La foto de Laurent de 1879 donde aún se apreciaban las pinturas murales
La foto de Laurent de 1879 donde aún se apreciaban las pinturas murales - LAURENT

PATRIMONIO DE SEVILLALas pinturas murales que tuvo la Giralda de Sevilla hasta el XIX

En 2018 se cumplen 450 años de la subida del Giraldillo para culminar el programa iconográfico de la torre

SEVILLAActualizado:

La reciente restauración en la cara oeste de la Giralda certificó algo que se sabía por grabados y cuadros: que tenía un color almagre en toda la fachada. Los arqueólogos que han trabajado sobre la fachada de la torre alminar de Sevilla en estos meses han descubierto restos de esa pintura original que tenía tanto en su época almohade como en la renacentista. Sin embargo, la Giralda no sólo tenía esa variedad cromática rojiza, sino que estaba repleta de pinturas murales y policromías que ya han desaparecido por completo, pero que formaban parte de un programa iconográfico ideado por el canónigo Francisco Pacheco para la reforma de Hernán Ruiz: el triunfo de la Iglesia de Roma sobre el Islam, pero también sobre el Protestantismo. Así se explica en una placa que hay bajo el primer balcón de la cara norte, que hoy es casi ininteligible.

Aunque Alfonso X exigió respetar la torre almohade bajo pena de muerte, el terremoto de 1356 ocasionó la caída de las bolas de bronce que coronaban el alminar. Hubo que sustituirlas por una espadaña con una campana. Así, hasta que en el siglo XVI se decidió acometer una reforma para añadirle el campanario. Esta reforma renacentista incluía un programa iconográfico que respetaba el color almagre que tenía la torre almohade y se aprovechó el momento para «cristianizar» la torre. Los trabajos arquitectónicos se le encargan a Hernán Ruiz, mientras que para los frescos se contrata a Luis de Vargas, que las hace entre 1553 y 1558. Estos murales, de gran variedad de colores, se fueron perdiendo con el paso del tiempo hasta que, en 1884, Fernández Casanova decide eliminarlas del todo por su deterioro, junto con el color rojizo que tenía la Giralda.

Recreación de la Giralda «roja»
Recreación de la Giralda «roja»- Edartec Consultores S.L.

Cuenta el historiador Manuel Jesús Roldán que en el cuadro de las Santas Justa y Rufina de Miguel de Esquivel (1621) se aprecian los murales que había en la cara norte de la Giralda: «En un tondo debajo del primer balcón está la Anunciación. A izquierda y derecha, dos machones que todavía se notan donde estaban San Isidoro y San Leandro -a un lado- y Santas Justa y Rufina al otro. Encima de ese balcón, en un arco polilobulado con decoración musulmana, un Calvario completo (Cristo, la Virgen y San Juan). En esa misma fachada, no está identificado pero había pinturas en los balcones que eran los Evangelistas. En el resto de las caras lo que se sabe es que representaban a los Doctores de la Iglesia, los apóstoles y a santos sevillanos».

Todo este programa iconográfico se completaba con el cuerpo de campanas de Hernán Ruiz, donde se conservan una serie de esculturas: los profetas, cabezas de león y unas máscaras sobre las que hay varias interpretaciones, que bien podrían ser los vientos o los vicios, algo que no está claro.

Giraldillo coloreado

El delegado de Patrimonio de la Archidiócesis, Antonio Rodríguez Babío, que hizo su tesis de licenciatura en Roma precisamente sobre la decoración de la Giralda, explica a ABC que para rematar la nueva iconografía de la torre de la Catedral, se subió en 1568 el coloso en bronce policromado que representaba la virtud de la fe victoriosa (aunque estudios más recientes apuntan a que simboliza la virtud de la fortaleza): el Giraldillo. Aquello ocurrió el 13 de agosto de 1568, hace ahora 450 años.

Entonces, explica Rodríguez Babío, «estaba policromado de la siguiente manera: en color carne las partes de la piel; la túnica de color azul y partes rojas; el casco, la coraza, el lábaro y la palma de oro, en color dorado».

El terremoto de Lisboa de 1755 dejó muy dañada la Giralda, lo que obligó a una reparación importante en 1770. Entonces, se aprovechó para dorar el Giraldillo al completo. Curiosamente, la torre alminar perdió sus bolas doradas en un terremoto y otro seísmo, cuatrocientos años después, le devolvió el remate dorado a la Giralda.

Deterioro del programa

El paso del tiempo, al estar a la interperie, hizo que se fueran perdiendo las pinturas murales de Luis de Vargas. Recuerda Manuel Jesús Roldán que, antes del terremoto de Lisboa, existe un acta del 2 de septiembre de 1748 en la que se encarga a Domingo Martínez -el pintor del momento (San Luis de los Franceses, San Telmo...)- la restauración de los frescos. Tras la intervención, se mantuvieron en la fachada de la Giralda durante más de un siglo, degradándose durante todo el siglo XIX. Incluso, Ceán Bermúdez hablaba en la década de 1840 de estas pinturas murales, atestiguando su existencia entonces.

Detalle del cuadro de Miguel de Esquivel donde se aprecian los frescos
Detalle del cuadro de Miguel de Esquivel donde se aprecian los frescos - ABC

La Giralda presentaba una degradación tanto de su color almagre como de la decoración de estos murales, que causaba desagrado en la ciudad. Por ello, se encargó a Fernández Casanova que limpiara la torre alminar. Estos trabajos los realizó en 1884. A partir de entonces se perdió casi todo el programa iconográfico de Francisco Pacheco y Sevilla comenzó a ver la Giralda tal y como la conocemos hoy en día, sin más color que el de la propia piedra.

Ahora, 135 años después, la torre alminar de Sevilla vuelve a ser objeto de mejoras. Las nuevas técnicas arqueológicas revelan nuevos descubrimientos, pero los criterios de restauración desaconsejan recuperar el original. En su lugar, cuando concluyan todos los trabajos, quedará una Giralda blanca.