Cultura

«Miguel de Cervantes era un infante de Marina»

El académico e historiador Hugo O'Donnell y Duque de Estrada ha avivado una vieja polémica latente en España: ¿Cuándo se creó oficialmente este cuerpo de la Armada?

Cervantes, tras el combate en la galera Marquesa
Cervantes, tras el combate en la galera Marquesa - Ferrer Dalmau

«La más antigua del mundo». Así es como define la Armada Española desde hace décadas a su Infantería de Marina. Esos soldados que, además de saber combatir en tierra, también han sido entrenados para luchar sobre la cubierta de un barco.

Pero más vieja que esta afirmación es la controversia histórica que plantea en qué año se creó este cuerpo y si algunos héroes de nuestro país como Miguel de Cervantes (fiel servidor como soldado de un Tercio embarcado en el Mediterráneo) pueden ser calificados como infantes de Marina a pesar de que, por aquellos años, nadie había oído hablar del término.

Sin embargo, el historiador y académico Hugo O’Donnell y Duque de Estrada zanjó ayer esta controversia en una conferencia celebrada en el Cuartel General de la Armada de Madrid. En su opinión, «Cervantes era un infante de Marina» porque, aunque todavía no se habían creado estas unidades, los militares que las formaban sí contaban con un entrenamiento específico para luchar en las aguas.

«Negar su existencia es como negar la antigüedad de todos los ejércitos antes del siglo XVIII», añade. Concretamente, el experto está rememorando el año 1717, época en la que se idearon sobre el papel los Batallones de Marina. Una fecha que apoyan los más reticentes a aceptar la antigüedad del cuerpo.

Por el contrario, O’Donnell remonta su creación a 1537 (fecha aceptada en un Real Decreto de 1978), época en la que el rey Carlos I ordenó fundar una serie de grupos de arcabuceros cuya misión era combatir sobre las galeras españolas. Eran las llamadas (tras su evolución histórica) «Compañías Viejas del Mar de Nápoles».

El académico, incluso, se atreve a retrasar algunos años más su creación a 1530, cuando ya había sobre los bajeles de nuestra España algunas «unidades sueltas» como guarnición.

A su vez, está convencido de que Tercios como el de Lope de Figueroa (en el que luchó el escritor) terminaron teniendo también un entrenamiento específico para batallar en el mar. Así lo demostraría, por ejemplo, el que en 1574 el mismo Figueroa se negase a que sus chicos se dirigieran a Flandes por considerar que desperdiciarían su formación.

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