Ciencia

Llorar con una película triste nos hace más fuertes (literalmente)

Investigadores de Oxford descubren qué se esconde tras el entusiasmo por la ficción dramática

Fotograma de la película 'Campeón', considerada la película más triste de la historia
Fotograma de la película 'Campeón', considerada la película más triste de la historia - ABC
J. DE J. Madrid - Actualizado: Guardado en:

¿Es de los que llora a lágrima viva con el final de «Titanic»? ¿Le da vergüenza que le vean cuando se encienden las luces del cine porque tiene los ojos rojos y las mejillas húmedas? No se esconda detrás del abrigo. Y no se preocupe, porque emocionarse con «Million dolar baby» o «La vida es bella» es más positivo de lo que cree. Según investigadores de la Universidad de Oxford, esas historias de ficción le hacen más fuerte, literalmente, porque aumentan su umbral del dolor. Además, consiguen que se sienta más unido a los demás.

La fascinación de la humanidad con la ficción es un enigma evolutivo. «La ficción está ampliamente estudiada por los académicos de humanidades, ya que es una característica importante de la sociedad humana, común a todas las culturas. Sin embargo, las razones por las que puede ser tan absorbente y sus funciones no han sido ampliamente estudiadas por los psicólogos o los biólogos del comportamiento», explica Robin Dunbar, profesor de psicología evolutiva en Oxford.

La comedia nos hace reír, un proceso en el que se liberan endorfinas, esas sustancias químicas que nos hacen sentir bien, aumentan la tolerancia al dolor y nos conducen a unirnos. Pero no está tan claro por qué optamos por ver un «dramón» que va a dejarnos por los suelos.

El equipo de Oxford decidió probar si esas ficciones provocan la excitación emocional que sí desencadena la liberación de endorfinas con un curioso -y entretenido- experimento. Los científicos mostraron a unos voluntarios la película «Stuart: A Life Backwards», que relata la vida de una persona discapacitada que ha sufrido abusos en su infancia y que finalmente se quita la vida (sentimos el «spoiler»). Un segundo grupo vio documentales sobre temas mucho menos emotivos.

Sentados contra la pared

Como es imposible medir directamente la liberación de endorfinas sin un hacer un escáner o una punción lumbar, el equipo probó cambios en el umbral del dolor. Los voluntarios tenían que sentarse sin apoyo con la espalda contra la pared y mantenerse el mayor tiempo posible. Los dos grupos de voluntarios hicieron la prueba antes y después de la visualización. También completaron cuestionarios antes y después para evaluar el efecto emocional de las películas.

Los que vieron «Stuart» estaban, como era de esperar, significativamente menos alegres después, mientras que los espectadores del documental se mostraban mucho menos afectados. Pero al repetir la prueba contra la pared, los que habían visto la película triste podían mantener la posición durante más tiempo, un promedio de un 13,1% más.

A partir de los cuestionarios, el equipo también descubrió que los de «Stuart» establecían vínculos mayores con sus compañeros en comparación con el grupo del documental. «Los que tenían la mayor respuesta emocional también tuvieron el mayor aumento en el umbral del dolor y una sensación mayor de unión con su grupo», dice Dunbar.

Más unidos

«Parece que nuestra afinidad por la ficción emotiva puede haber evolucionado en el contexto de la unión de los grupos sociales. Como también hemos visto este efecto de la endorfina en la risa, el canto y el baile, parece que contar historias es parte del conjunto de actividades sociales que unen a las personas», añade.

Esto no quiere decir que el efecto de una sustancia química por sí sola sea la única razón por la que elegimos ver un drama el sábado por la tarde, ya que hay otros aspectos de la psicología humana a considerar, pero los investigadores creen que es una razón importante para disfrutar de la última escena de la lacrimógena «Campeón» de Franco Zeffirelli (1979), considerada por muchos como la película más triste de la historia. Si vuelve al cine y teme montar otro «numerito», no deje que el de la butaca de al lado le mire con condescendencia. Ahora es usted un poquito más fuerte.

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