HISTORIA

Cuando el terrorismo anarquista azotó Andalucía

Málaga y Sevilla sufrieron durante el «trienio bolchevique», entre 1918 y 1920, desórdenes y atentados terroristas

Detenidos por los atentados de Sevilla
Detenidos por los atentados de Sevilla - ABC
CRISTÓBAL VILLALOBOS Málaga - Actualizado: Guardado en:

En «Apóstoles y asesinos», el novelista malagueño Antonio Soler narra la vida de Salvador Seguí, «el Noi del Sucre», cuyas aventuras y desgracias corren paralelas al auge del anarquismo y el sindicalismo en la Barcelona del primer cuarto del siglo XX. Una época de violencia indiscriminada, de terror en la que, cobijada bajo diversos ideales, la muerte y el dolor campaban a sus anchas por las calles de la ciudad condal.

Tras la Primera Guerra Mundial, y con el ejemplo de la Revolución Rusa de 1917, se desarrolló en la ciudad el pistolerismo, expresión de violencia social en el que grupos anarquistas de acción directa, muchos ligados a la CNT, se enfrentaban a bandas terroristas financiadas por la patronal, sustituidos en la lucha posteriormente por los llamados «sindicatos libres», Más de ochocientos atentados, con 255 muertes entre 1917 y 1922, convirtieron la ciudad en la capital del terrorismo, desde donde se irradió la violencia a otros puntos del país.

1.- Sitio donde fue colocada la bomba que estalló a la entrada de los talleres del diario "la unión mercantil". 2.- El redactor, don Francisco Muñoz, que se hallaba en su despacho del periódico y ha que dado sordo a consecuencia de la explosión. 3.- El aprendiz, Pedro Santiago, que resultó gravemente herido. 4 y 5.- Destrozos causados por la explosión
1.- Sitio donde fue colocada la bomba que estalló a la entrada de los talleres del diario "la unión mercantil". 2.- El redactor, don Francisco Muñoz, que se hallaba en su despacho del periódico y ha que dado sordo a consecuencia de la explosión. 3.- El aprendiz, Pedro Santiago, que resultó gravemente herido. 4 y 5.- Destrozos causados por la explosión- ABC

El trienio bolchevique

Andalucía, zona de mayor presencia anarquista tras Cataluña, no constituyó una excepción a este clima de violencia política, hasta el punto de que se llegó a denominar a los años comprendidos entre 1918 y 1920, como «el trienio bolchevique». Durante este periodo, huelgas campesinas paralizaron los cortijos y las cosechas pidiendo un aumento de los jornales, cuando no tierras para los jornaleros, mientras el Ejército y la Guardia Civil reprimían las protestas por el miedo de los poderosos ante el posible estallido revolucionario. El influjo de la revolución bolchevique, apuntan Montero y Tusell, hizo pensar a los campesinos andaluces en la inminencia de su redención, hastiados de una vida de hambre y analfabetismo, hasta el punto casi cómico de que un propagandista anarquista andaluz, apellidado Cordón, pasara a autodenominarse como Cordoneff en homenaje, creía él, al proletariado ruso.

Mientras, en las ciudades, fundamentalmente en Málaga y Sevilla, pero también en Cádiz y en otras muchas poblaciones andaluzas, se produjo durante estos años el inicio de un terrorismo similar al barcelonés, sin llegar al nivel de éste y sin que dispongamos de los estudios ni de la bibliografía académica que ha investigado el caso barcelonés. Durante estos años, el diario ABC, todavía sin edición sevillana, se hizo eco de numerosos incidentes violentos en nuestra región. Recuperamos dos oleadas terroristas acaecidas en Málaga y en Sevilla, con pocos meses de intervalo, tomando como punto de partida diversas fotografías de nuestro archivo.

