Unos científicos manipulan cobayas que viajarán al espacio. En el círculo, la nave Bion-M. :: R. C.
Sociedad

El arca del espacio

La agencia espacial rusa pone en órbita una nave con más de cien animales a bordo para estudiar su resistencia a la ingravidez

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La agencia espacial rusa lanzó al espacio la semana pasada una nave con una inusual tripulación a bordo: más de cien animales entre ratones, caracoles, lagartijas y otros pequeños reptiles cuyo objetivo es comprobar si los seres vivos pueden llegar a Marte. Bion-M es el nombre de esta nueva misión que busca profundizar en las investigaciones con animales que la agencia realizó a mediados de los años sesenta. Tras varios intentos desde el 2010, la cápsula ya está en órbita con sus pequeños tripulantes, que estarán en el espacio hasta mediados de mayo, donde regresarán a la Tierra y los científicos completarán los análisis y pruebas previstos para comprobar su grado de resistencia a las condiciones de ingravidez, así como su proceso de readaptación a la vida y las condiciones de nuestro planeta. «Se trata de determinar hasta qué punto nuestro organismo se adapta a las condiciones de ingravidez y comprender lo que hay que hacer para garantizar la supervivencia en vuelos muy largos», afirmó el director del programa del Centro Espacial Ruso, Valérie Abrashkin

La elección de las distintas especies que participan en esta investigación está hecha con base en las similitudes inmunológicas, biológicas o estructurales que guardan con el ser humano. Durante las próximas semanas se llevarán a cabo estudios sobre densidad ósea, músculos y sistema cardiovascular de los 45 ratones que hay a bordo, pero también diversos test de resistencia psicológica. Cada uno de los roedores posee un chip en su piel para ser identificado, incluso algunos llevan elementos para medir la presión arterial y la frecuencia cardíaca.

También será la oportunidad de comprobar los efectos de la muerte (algunos ratones del mismo grupo serán sacrificados dos días después del despegue para analizar sus tejidos y compararlos posteriormente con los de su congéneres que viajaron al espacio) y del inicio de la vida con el envío al espacio de huevos de pescado, microorganismos, granos y plantas, para estudiar los efectos de la ingravidez sobre su evolución. Además, en otro experimento, esta vez fuera de la cápsula, la Bion-M intentará probar la teoría de la panspermia, según la cual la vida se originó en el espacio y llegó desde allí, a bordo de meteoritos o cometas, a planetas como la Tierra.

La primera experiencia soviética de este tipo con un animal se hizo con la perrita Laika en 1957, que precedió el primer vuelo de un hombre al espacio, el de Yuri Gagarin en 1961.

El can murió al cabo de unas horas por causas asociadas al estrés del viaje y posiblemente al sobrecalentamiento de la nave. Aunque su deceso se produjo antes de lo que los investigadores pensaban, este lanzamiento fue la primera prueba de que los organismos vivos eran capaces de soportar condiciones de microgravedad, abriendo la puerta a los vuelos tripulados por seres humanos.