Juan Carlos Tena, María José Garrido y Cintia Dormido - ABC/Alberto Flores
TESTIMONIOS DE OBESOS MÓRBIDOS

«Pedía empleo y me me preguntaban cómo podría trabajar con más de 100 kilos de peso»

Problemas de salud, complejos físicos, dificultad para encontrar trabajo, rechazo social... esto son algunos de los problemas a los que se enfrentan las personas con sobrepeso

SevillaActualizado:

El exceso de peso se ha convertido en una epidemia en Andalucía y, lo que es peor, sigue una tendencia alcista. La prevalencia de obesidad entre 1999 y 2016 ha pasado de un 9,8% a un 16,6% en la población adulta mayor de 16 años. Eso explica que la Unidad de Cirugía Digestiva delHospital Virgen del Rocío -referente para toda Andalucía- tenga a casi 400 personas esperando una operación de cirugía bariátrica entre dos y cuatro años. ABC recoge el testimonio de una persona que acaba de entrar en esa lista de espera con 135 kilogramos de peso, así como el de dos mujeres que se han sometido a esa cirugía con notable éxito.

Juan Carlos, 135 kgs, en lista de espera

Juan Carlos Tena tiene 135 kilos y espera operarse desde hace seis meses
Juan Carlos Tena tiene 135 kilos y espera operarse desde hace seis meses - ABC

Juan Carlos Tena es uno de los 400 personas con sobrepeso que espera una operación de cirugía bariátrica en el Hospital Virgen del Rocío. Ahora tiene 135 kilos y 1,78 metros de altura, y un Índice de Masa Corporal de 43. Sin embargo, hace 13 años no era obeso.

«Empecé con problemas de sobrepeso a los 23 años, cuando tenía 70 kilos y jugaba al fútbol. Yo he comido siempre de todo, desde comida normal a comida basura, pescado, verduras.... Sin embargo, los médicos no saben por qué se produjo un drástico cambio en mi metabolismo y pasé de 70 a 96 kilos en cinco meses. Cambié cuatro tallas en ese tiempo comiendo lo mismo que antes. Encontrar ropa en centros comerciales para mi talla es un problema», asegura.

Tiene dos hijos, de 4 y 1,5 años. Para él, jugar con ellos es un suplicio físico. «No puedo cogerlos ni correr con ellos porque me asfixio. En la playa no puedo sentarme en la arena porque me siento incómodo con la barriga y y tengo que ponerme de rodillas porque no hay sillas de playa que puedan soportar mi peso», confiesa este comercial de puericultura, que constantemente está viajando.

«Soy comercial y en esta profesión llevas una vida muy sedentaria porque pasas mucho tiempo en el coche visitando a clientes. Estoy viajando siempre por toda Andalucía. Los comerciales siempre hemos tenido una mala alimentación porque o te llevas el canasto o terminas comiendo en los bares. Y -añade- si vas a dormir fuera no te vas a llevar el canasto para la cena. Todo es complicado si quieres llevar una dieta normal».

Cuando comenzaron sus problemas de sobrepeso fue al médico. «Me dijo que engordaba por ansiedad. Empecé a tener entonces problemas de tensión alta a los 27 años, cuando ya pesaba 108 kilos. Desde hace diez años no logro bajo de los 100 kilos de peso. Los endocrinos no dan con la tecla de mi problema porque a veces engordo cuando estoy haciendo régimen y otras veces adelgazo cuando más como. Yo creo que bajarían un 25% las listas de espera para operarse si se hicieran más análisis de intolerancias alimentarias, por ejemplo».

El siguiente problema de salud que le sobrevino fue la apnea del sueño severa, lo que le obligó a tener hace siete años un aparato para dormir. «El problema es que yo no puedo dormir con mascarilla porque me asfixio. Por esa razón, me retiraron la máquina y me dijeron que fuera a un maxilofacial para que me hicieran un mordedor especial a medida, que cuesta casi 300 euros. Con apnea del sueño supuestamente no puedo conducir. Por esa razón, volví a pedir otra máscara, que me pongo cuando duermo o descanso un rato de conducir», cuenta Juan Carlos, al que los últimos análisis ya le están dando principio de diabetes.

