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Un samurai lleno de optimismo

El doctor Alfredo Quiñones recoge este martes el Premio Cirugía Cortes de Cádiz

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El 'Doctor Q', como le conocen sus pacientes, es un trabajador incansable. Vive cada día con un enorme entusiasmo y con la seguridad de quien tiene retos importantes que cumplir. Alfredo Quiñones-Hinojosa es un hombre sencillo y humilde. Sincero y amable. Pese a su éxito y la trascendencia de su labor no se olvida de su origen ni de lo que aprendió de pequeño en su casa. Su brillante labor le hace ser reconocido en todo el mundo. Ha recibido ya numerosas distinciones y este martes le toca venir a Cádiz a recoger un premio que le otorgaron hace algunos meses. Entonces, sus compromisos laborales no le permitieron venir pero ahora, a punto de viajar hacia España, se muestra emocionado. «Recibo este premio humildemente. La historia de la medicina que tiene esta ciudad y esta universidad es muy importante. Me llena de orgullo saber que regreso a España que es un país que yo lo quiero mucho y a Cádiz que es una ciudad en la que nunca he estado y me siento agradecido por este gesto tan hermoso y al tiempo muy humilde», reconoce desde Baltimore.

Esperanza y optimismo

Su vida es un ejemplo para todos los que le conocen. Sus inicios no fueron fáciles ni mucho menos. Alfredo Quiñones llegó a Estados Unidos de forma ilegal, sin estudios y sin saber hablar inglés. Actualmente está considerado como uno de los mejores neurocirujanos del mundo y está especializado en el cáncer cerebral. «La clave de todo esto es nunca perder el entusiasmo, siempre seguir soñando, nunca darse uno por vencido y el encontrar la felicidad en las cosas que hace uno. No importa que tan difíciles parezcan. Siempre ha sido eso para mí la base, lo que aprendí desde pequeñito y lo sigo llevando en mis propios hijos y en mis estudiantes».

Esa misma filosofía de vida es la que transmite a sus pacientes y a sus familias. Les da serenidad y felicidad pese a las dificultades. Y nunca se rinde. «El cáncer cerebral es hasta la fecha la enfermedad más devastadora que asfixia al ser humano. No hay ningún otro caso que sea más maligno y rápido y que afecte al órgano más hermoso de nuestro cuerpo y aún así yo siempre me enfoco primero que nada cuando miro a los pacientes trato de mantenerlos positivos, siempre les trato de inculcar que se enfoquen en cómo están viviendo y cómo quieren vivir el resto de su vida, no en cómo van a morir. Les trato de entrenar con mis habilidades como ser humano. Me mantiene también con esperanza que soy uno de los pocos neurocirujanos en Estados Unidos que tiene el sello del apoyo del gobierno para hacer investigación en contra del cáncer y con eso lo que estoy haciendo es transmitirle a los enfermos, a las familias, esperanza, que es muy importante y al mismo tiempo eso me da a mi esperanza».

El doctor Quiñones siempre piensa en los más necesitados, en los que menos tienen. Desde hace un tiempo hace misiones quirúrjicas por todo el mundo de forma gratuita para personas sin recursos. «Creo que les estamos dando a esta gente humilde esperanza pero te lo aseguro que a mí al mismo tiempo me da esperanza también y me llena el corazón de alegría y me mantiene en una forma positiva de tratar de seguir adelante a pesar de todo lo malo que yo miro en mi profesión», afirma.

Ciencia, tecnología e ingeniería

Para este médico mexicano la ciencia es el futuro y reconoce que se está trabajando positivamente. «Le digo a la juventud y le digo a mis propios hijos y a mis estudiantes y científicos que lo más importante que podemos hacer ahora es tratar de encontrar una cura en contra del cáncer y darle al ser humano esperanza pero también darle esperanza en el cáncer este de la desigualdad, de las cosas malas que pasan por todo el mundo, negativismo, guerras y abusos. La razón por la cual yo he tenido éxito es porque me empecé a interesar desde pequeño en la ciencia».

Dentro de su ámbito el doctor Quiñones está considerado como un genio. Sin embargo, este profesional asegura que «me considero una persona humilde que ha sido bendecida por sus pacientes que me permiten tocar con mis manos sus cerebros. Hay neurocirujanos buenísimos. Lo que nos distingue son cosas pequeñitas, cómo te comportas profesionalmente, personalmente, espiritualmente. Me considero una persona con suerte. Muchos me mandan sus casos para que yo los opere y lo considero como una bendición»

Metido de lleno en su labor diaria, en sus operaciones e investigación, el mexicano admite que a corto plazo tiene objetivos muy ambiciosos. «Me gustaría encontrar una cura en contra del cáncer, cuantas metas mas altas te pongas más alto alcanzarás. A largo plazo me gustaría ser un embajador de nuestra cultura hispana en Estados Unidos, en el mundo pero también darle a la gente esperanza de ser ese granito de arena que la gente se dé cuenta que a través del esfuerzo y la dedicación si podemos encontrar un enfoque en estos momentos difíciles que pasamos. Me considero como un samurai. Pero el cáncer y la investigación que hago son mis herramientas, mis armas y yo lo utilizo para comunicarme con el resto del mundo. Soy como un guerrero en contra del cáncer y de la desigualdad».

Alfredo Quiñones reconoce que los retos que se proponen no son nada fáciles y que muchas veces ha desistido. Eso es lo que le hace distinto. «Todo el tiempo tiro la toalla, pero siempre digo que lo que distingue a los campeones es que todos se sienten derrotados y todos se levantan después de estar de rodillas. Yo me siento derrotado todos los días. Nunca me siento satisfecho con lo que hago pero el reto más grande es levantarme al siguiente día y seguir adelante. Todas las personas de alto alcance deportivamente están ahi porque al momento de sentirse derrotados vuelven con más fuerza», sentencia.

Su vida: de humilde jornalero a prestigioso científico e investigador