¿Discutirían los pasajeros del Titanic si la responsabilidad final de que se estuviera yendo a pique la tenía el capitán o el armador? A la clase política parece interesarle más a quien cabe colgarle el mochuelo de los desastres antes que resolverlos o prevenirlos. Como esperemos a que las trasnacionales, las organizaciones supranacionales o los gobiernos propiamente dichos nos resuelvan lo del calentamiento del planeta, nos veo a todos en el casting para el papel de brocheta en menos tiempo del previsto para que la tierra se convierta en una sauna.
Esta era la crónica de un naufragio anunciado. Desde agosto, el buque siniestrado estaba más perdido que el barco del arroz pero todavía no somos capaces de asegurar qué llevaba en su carga. Seguro que mercancías altamente peligrosas: grandes discursos y grandes negocios, enormes pamplinas.
A río revuelto, ganancia de contaminadores. ¿Qué va a llevar un chatarrero si no es chatarra? Los fondos de la costa gaditana deben parecer los exteriores de Mad Max: los peces se disputan los galeones de la Carrera de Indias con barcazas cargas de tónica Schweppes, submarinos nazis y buques tanques ardiendo rumbo a la muerte colectiva.
Esta es una de las zonas marítimas más concurridas y, por lo tanto, más peligrosas del planeta. Pero nos gusta el más difícil todavía. Cualquier día de estos estallará Gibraltar con o sin el HMS Tireless o Rota amanecerá bajo un hermoso hongo atómico. Y los analistas de la actualidad, entre quienes supuestamente me encuentro, sólo nos preguntaremos a quien beneficia o perjudica electoralmente el pim-pam-pum.
Ya no se trata de ser apocalípticos ni integrados. Ni de preferir a Al Gore o al primo de Mariano Rajoy. No estamos hablando de que dentro de equis años volvamos al planeta de los simios. Se trata de algo tan simple como defender la vida cotidiana: ¿cómo explicaremos a nuestros hijos que es bueno diferenciar las bolsitas de basura que arrojamos cada noche a la calle si somos incapaces de controlar con eficacia los vertidos industriales, los urbanos o los navales? Así de simple.
Se trata, poco más, poco menos, de que más allá del gingle-bells, gingles-bells, nos importa un bledo lo que no sea nosotros mismos. A nuestros mares y ríos, que le den. A este paso, se acabará el pasto para los renos de Santa y no quedará demasiada agua para los camellos de los magos. Nos merecemos lo que nos pase. Felices pascuas a los que nos hacen la pascua.