Está en lista de espera para operarse desde hace seis meses «porque -dice- no tengo 12.000 euros para pagarme una operación en la sanidad privada. Mi madre, mi padre y mis hermanos tienen también sobrepeso pero mi peso se ha ido sólo al estómago y mi cabeza. De hecho, tengo un perímetro de 1,40 metros. Mis brazos y mis piernas están delgados»

¿Le crea problemas en su trabajo el sobrepeso? Juan Carlos admite que sí. «Algunas veces me han puesto problemas en el trabajo por mi aspecto físico. La verdad es que cuando me pongo de chaqueta parece que llevo puesta una bolsa con un cinturón. Para mí, lo más cómodo es ir con vaqueros y blusas anchas, algo que no está bien visto cuando eres comercial. Algunos compañeros se han metido con mi aspecto pero mis clientes nunca me han puesto pegas. Como comercial cumplo objetivos pero también es verdad que la presencia es importante para captar clientes».

«Para mí, la operación es una solución a mis problemas de salud más que una operación estética. Ahora tengo apnea del sueño, hipertensión, principio de diabetes y artrosis en rodilla por sobrepeso. Prefiero operarme antes que terminar quedándome dormido al volante. Con este peso ahora no puedo hacer deporte. Ya me rompí el menisco haciendo ejercicio y me asfixio cuando ando más de treinta minutos, sin contar el roce que sufre en los muslos», dice Juan Carlos, que está acudiendo a terapia de grupo a terapia de grupo a Salud Mental para mentalizarse y saber que tiene que cuidarme después de la operación.

Cintia, 115 kgs, operada hace tres meses

Cintia Dormido pesaba 167 kilos y se operó hace tres meses
Cintia Dormido pesaba 167 kilos y se operó hace tres meses - Alberto Flores

Cintia Dormido tiene 31 años y 1,61 metros de altura. Cuando decidió operarse tenía 167 kilos. Se sometió a un bypass gástrico el 11 de julio de 2018. «En realidad -admite- llegué a pesar más pero mi báscula llegaba hasta los 167 kilos. Desde que tengo uso de razón he sido gordita. Había problemas a mi alrededor y gestionaba la ansiedad comiendo. Sufrí acoso escolar. En el colegio era "la gordita de la clase" y en el instituto ya me llamaban directamente "la gorda" y me acusaban de cualquier silla que se rompiera, los niños hacían bromas crueles conmigo». Además, en su casa hay antecedentes de obesidad, ya que su abuela materna, su padre y una tía materna tienen sobrepeso, aunque no tan extremo.

Como tenía tanto sobrepeso, Cintia no encontraba ropa adecuada a su edad y de su gusto. «Siempre iba en chándal negro o azul. En realidad eran de mi padre. No me sentía muy femenina. De hecho, creo que el último vestido que me puse fue en mi primera comunión», indica esta sevillana que ahora vive en Utrera y que admite que hasta que se operó «comía mucho y mal. Me alimentaba de comida rápida, pizzas, patatas fritas, bocadillos. Nunca me comía las legumbres ni las verduras que me ponía mi abuela, con la que vivía».

Cintia siempre estaba haciendo dietas y yendo a endocrinos. Incluso estuvo ingresada quince días en el Hospital de Valme para hacer una dieta a base de un batido diario. «Perdí un kilo», asegura. Con 19 años llega a Utrera, no acabó el Bachillerato porque tenía que hacerse cargo de un hermano pequeño. «Empecé a buscar trabajo porque quería ser independiente pero con 130 kilos era difícil encontrarlo porque la triste realidad es que hay mucho rechazo social hacia la obesidad mórbida. Hubo un momento en que ya no quería salir a la calle porque la gente me miraba mucho y me sentía mal. Todo eso me daba ansiedad y me hacía comer más. En casa el único placer que encontraba era la comida».

