Ciencia

¿Le pasa algo raro al Sol últimamente?

El astrofísico solar Héctor Socas explica si realmente hay motivos para alarmarse por las tormentas de la estrella

Imagen del sol captada por el SDO «Solar Dynamics Observatory», de la NASA
Imagen del sol captada por el SDO «Solar Dynamics Observatory», de la NASA - NASA/SDO
POR HÉCTOR SOCAS NAVARRO - @hsocasnavarro - Actualizado: Guardado en:

Héctor Socas Navarro es investigador en el Instituto Astrofísico de Canarias (IAC) y experto en magnetismo solar

Se nos acumulan noticias de carácter preocupante sobre el Sol y las tormentas solares, esas violentas explosiones que tienen lugar sobre su superficie que propulsan al espacio enormes proyectiles de plasma magnetizado. Hemos leído que Obama ordena al país prepararse para una catástrofe, que incluso en Alemania el gobierno recomienda a sus ciudadanos hacer acopio de agua y comida; y ahora nos llega una nueva noticia sobre una explosión solar que ha provocado un baño de rayos cósmicos en la Tierra.

«Lo que tenemos que hacer es preocuparnos por entender mejor el Sol. La ignorancia es tan perjudicial como el alarmismo apocalíptico»

Por otra parte, en nuestro Facebook y Whatsapp resurge el famoso bulo de que la NASA predice 15 días de oscuridad, una mentira viral que cada cierto tiempo resucita obstinadamente cual zombie que no termina de morir. Desde el apocalipsis de las profecías Mayas sobre el fin del mundo en 2012 no habíamos visto un repunte tan frenético de noticias angustiosas relacionadas con el Sol. Los científicos que trabajamos en este tema recibimos continuamente consultas de ciudadanos preocupados porque, como dice el refranero, «cuando el río suena es que agua lleva». Los más suspicaces llegan a la conclusión que las autoridades saben algo que nos ocultan, algo inminente se avecina. Después de todo, Obama ha dado orden de prepararse.

Una llamarada saliendo de la corona solar, el 31 de agosto de 2012
Una llamarada saliendo de la corona solar, el 31 de agosto de 2012- NASA

Lo cierto es que sí se avecina un evento inminente y potencialmente peligroso para el planeta. Se trata de las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos. La Administración Obama lleva mucho tiempo desarrollando una estrategia para responder a una posible situación adversa provocada por un gran evento solar. Esta estrategia surge de la oficina presupuestaria y consiste en una serie de medidas, líneas de financiación y hojas de ruta para las diferentes agencias nacionales.

Se calcula que una gran tormenta solar comparable al «evento Carrington», que golpeó la Tierra en 1859, produciría daños en nuestro tejido tecnológico por valor de varios billones de dólares. Las tormentas solares no son catástrofes apocalípiticas, en el sentido de sembrar muerte y destrucción por doquier. Tengamos en cuenta que han venido ocurrido toda la vida, desde antes de que el hombre pisara la Tierra. La diferencia con situaciones anteriores es que nuestra tecnología sí es vulnerable a estos fenómenos de naturaleza electromagnética y cada vez dependemos más de ella.

Las tormentas solares son amortiguadas en parte por el campo magnético terrestre (en azul)
Las tormentas solares son amortiguadas en parte por el campo magnético terrestre (en azul)- NASA

Es decir, el evento para el que se prepara la Administración Obama no es el de una gran tragedia humana, sino una auténtica crisis financiera a escala mundial comparable a originada por las hipotecas basura en 2008. No podemos saber con antelación cuándo ocurrirá el próximo evento tipo Carrington pero los estudios científicos sugieren que la probabilidad es aproximadamente de un 10% cada década.

¿Por qué, entonces, ordena Obama a su país que se prepare justo ahora? ¿Qué es lo que han visto? En realidad, nada. Valentín Martínez, director del «National Solar Observatory de EEUU», lo aclara en declaraciones para« señalyruido.com». Se trata de una mala interpretación debida a una traducción excesivamente literal. Lo que hace Obama es lo que hacen habitualmente los presidentes estadounidenses al final de su mandato: apresurarse a plasmar en leyes aquellas iniciativas en las que han estado trabajando durante la legislatura. De esta forma, se transfiere al siguiente presidente la obligación de acatar (o derogar) estas resoluciones.

A esta acción, en jerga legal estadounidense se la llama «executive order», que muchos traducen literalmente a nuestro idioma como «dictar una orden ejecutiva» pero quizás sería más fiel traducir por «aprobar una ley». La diferencia es muy grande porque suena mucho más preocupante e inminente decir «Obama ordena prepararse» que «Obama aprueba una ley para prepararse». Por tanto, no hay que leer en estas noticias que las autoridades estadounidenses tengan noticia de alguna catástrofe inminente, sino la muy acertada iniciativa de un país que quiere estar preparado para algo que ocurrirá tarde o temprano. Seguramente no mañana ni pasado, pero casi ciertamente en los próximos 50 o 100 años. Quizás lo sorprendente es que no estemos todos los demás haciendo lo propio.

