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Lujosos y pesados: Así eran los primeros teléfonos móviles que llegaron a España

Los dispositivos que comenzaron a popularizarse a finales de los noventa tenían muy poco que ver con los actuales «smartphone»

MadridActualizado:

Estar conectado permanentemente se ha convertido en algo completamente cotidiano. Gracias a los «smartphone» ya no existen barreras a la hora de enviar un mensaje, subir una imagen a Instagram, comprar un libro o realizar una videollamada a cualquier rincón del globo. Todo es posible. Solo hace falta contar con un dispositivo inteligente e internet. Algo que no hace mucho resultaba impensable.

Lo cierto es que el móvil llegó algo tarde a la Península. El primer dispositivo de este tipo fue presentado en 1983: el Motorola DynaTAC. El teléfono no tenía nada que ver con los «smartphone» súper ligeros a los que, a día de hoy, estamos acostumbrados. Sus dimensiones eran considerables; lo mismo ocurría con su peso, que rozaba el kilo. Fue desarrollado por el, por entonces, director general de Motorola, Martin Cooper, pasó varios años tratando de crear un portátil que pudiese ser empleado con comodidad por los potenciales usuarios.

Hubo que esperar hasta principios de los noventa para que los teléfonos móviles llegasen a España. En principio estaban ideados para facilitar el contacto entre trabajadores de una misma empresa y representaban una alternativa sumamente interesante a los lejanos «busca», que tan solo permitían enviar mensajes cortos. Se trataba, al mismo tiempo, de un objeto de lujo, como lo demuestra el que en 1995 tan solo un 2% de los españoles contasen con uno. Evidentemente, las compañías de telefonía tampoco los regalaban.

Respecto a las marcas, los primeros teléfonos móviles en llegar a la Península fueron el Motorola Microtac II, el Alcatel Microsun, el Ericsson Hotline H-97, el Mitsubishi MT-7, el Sony CM H-333, el Panasonic Serie I o el Nokia 101, entre otras. Los precios de estos dispositivos se encontraban entre las 80.000 pesetas y las 100.000. A esto había que añadirle la cuota de alta (cuando Moviline nació en 1993 cobraba por dicho servicio 11.500 pesetas) y el pago mensual por la línea.

Entre las características de los dispositivos que llegaron a España a mediados de los noventa, destacaba la posibilidad de configurar la interfaz en distintos idiomas, la identificación de llamada y el envío de mensajes de texto. Algo que, por mucho que a día de hoy pueda parecer básico, supuso toda una revolución en la época.

Gracias al progresivo aumento de las firmas dedicadas a desarrollar este tipo de tecnología, los dispositivos móviles fueron ganando prestaciones a gran velocidad. A finales de la década, los portátiles ya contaban con juegos, como la popular «Serpiente» de Nokia, que a día de hoy los enamorados de los gadgets retro recuerdan con nostalgia. También comenzaron a incorporar vibración, bluetooth y pantallas más grandes. Al poco acabó llegando el color, la cámara fotográfica y la conexión a internet. El desarrollo de una carrera vertiginosa que desemboca a día de hoy y en la actual hiperconectividad. Una época en la que, para bien y para mal, todo es posible con un dispositivo en la mano.