A los 18 años su endocrina le comentó que con su peso podía operarse por laparoscopia. «Me daba mucho miedo meterme en esa operación porque declara- al principio salían muchas noticias de personas que morían en la intervención. Dije que no entonces pero con 22 años, hace nueve años, decidí operarme y he estado cuatro años en lista de espera hasta que me intervinieron».

«Me operé por razones físicas y psicológicas. Quería mejorar mi estado de ánimo, la obesidad me había provocado la pérdida de la regla, tenía apnea del sueño y no podía dormir sin una máquina y, encima, tengo ovarios poliquísticos, pero no pueden operarme por sobrepeso. Además, quería integrarme socialmente porque necesito trabajar. De hecho, ahora tengo una incapacidad laboral temporal por la obesidad, aunque no recibo dinero por esa incapacidad», relata Cintia, quien viendo que no lograba trabajo por la obesidad, volvió a estudiar, acabó el Bachillerato nocturno, hizo la Selectividad y estudió el grado de Criminología. Ahora prepara oposiciones de auxilio judicial.

«Cuando decidí operarme el médico de familia me envió al endocrino para descartar problemas de tiroides. De ahí fui al Virgen del Rocío y a Saludad Mental, ya que fui a terapia de grupo, donde te conciencian de que esta operación no es de cirugía estética, sino que hay que trabajar para perder el peso. Para operarme me puse a dieta con batidos seis meses antes y perdí 50 kilos, pasando de 170 a 131 kilogramos. Desde la operación en julio pasado he perdido 16 kilos y ya estoy en 115. Mi intención es quedarme en 81 kilos».

El posoperatorio fue bueno para Cintia y ahora ya puede tomar alimentos sólidos pero vomita bastante porque le han dejado el estómago seis veces más pequeño y tiene que tomar cantidades concretas y masticar mucho. «No puedo beberme ni medio vaso seguido. Tengo que beber a sorbitos. Tampoco puedo comer y beber al mismo tiempo. Al principio es duro pero hay que poner en la balanza las cosas buenas. Merece la pena la operación por salud, ya que ahora me canso menos, estoy más tiempo de pie y me ha venido la regla, lo cual es para mí muy importante porque me gustaría ser madre».

«Hay que tener claro que la operación no es algo mágico, hay que esforzarse. Yo hago algo de ejercicio andando, salto a la comba, uso bandas elásticas para evitar los colgajos de piel, aunque sé que al final tendrá que operarme para quitarme la piel sobrante porque quiero perder otros 40 kilos, pero ya con tranquilidad. Será entonces cuando me quite los colgajos de piel porque no hay manera de esconderlos en piernas y brazos cuando estás en la playa».

¿Experimentan cambios psicológicos los obesos que se someten a cirugía bariátrica? Cintia cree firmemente que sí. «Cuando te operas experimentas muchos cambios físicos y psicológicos. Ahora no me apetece comer nada, ni pizzas. He perdido uno de los placeres de la vida y en eso ayudaría que el SAS contemplara la terapia psicológica después de la operación».

María José, 87,5 kilos, operada en 2017

Cambio experimentado por María José Garrido, que pesaba 165 kilos antes de la operación
Cambio experimentado por María José Garrido, que pesaba 165 kilos antes de la operación - ABC

María José Garrido, residente en Gerena (Sevilla), tiene 39 años y 1,71 metros de altura. Antes de la operación en marzo de 2017 hizo dieta durante siete meses y pasó de 165 a 158 kilos, perdiendo siete kilos. Un año y medio después, María José pesa 87 ,5 kilos y asegura que su vida ha cambiado drásticamente tras la operación de cirugía bariátrica.