Un nuevo evento Carrington

Un nuevo evento tipo Carrington que tuviera lugar en la actualidad podría tener consecuencias catastróficas (o quizás no) pero no sabemos exactamente hasta qué punto. No sabemos qué satélites se verían afectados o en qué medida, qué pasaría con la red de suministro eléctrico, tan interconectada en algunas partes del mundo que podría dar lugar a caídas en cadena, los posibles fallos de la red GPS que afectan a procesos tan diversos como la navegación o las transacciones bursátiles, etc.

Una fuerte aurora boreal es registrada en Noruega, después de una eyección de masa coronal
Una fuerte aurora boreal es registrada en Noruega, después de una eyección de masa coronal- Hugo Løhre/NASA

Hay pocos estudios y cero experiencia con eventos extremos. Quizás no pase gran cosa, como cuando el famoso bug del año 2000. O puede que se den consecuencias banales, como perdernos la final de la Champions o que dejen de funcionar los móviles durante unos días. O quizás nos veamos en una situación prolongada durante semanas, incluso meses, con cortes de conexión a internet, colapso del transporte aéreo y de superficie, desabastecimiento de mercancías y caos en las ciudades.

Volviendo al caso de EEUU, allí han considerado a una serie de satélites de importancia estratégica para la seguridad nacional. Estos satélites están duplicados, de manera que por cada uno que hay en órbita, existe una copia idéntica guardada en un almacén, completamente lista para ser lanzada en cualquier momento. La fuerza aérea cuenta con un programa de emergencia que les permitiría lanzar todos estos instrumentos y reponer la red en un plazo máximo de una semana. Claramente, los militares se toman este asunto muy en serio. Y la sociedad civil también lo va entendiendo, aunque lo haga más lentamente.

Nos queda mucho por aprender pero tampoco hay que ser alarmistas. Lo cierto es que no hay nada extraño o inusual en la actividad del Sol en las últimas semanas. Tampoco en el escudo magnético de la Tierra. La magnetosfera es un campo magnético que envuelve nuestro planeta y atrapa las partículas de alta energía producidas por una tormenta solar. También atrapa y desvía los rayos cósmicos, una radiación natural, también en forma de partículas de alta energía, que nos bombardea de forma continua desde el Universo.

Simulación de una cascada de rayos cósmicos
Simulación de una cascada de rayos cósmicos- WIKIPEDIA

Los rayos cósmicos se generan en diferentes escenarios, como en las inmediaciones de los agujeros negros o en las explosiones de estrellas conocidas como supernovas. Un equipo de investigadores indios y japoneses, trabajando con un experimento para detectar rayos cósmicos en la India, han publicado estos días el resultado de una investigación científica muy interesante.

En su artículo demuestran que, durante un período de algo más de dos horas, la Tierra estuvo expuesta a un bombardeo mayor de lo habitual de rayos cósmicos durante una tormenta solar de magnitud moderada que afectó a nuestro planeta en Junio de 2015. Según este trabajo, la tormenta solar golpeó la magnetosfera, comprimiéndola y dando lugar a eventos de reconexión magnética, que resultaron en una ruptura temporal de esta protección por la que se colaron estos rayos cósmicos.

La noticia ha salido estos días, contribuyendo a esa posible sensación de inquietud sobre el comportamiento del Sol, pero tengamos en cuenta que el evento al que alude el artículo ocurrió hace más de un año. Lo que se ha publicado ahora es el resultado de la investigación. Probablemente este tipo de situaciones, de debilitamiento de la magnetosfera durante una tormenta solar importante, se den con relativa frecuencia.

Baja actividad solar

Lo curioso del asunto es que, si miramos la evolución de la actividad solar durante las últimas décadas, nos encontramos con que estamos en un periodo de actividad inusualmente baja y aparentemente en tendencia descendente. Saku Tsuneta, vicepresidente de la Agencia Espacial Japonesa (JAXA), afirmó en Abc.es que el Sol está entrando en un nuevo Mínimo de Maunder, una especie de hibernación de 70 años que sufrió en el siglo XVII y que probablemente dio lugar a un clima más frío en la Tierra.

Saku Tsunet, vicepresidente de la Agencia Espacial Japonesa (JAXA)
Saku Tsunet, vicepresidente de la Agencia Espacial Japonesa (JAXA)- JOSÉ RAMÓN LADRA

En algunos foros de discusión sobre estos temas, he escuchado la crítica de que los científicos no tienen ni idea de si hay que estar preocupados por la actividad solar o por la falta de actividad. Personalmente creo que lo que tenemos que hacer es preocuparnos por entender mejor el Sol y sus repercusiones sobre nuestro planeta y nuestra tecnología. La ignorancia es tan perjudicial como el alarmismo apocalíptico. Como sociedad debemos avanzar en el conocimiento y al mismo tiempo estar preparados para las situaciones que se puedan producir.

Igual que asumimos que vivimos en un planeta activo, con sus terremotos, sus erupciones y otras manifestaciones, tenemos también que entender que convivimos con una estrella activa, con sus caprichos, sus veleidades y sus arranques, en ocasiones, incluso violentos.

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