Presencia policial en la céntrica plaza Alexanderplatz de Berlín por la concentración
Presencia policial en la céntrica plaza Alexanderplatz de Berlín por la concentración - AFP

YoutubeDos youtubers llaman a sus seguidores a una batalla campal en Berlín y acaba con más de 50 heridos

Alemania sufre multitudinarias batallas callejeras convocadas en las redes sociales

Corresponsal en BerlínActualizado:

La policía reconoce su impotencia ante las batallas callejeras multitudinarias como las convocadas este fin de semana pasado en varias ciudades alemanas. Una de ellas tuvo lugar en la céntrica plaza Alexanderplatz de Berlín, donde seguidores de dos populares youtubers rivales se dieron cita y protagonizaron tumultos y enfrentamientos masivos entre sí, identificándose como los ejércitos de ambos youtubers. Uno de ellos es ThatsBekir, procedente de Stuttgart, que había instado a sus 260.000 seguidores a unirse a él en el enfrentamiento, cuyo origen tenía lugar en un vídeo en el que las dos estrellas discutían violentamente y que circula todavía en la red. El segundo en discordia, Bahar Al Amood, es un youtuber berlinés, que había amenazado con un castigo si osaba pisar su territorio. Finalmente, unas 400 personas acudieron a Alexanderplatz a la hora convenida, en su mayoría jóvenes adultos y adolescentes, y el encuentro acabó con unas 50 personas heridas y varias detenciones. Los viandantes apenas pudieron reaccionar cuando, sin aviso previo, decenas de personas comenzaron en medio de la plaza a pelearse a golpes y, aunque había parejas de policía patrullando la zona, resultaban insuficientes para semejante tumulto. «Parece que se ha puesto de moda hacer saltar el polvorín para ganar 'followers', fieles a los clics», ha denunciado Norbert Cioma, jefe berlinés del sindicato de policía GdP, que se ha quejado de que los «'influencers' a veces muestran mucha irresponsabilidad y negligencia».

También en la ciudad de Fránkfurt, ha tenido lugar una «flashmob» sin motivo que se volvió muy violenta y que terminó igualmente con decenas de detenciones. Unos 600 jóvenes se reunieron en una céntrica calle comercial de mucha afluencia, en la cual comenzaron a caminar «con comportamiento violento y sin ninguna consideración por los peatones», según el comunicado de la policía, «hasta que en determinado momento, un joven de 17 años le pegó un puñetazo a uno de los agentes que habían acudido ante las primeras llamadas y cuando sus colegas quisieron detenerlo, docenas de jóvenes comenzaron a apedrearlos, causando heridas a tres de ellos». La concentración fue dispersada en cuanto pudo acudir un mayor número de agentes, al cabo de dos horas, y la policía ha abierto una investigación, tanto para conocer el objetivo de la «flashmob» (acto multitudinario no anunciado convocado a través de internet) como la identidad de los organizadores. La Fiscalía de Fránkfurt considera que son responsables y por tanto deberán pagar el coste de la movilización policial, al margen de los cargos que se presenten contra las personas concretas que agredieron a los policías.

El objetivo de estas convocatorias masivas, que inicialmente se producían con el objetivo de celebrar fiestas masivas, ha derivado en concentraciones violentas y cuyo único fin parece ser medir la capacidad de reacción de la policía o demostrar que una fuerza movilizada por las redes sociales no puede ser controlada por las fuerzas de seguridad.

Traducido literalmente del inglés como multitud relámpago, un «flashmob» es una acción organizada en la que un gran grupo de personas se reúne de repente en un lugar público, realiza algo inusual y luego se dispersa rápidamente. Hasta ahora, en la mayor parte de los casos, no tiene ningún fin más que el entretenimiento, pero pueden convocarse también con fines políticos o reivindicativos, además de los puramente violentos del caso de Fránkfurt. Una de sus particularidades es que no requieren contar con el apoyo de los medios de comunicación de masas. De forma experimental, los «flashmob» han sido convocaods como parte de campañas publicitarias de diversos productos, con la participación de bailarines y artistas que simulan un flashmob tradicional pero incluyendo aspectos de la marca que se promueve. Duran apenas unos minutos, los participantes actúan de forma sincronizada y cuando las fuerzas de seguridad son informadas, el flashmob suele ya haber terminado. Su efecto, sin embargo, continúa con la difusión de los vídeos grabados en el evento también a través de las redes sociales. Otra particularidad de este fenómeno es que a los convocados no siempre se les informa sobre el tipo de movilización que se realizará, ya que a menudo se comunica en el mismo lugar de encuentro.

El fenómeno comenzó con la publicación en octubre de 2002 del libro del sociólogo Howard Rheingold, Smart Mobs: The Next Social Revolution. En este libro el autor predecía que la gente usará las nuevas tecnologías de comunicación para la autoorganización. En junio de 2003 Rob Zazueta creó en San Francisco la página web Flocksmart.com, en la que por primera vez los mobbers empezaron a planear sus reuniones. El primer flashmob se organizó en Manhattan el 3 de junio de 2003, convocado por Bill Wasik, editor junior de Harper’s Magazine. «Estamos asistiendo a un nuevo desarrollo de este fenómeno», advierte Cioma, «que adquiere la forma de impredecible ataque a la paz social y que puede derivar en auténticos actos terroristas».