«Con 13 años ya era gordita y me marginaban en el colegio. Me llamaban "gorda", me daban de lado, nadie quería jugar conmigo y tenía que irme con niños más chicos que yo», se lamenta María José, quien ha hecho constantemente dietas con un efecto yo-yo. «Hice una dieta con batidos y en un mes perdí 10 kilos pero recuperé 20 kilos tres meses después. Fui a una nutricionista y perdí 20 kilos, pero a los dos años había recuperado 40 kilos. La médica de cabecera me decía que comiera todo a la plancha y lechuga, pero no surtía efecto. Era desesperante».

¿Era adicta a la comida basura? «Noooo, yo no he comida "fast food" porque he vivido en el campo hasta los 18 años y no tenía acceso fácil a las pizzas o las chuches. Yo comía muy normal. No siento que comiera tanto para lo que engordaba. Mi médica me decía que era genético, ya que por parte de mis padres también hay obesos. Yo no quería estar gorda y, sin embargo, escuchaba a gente que me decían que estaba gorda por comer mucho».

«Me sentía muy querida por mi familia -cuenta- pero rechazada socialmente. Eso me llevaba a encerrarme, me hartaba de llorar, no quería tener relaciones con mi marido, no quería salir a la calle porque me miraban... No sabía qué ponerme para salir a la calle. Al final te vistes de una manera que no te gusta», se sincera María José, que a los 28 años tuvo a su hijo, que hoy tiene 10 años, y con 35 años tuvo a una niña, que hoy tiene 4 años.

«Llevo desempleada desde 2011. Yo creo que la obesidad es una de las causas de que esté en el paro. Mucha gente se pregunta: ¿cómo va a poder trabajar de limpiadora con más de 100 kilos? Pero yo en mi casa limpiaba con ese peso y me subía a escalera y sillas para quitar el polvo».

Hace cinco años María José se plantó en la consulta de su médico de cabecera y le dijo que no podía estar haciendo dieta toda la vida. «Veía que las dietas no me hacían perder peso y que a ese paso no iba a poder moverme. Antes de operarme fui tres meses a terapia de grupo en Salud Mental. Cuatro días después de la operación por laparoscopia ya estaba en casa y un mes después hacía vida normal, aunque los puntos estaban sin cerrar»

Desde la operación, María José ha perdido 71 kilos. El primer mes estuvo tomando sólo líquidos, como batidos y caldos. El segundo meses estuvo con dieta blanda y el tercer mes introdujo los alimentos sólidos, sin que haya tenido vómitos. «Eso sí, como mucho menos. Lo máximo me que cabe es un cuenco de comida en el almuerzo. Como de todo pero poco. El gimnasio lo he dejado por problemas con una cadera. Básicamente ando una hora y media diaria».

«Ahora -dice contenta- me siento mejor, me ha compensado aunque ahora pueda comer menos, pero me siento bien conmigo misma, me visto de otra manera. Ahora estoy en 87,5 kilos y el cirujano me ha recomendado que esté entre 80 y 90 kilos. Me han quedado colgajos de piel que no puedo disimular con la ropa y que tendría que quitarme el cirujano plástico, para lo cual tengo cita en 2019. Mi hija juega con esos colgajos y dice que es blandiblu».

María anima a quien tenga obesidad mórbida a operarse. «Yo no puedo estar más contenta. Ahora tengo más posibilidades de encontrar trabajo, no sólo porque esté más delgada y ágil, sino porque estoy más animada y puedo dar más de mí», señala esta sevillana que hizo terapia psicológica antes de operarse. «A mí me vino bien porque ves que esto le pasa a otras personas. Echo de menos el seguimiento psicológico del paciente una vez operado porque, por ejemplo, yo tengo muchas preguntas qué hacer: puedo seguir perdiendo peso, te cambia psicológicamente la operación...»