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Opinión

Tribuna

Ático y Ática
No son el femenino y masculino de un mismo concepto, a pesar de que así lo quisiera imponer alguna «miembra» del gobierno. El «bono español» además de casi basura es lo más parecido a un ático en pleno barrio de Salamanca. El bono griego, basura plena, emitido desde Atenas, uno de los nomos del Ática, situado frente a Salamina, que no Salamanca, podía ser sin serlo, el hilo conductor de la historia paralela de los dos pueblos situados en las antípodas del arco mediterráneo.
Cuando Plutarco escribía su obra 'Vidas Paralelas, Vida de Pericles' nunca pensaría que daría pie a conformar parte de la política económica del actual gobierno de España. Parece como si el presidente del gobierno quisiera emular a Pericles. ¿O si no, que es el Plan E? Pues, el plan del insigne político griego para el embellecimiento de Atenas, que pensaba que estando la ciudad suficientemente pertrechada para su existencia ordinaria, era conveniente orientar su prosperidad con la construcción de suntuarios edificios y realzarla en todos los órdenes culturales para sellar su inmortalidad hasta la eternidad. De paso, éste justificaba, amén de la gloria imperecedera de la ciudad, que vendría un bienestar seguro durante su ejecución, ya que surgirían todo tipo de trabajos y necesidades diversas que iban a exigir poner en movimiento a todos los «brazos y oficios», convirtiendo en asalariada a prácticamente la ciudad entera. Así mientras Atenas se embellecía, se alimentaba al mismo tiempo por sí misma. Nuestro visionario presidente soñaría un día con el esplendor de Hélades y sucumbió. No ordenó construir España para la posteridad, es más modesto, se conformó con levantar y enlozar aceras. Si de lo que se trataba era de socavar, abrir, cerrar y volver a tapar, lo consiguió. Al final era un mero asunto económico de 16.000 millones. Pero aquí no queda la cosa en eso de tapar y destapar. Pero como seguimos la estela de Grecia por lo visto, se exige ahora un ejercicio de memoria histórica. El vice primer ministro Theodoros Pangalos culpaba días atrás a los alemanes de la crisis griega por haber robado el oro griego durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Les suena todo esto de la memoria histórica? Es decir, ni el griego, ni el mandatario español, hacen autocrítica por la situación padecida y las políticas desarrolladas que están llevando al desastre a ambos países. Cuando no saben qué hacer, que es lo habitual, a echarle las culpas a los demás y por lo que veo, si están muertos, mejor. Sólo falta que algún audaz ciudadano español, señale como principal culpable de la situación económica española, la llevada del oro del Banco de España a Moscú. Así, de esta forma ya podría solemnemente decir que representantes de los dos bandos son gilipollas.
La tragedia griega tenía escrito su guión antes de empezar. Al poco tiempo de ingresar Grecia en el Euro, allá por el 2001, Golmans hizo desaparecer mediante artilugios contables parte de la deuda. Para ello, el Banco de Inversiones diseñó una operación financiera-contable que denominó Eolo, a través de la que Grecia obtenía liquidez a cuenta de las tasas aeroportuarias que cobraría a futuro. También hizo lo mismo con las loterías estatales. Así, anticipaba la llegada de dinero, sin contabilizar la correspondiente contrapartida de pasivo que cada operación suponía. Aparentemente se conseguía un «equilibrio financiero» y mayores posibilidades de liquidez. En el fondo una granujería. Si una empresa hubiera maquillado su balance y cuenta de resultado de esa forma, sus gestores estarían en la cárcel, por aplicación de la Ley Concursal y el Código Penal. Creo que ha llegado el momento de la creación de un Derecho Penal Europeo donde se tipifiquen estas conductas. Grecia está al borde del abismo y la actitud insolidaria de sus políticos, pueden llevar a la Unión Europea a la debacle. La saga Papandreus tiene mucho que ver. Sociolistos hay en todas partes, no sólo en España. El que no se consuela es porque no quiere.
La situación griega que ha llegado como en la antigüedad al grado de tragedia, no es asimilada por los ciudadanos que se niegan al necesario ajuste de su economía. El caso español es distinto por las cifras macroeconómicas imperantes. Pero, si no se produce la necesaria inflexión en nuestra economía, recrearemos en un corto espacio de tiempo la misma tragedia griega y eso que en España el género preferido de toda la vida es la comedia. Si no, recuerden cuando hace poco el presidente se jactaba de haber pasado en PIB a Italia y tener en el punto de mira a los franceses, amén de otras muchas sandeces. De chiste y además, de mal gusto. Sin dudas batimos todos los records en desempleo, cuya tasa ha superado el 20%. Sin embargo en Grecia se sitúa en el 10,7%. Es verdad que tiene una proporción de funcionarios desorbitados que supera el millón, para una población de 11 millones, siendo ello una de las causas del descontrol del déficit y consiguiente deuda pública. Aquél se encontraba en 2009 en el 13,6%, mientras que la deuda pública representaba el 114% del PIB.
La diferencia importante con nosotros es que la deuda pública española es del 62%. Lo malo es la tendencia de la misma, que se ha duplicado en el plazo de dos años. Ahora bien, es crucial resaltar el importe de la deuda española pública y privada que asciende al billón setecientos mil millones de euros, lo que equivale al 168% del PIB. Un 30% de ella es a corto plazo, por lo que vencerá en los próximos meses (500.000 millones), que habrá de refinanciar en una gran parte y que dada la calificación de nuestra deuda, debido a la propia magnitud y sobre todo, a lo errático de los programas dispuestos hasta hoy para su reducción (16 millones), coincidente en el tiempo y en la cantidad con el crédito dispuesto a la policía para la adquisición de gas oíl para sus vehículos, habrá que hacerlo de forma más costosa, por el encarececimiento de la financiación de la deuda. ¿Y así pretende este gobierno convencer a Europa y a los mercados? Menudo mamarracho.

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