Duda, en brazos de Cleane da Silva, la nuera de Miriam Pereira (a la derecha), que tiene 20 años y ayuda a cuidar al bebé
Duda, en brazos de Cleane da Silva, la nuera de Miriam Pereira (a la derecha), que tiene 20 años y ayuda a cuidar al bebé - ABC

Los hijos del zika

Dos años después, hablan las madres de bebés afectados por el virus, que lamentan la dejación del Gobierno

Sao PauloActualizado:

En diciembre, Miriam Pereira llevó a la pequeña María Eduarda a la sesión de fisioterapia, y volvió a casa, una vez más, con la promesa de que será atendida tal vez en marzo de 2018. Con dos años cumplidos en noviembre, Duda, como la llama la madre, nació con una circunferencia de cráneo de sólo 25 centímetros, y es uno de los casos más graves de microcefalia y de los primeros que fueron descubiertos en Pernambuco, estado del norte de Brasil y uno de los principales focos de epidemia del virus del Zika.

Duda no ve, no escucha, ingiere comida pastosa, no puede beber agua porque la aspira y se ahoga, tiene también hidrocefalia y dificultad para moverse, por lo que las sesiones de fisioterapia son fundamentales para su desarrollo. «El Gobierno nunca hizo nada por nuestros niños y nos abandonó completamente cuando cumplieron un año», reclama Miriam, madre adoptiva de Duda, hija natural de su hermano y su cuñada, que viven en la calle y tienen problemas mentales.

Dos años después de esta epidemia que impactó al mundo, los niños infectados por el virus están creciendo con serios problemas de salud, y sin ningún apoyo del Gobierno, ni de las alcaldías responsables, que se limitan a transferir a las cuentas de las familias un sueldo mínimo, equivalente a 235 euros. Una cantidad que no cubre los gastos de medicamentos, leche y pañales especiales, ni el transporte para los niños, más grandes y pesados.

Dedicadas a los menores

Las madres, que han sido el principal apoyo para estos niños, tienen incluso que dejar de trabajar para poder atenderlos y recibir el apoyo financiero del Gobierno. La administradora Daniele Santos, de 30 años, madre de Juan Pedro, de 2 años, tuvo que abandonar el puesto de recepcionista para cuidar al pequeño, abandonado por el padre, cuando supo de la enfermedad.

«Espero poder volver a trabajar, pero todo depende del desarrollo de Juan», afirma la joven, que descubrió la infección de su bebé cuando estaba embarazada y se emociona con los pequeños pasos que va dando su hijo. Ahora mismo balbucea algunos sonidos. Levanta el cuello durante algunos segundos y sonríe cuando reconoce su voz. El mayor problema de Juan es motriz, y está mejorando la visión, gracias a las investigaciones de médicos y especialistas, que estudian estos casos en este país suramericano.

La alcaldía de Recife, en Pernambuco, no responde a ABC sobre las informaciones de abandono de estos niños, que viven gracias a donaciones y el apoyo de varias ONG. La madre de Juan ha presentado una acción judicial para que el Gobierno la ayude con la leche especial. Una bebida que cuesta mensualmente la mitad de lo que recibe de beneficio, con la condición de no trabajar. «Lamentablemente, como todo en Brasil, la Justicia es muy lenta», comenta.

El Gobierno de Michel Temer y el Ministerio de Sanidad celebraron en su balance de este mismo mes de diciembre la reducción del 92% de casos de zika en 2017 respecto al año anterior. El Ejecutivo ha recortado los recursos para investigaciones, como parte de un plan de austeridad, que tiene que cumplir el objetivo presupuestario.

Entre 2015 y 2017, Brasil registró 14.577 casos y 883 muertes provocadas por la enfermedad. En ese periodo nacieron en el país más de 2.800 niños, con cabezas y cerebros menores que el tamaño normal, y otras deficiencias que pasaron a ser conocidas como síndrome congénito de Zika. La enfermedad provocada por el mosquito Aedes Aegypti afectó los fetos de mujeres embarazadas durante el auge de la epidemia. En otros países se estima que hay unos 3.000 casos todavía sin confirmar.

Con los 235 euros que reciben no pueden pagar los medicamentos, la leche, los pañales y el transporte

Caracterizada por un perímetro cefálico menor que lo normal, que es de 33 centímetros en los recién nacidos, la microcefalia ha afectado, en diferentes intensidades, la capacidad motriz y psicológica. Igualmente, limita la visión y la audición, provoca convulsiones, problemas de aprendizaje e incluso la muerte.

Un informe de la ONG internacional Human Right Watch (HRW), presentado este año, considera el abandono y la falta de avances e inversiones en temas sanitarios, en prevención y en combate a epidemias, un atentado contra los derechos humanos.

Riesgos importantes

«Los brasileños pueden creer que la declaración del Ministerio de Sanidad sobre el fin de la emergencia del virus del Zika es una victoria, pero aún hay riesgos significativos. Además, persisten los problemas subyacentes de derechos expuestos por la epidemia», dice Amanda Klasing, investigadora sénior de la división de Derechos de la Mujer de HRW, que encabezó el estudio. Se entrevistó a 183 personas en Pernambuco y Paraíba, dos de los estados más afectados por el zika y los casos de microcefalia, incluyendo 30 mujeres que tienen niños con microcefalia, además de especialistas y autoridades en la materia.

Además, otro estudio patentado por médicos brasileños, que contó con el apoyo de colegas de Estados Unidos, analizó el comportamiento de los quince niños más afectados en el estado de Paraíba en sus dos primeros años de vida. La primera conclusión que llegaron es que tienen un desarrollo cognitivo y físico de bebés con menos de seis meses de vida, sin poder sentarse, hablar, ni masticar.