyle intentó ayudar en la investigación.

«Con el tiempo trascendió que Agatha había viajado hasta la estación de Kings Cross, donde tomó el tren a Harrogate y se registró en el Harrogate Spa Hotel bajo el nombre de Teresa Neale», señala la web oficial de la escritora, empleando precisamente el apellido de la amante de su marido.

Once días después de su desaparición, un camarero del hotel la reconoció por las fotografías publicadas en la prensa. El personal del hotel alertó a la policía y señaló que la señora Christie había llegado en un taxi, al día siguiente de que se perdiera su pista. Archie acudió a recoger a su esposa, pero ésta no le reconoció. «Agatha no recordaba quién era», señala su biografía oficial, que apunta a una amnesia temporal. Al año siguiente, los Christie se divorciaban.

Silencio

¿Sufrió una pérdida temporal de memoria? ¿Fue una huida frustrada? ¿Un exitoso ardid publicitario para sus novelas? Nunca se supo. Extremadamente celosa de su intimidad, la escritora nunca habló de este misterioso episodio ni con sus familiares o amigos.

La historia fue llevada al cine en la película «Agatha» con Vanessa Redgrave en el papel de Agatha, Timothy Dalton en el de su marido y Dustin Hoffman en el de un periodista que la descubre. No fue bien recibida por la familia. Su nieto Mathew Pritchard afirmaba a ABC en 1978 que «no era necesario y resulta duro para la familia que rueden una película basándose sólo en este pequeño periodo de la vida de mi abuela».

«Nunca comentó nada y en su autobiografía no hace mención de ello. Ni una palabra», subrayaba Pritchard, que se preguntaba de dónde se iban a sacar la información para el guión porque «yo soy su nieto y nunca he sabido la verdad sobre aquella desaparición».

El hoy presidente de la Sociedad Agatha Christie volvía a responder el año pasado a Antonio Fontana en una entrevista a la pregunta «¿Sabe qué ocurrió?» de forma contundente. «No. Probablemente fuese una pérdida de memoria de alguna clase».

La célebre escritora Agatha Christie, en 1945
La célebre escritora Agatha Christie, en 1945- ABC

Para el médico y escritor británico Andrew Norman, autor de una biografía sobre la reina del crimen titulada «The finished portrait» («El retrato acabado»), su comportamiento responde a un «estado de fuga», un tipo de amnesia también llamado fuga disociativa. Según el manual Merck «consiste en una o más salidas de una persona de su casa repentina, inesperada y deliberadamente, durante las cuales no recuerda una parte o la totalidad de su vida pasada y no sabe quién es, o bien se da una nueva identidad».

«Muchas fugas parecen representar el cumplimiento de deseos encubiertos (por ejemplo, escapar de un estrés insoportable, como el divorcio o la ruina financiera). Otras fugas están relacionadas con sentimientos de rechazo o de separación, o pueden proteger a la persona del suicidio o de impulsos homicidas», explica la obra de medicina general de de mayor difusión en al ámbito mundial.

Norman apunta a que Agatha Christie «se hallaba en una situación suicida» y «su estado mental era muy débil». «Ella mencionó eso luego, a través del personaje de Celia en su novela autobiográfica «Unfinished portrait» (Retrato inacabado)».

Estancia en Canarias

La autora recibió tratamiento psiquiátrico durante un tiempo y en 1927 viajó con su hija Rosalind a Canarias en busca de sosiego tras su divorcio. «En realidad, lo único que anhelaba era un matrimonio feliz. De eso estaba segura, como todas mis amigas. Presentíamos la felicidad que nos aguardaba; ansiábamos amar, ser protegidas y queridas, sin tener que variar nuestras costumbres, pero anteponiendo vida, profesión y éxito de nuestro marido; como era nuestro deber. … Me educaron, por supuesto, como a todas las mujeres de mi tiempo, con un gran rechazo al divorcio», escribió en su autobiografía.

Christie terminó «El misterio del tren azul» en las islas, que además sirvieron de ambientación para otros dos de sus relatos: «El enigmático Mr. Quin» y «Mrs. Marple y los trece problemas». Aquel triste episodio quedó atrás y la reina de la intriga continuó con su negocio, el crimen, como relató el 19 de marzo de 1972, en un artículo en ABC «en rigurosa exclusiva nacional».

Agatha Miller, como se llamaba de soltera, conservó el apellido Christie con el que se hizo famosa aunque se volvió a casar en 1930 con el arqueólogo Max Mallowan. «Compartimos nuestros intereses y nuestras alegrías y, lo que yo creo más importante en un matrimonio, compartimos nuestro común sentido del humor. Nuestra vida fue alegre y llena de sabor», escribió Mallowan.

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