Bomba en La Unión Mercantil

El 28 de mayo de 1920 trabajadores agrícolas asaltaron el Cortijo Pinazo, propiedad del marqués del Castillo. Dos días antes había estallado una bomba en la Joyería Pavón, cuyos empleados estaban en huelga junto a los trabajadores del gremio de plateros. El día 27 otra bomba, esta vez cargada de metralla, explotó junto a la puerta de los talleres del presidente de este gremio, Francisco Burgos. Esa misma madrugada resultó infructuoso el intento de quemar el Puente de la Aurora, tras ser rociado con petróleo. La tensión en las calles malagueñas era palpable tras esta oleada terrorista, que de momento no había causado víctimas, pero que alcanzaría su punto álgido pocas semanas después.

El suceso de más impacto social se produjo el 21 de junio, cuando una bomba en las instalaciones del periódico malagueño «La Unión Mercantil», en calle Marqués, quiso silenciar el diario, de tendencia conservadora. Las pérdidas materiales no fueron cuantiosas, apenas unas 15.000 pesetas de la época.

Sin embargo, el ataque a un medio de expresión de tal arraigo en la ciudad provocó la condena unánime de la sociedad malagueña, fundamentalmente cuando se conoció que uno de los redactores, trabajando en el momento de la explosión, se había quedado sordo y, sobre todo, tras conocerse que el joven aprendiz del periódico Pedro Santiago, apenas un niño que no tendría más de 10 años, estaba malherido en el Hospital Civil, teniéndosele que practicar diversas operaciones de gravedad, tras ser lanzado por los aires por la onda expansiva de la explosión.

Las condenas de los periódicos regionales fueron numerosas, al igual que las autoridades y los propios malagueños que visitaron la redacción para solidarizarse con el periódico. En su siguiente edición, la Unión Mercantil agradece estas muestras de apoyo y denuncia el acto terrorista «que hizo víctima a un infeliz muchacho, desconocedor por sus años de esta lucha e ideas del comunismo a la moda».

El medio anunciaba las primeras detenciones, «de obreros significados por sus ideas exaltadas», y registros de la policía. Entre los detenidos figuraba el Presidente de la Sociedad de Tipógrafos, el responsable del Sindicato del ramo de Alimentación y varios miembros de «La Comarcal». Más tarde se detuvo a otros seis trabajadores, que fueron defendidos, siendo absueltos posteriormente, por el diputado republicano Francisco Layret, el mismo que moriría unos meses después en Barcelona, asesinado por pistoleros, y que, junto a Lluís Companys y Salvador Seguí, se convertirían en los tres personajes principales de la novela de Antonio Soler con la que comenzamos este artículo.

La banda de los «Charlot»

Durante los posteriores meses se produjeron en Sevilla y sus alrededores diversos atentados y asesinatos, alguno de los cuáles fueron atribuidos por la Guardia Civil a la denominada banda de los «Charlot», como cuenta el ABC de 2 de febrero de 1921.

La banda criminal contaba con unos 15 individuos, cada uno de los cuales recibían 20 pesetas diarias por pertenecer al grupo. Al acordarse la ejecución de algún atentado, se realizaba un sorteo que señalaba qué «charlot» debía realizarlo. Relata ABC cómo uno de ellos se negó a cometer un atentado contra el director de las minas de Riotinto, M. Browning.

El 9 de febrero ABC publicaba la foto de los guardias civiles destinados a luchar contra el terrorismo anarquista en la ciudad de Sevilla, junto a los últimos detenidos, a los cuáles se les acusaba de multitud de crímenes recientes: el asesinato de Barris, el del encargado de los talleres de Oñoro, el del farolero de la calle Gerona y de las bombas en las casas Ibarra, Lissen, Varea, Marie, en la fábrica de tejidos y en la de cañerías.

Historias de una Andalucía negra, de bombas y asesinatos, hambre e injusticia, de hace menos de un siglo, pero que, afortunadamente, quedan tan lejanas que suenan a pura ficción literaria.

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