Política

De la casa «okupa» a la moqueta política

La variopinta amalgama del partido satélite de Podemos en Málaga salta por los aires entre intrigas internas

Rueda de prensa ofrecida este viernes por Juan José Espinosa / EFE
Rueda de prensa ofrecida este viernes por Juan José Espinosa / EFE

La crisis que parece haber dinamitado el partido satélite de Podemos en Ayuntamiento de Málaga, Málaga Ahora, es la consecución de una serie de guerras internas, más o menos públicas, en las que distintos «personajes», como si de capitanes de mando se trataran, van tomando posiciones de cara a la «batalla» final. Un desenlace que supone un revés para estas formaciones de confluencia, que delata una cara oculta de ambiciones e intrigas y que ha quedado patente con la salida del edil Juan José Espinosa.

Como explicaba este viernes el mismo Espinosa, Málaga Ahora es un «conglomerado de movimientos sociales y partidos ». Una formación atomizada donde cada sensibilidad reclama su cuota de protagonismo y donde los egos están a flor de piel.

Dentro del partido existían dos bandos claramente diferenciados, que hasta el momento habían guardado la compostura. De un lado, el liderado por las ediles Ysabel Torralbo –la portavoz y cabeza de lista-, Isabel Jiménez y Rosa Galindo, que entienden la necesidad de mantener la independencia de las siglas; del otro, el liderado por el futuro edil del Grupo de No Adscritos –aún no ha formalizado su pase- y Nicolás Sguiglia, un activista al que contrataron como técnico en la Diputación Provincial con un sueldo superior a 40.000 euros brutos anuales. Ambos emergieron de Podemos y se les acusa de querer controlar Málaga Ahora y sus cuentas, aunque ellos contraatacan asegurando que el partido «está en manos de tres personas, sola y únicamente», a las que reprochan haber limitado la participación de las bases

Sguiglia es un elemento clave a la hora de analizar las distensiones internas de la formación, ya que muchos los sitúan en el epicentro de todas las intrigas. Este dirigente surgió de los movimientos sociales ubicados más allá de la izquierda y «saltó a la fama» por ser uno de loscabecillas de la «ocupación» de un inmueble del Centro Histórico propiedad municipal. Rebautizado como «La casa invisible», el Consistorio se plegó a las exigencias de los «okupas» y finalmente optó por cedérselo.

El antiguo activista, y ahora político, al igual que Espinosa, son el foco de las sospechas de las tres concejalas que continúan en Málaga Ahora, que han denunciado que «se ha retirado, de manera habitual, dinero en efectivo de las cuentas del partido, lo que prohíbe el Tribunal de Cuentas». Algunos de estos extractos  «aún no han sido justificadas convenientemente», agregan

Ante esta polémica, los señalados respondieron que se reservan su derecho de «emprender acciones legales», pero dejaron ciertas dudas por la poca contundencia de su defensa. Ni un dato, ni un documento. Nada que disipase las sombras sobre la gestión económica del partido.

Tampoco entraron en la grave insinuación que realizaron las tres ediles de que se estarían utilizando esos fondos para financiar a Podemos. «La propuesta de financiar con recursos de Málaga Ahora a otra organización (que además no está al tanto de esa propuesta), de manera oculta, roza la ilegalidad, por no hablar de la falta de ética», plasmaron en un informe donde se detalla la ruptura de la formación de confluencias.

A pesar del ruido de las últimas horas, lo cierto es que estas distensiones han sorprendido bien poco, pues la propia formación morada ha sido un polvorín durante años. Sin secretario general desde la marcha de José Antonio Vargas, el candidato no oficialista, que se impuso en las primarias frente al aparato del partido, Juan José Espinosa dejo ayer abierta todas las opciones a encabezar una hipotética candidatura «podemita» para las próximas municipales.

«La dirección toma las decisiones que les da la gana sin contar con las bases», se quejó Vargas en su adiós, cuestionando los resortes democráticos de Podemos y acusando al «delegado» de la Ejecutiva nacional, Alberto Montero, de querer «venderse» al PSOE. Un Montero que después, desde su puesto de profesor de la Universidad de Málaga, se vería en el epicentro de la tormenta por la beca de investigación concedida a Íñigo Errejón.

¿Y cuál es el futuro de las distintas facciones a partir de ahora? Espinosa reiteró que se pasa al Grupo de No Adscritos, mientras todo hace indicar que cada una de las confluencias irá posicionándose en un bando u otro de cara a ir presentando futuras candidatura… por separado.

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