La edición genética con la técnica CRISPR/Cas9 no está exenta de efectos secundarios
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CÁNCER

Cuidado: el ‘corta-pega’ genético podría provocar cáncer

El trasplante de células sin una proteína p53 funcional, en las que la técnica de edición genética CRISPR/Cas9 es mucho más eficiente, aumenta el riesgo de cáncer

MADRIDActualizado:

La técnica de edición genética CRISPR/Cas9, popularmente conocida como ‘corta-pega’ genético, constituye una de las herramientas terapéuticas más prometedoras para la curación de múltiples enfermedades. No en vano, y cuando menos en teoría, posibilita la eliminación de cualquier gen presente en el ADN celular y, por tanto, de las mutaciones –o genes mutados– responsables del desarrollo de múltiples patologías. Pero esta terapia genética, tal y como sucede con el resto de los tratamientos, ¿no provoca efectos adversos? Pues parece que sí. Y puede que muy graves. De hecho, un estudio llevado a cabo por investigadores del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia) alerta que este ‘corta-pega’ genético podría aumentar el riesgo de cáncer.

Como explica Bernhard Schmierer, co-autor de esta investigación publicada en la revista «Nature Medicine», «la técnica CRISPR/Cas9 es una poderosa herramienta con un potencial terapéutico ciertamente asombroso. Sin embargo, y como ocurre con todos los tratamientos médicos, las terapias basadas en esta técnica pueden tener efectos secundarios. Y tanto los pacientes como los médicos deben ser conscientes de ello».

Herramienta ‘poderosa’

Básicamente, la técnica CRISPR/Cas9 consiste en la combinación de una secuencia repetida de bases denominada ‘repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas’ (CRISPR) y de una enzima con actividad nucleasa, es decir, capaz de trocear el ADN –Cas, en este caso la enzima Cas9–. Así, de lo que se trata es de introducir en la secuencia CRISPR/Cas9 un ‘ARN guía’ complementario al gen que se quiere eliminar –por lo general, una mutación–, lo que dará lugar a que este ‘ARN guía’ se una al gen diana y Cas9 haga el resto –lo destruya, ya sea de formar total o parcial–. En consecuencia, y a diferencia de los tratamientos farmacológicos, que solo procuran una solución ‘temporal’, la técnica CRISPR/Cas puede ofrecer una cura definitiva.

Pero, ¿cómo se logra que esta CRISPR/Cas lleve a cabo su ‘labor’ en la células? Pues lo que hay que hacer es introducir todos los componentes –CRISPR, Cas9 y ARN guía para el gen mutado– en un virus inocuo, por lo general un virus adeno-asociado –un tipo de virus muy similar al de los resfriados y totalmente seguro en humanos–, que será inoculado en el paciente. Y una vez este virus entre en las células –o lo que es lo mismo, infecte las células del paciente– y se introduzca en el ADN celular, se pondrá en marcha la maquinaria que dará lugar a la eliminación del gen ‘seleccionado’.

Como ocurre con todos los tratamientos médicos, las terapias basadas en la técnica CRISPR/Cas9 pueden tener efectos secundarios

En el nuevo estudio, los autores observaron que el empleo de la técnica CRISPR/Cas9 en células humanas puede activar la expresión del gen ‘p53’. O lo que es lo mismo, inducir la producción de proteína p53, que es empleada por la célula como un kit de primeros auxilios para reparar las roturas en el ADN. El resultado es que una vez se activa p53, la eficacia del ‘corta-pega’ genético se ve reducida. Entonces, ¿qué se puede hacer? Pues centrarse en las células que carezcan del gen ‘p53’ o que porten una copia que sea disfuncional. No en vano, son incapaces de producir una proteína p53 funcional, por lo que la edición genética no se verá ‘reparada’ y será mucho más eficiente. Pero hay un problema: la misión de p53 es detener el ciclo celular cuando detecta un daño en el ADN, evitando así que la célula pueda reproducirse de forma incontrolada en presencia de una mutación. O dicho de otra manera, p53 juga un papel crucial a la hora de prevenir que una célula se vuelva cancerígena.

Como indica Emma Haapaniemi, directora de la investigación, «al seleccionar las células que han reparado con éxito el gen dañado que intentamos reparar, es posible que inadvertidamente también elijamos células sin una proteína p53 funcional. Y de trasplantarlas a los pacientes, como ocurriría en una terapia génica para una enfermedad hereditaria, estas células podrían dar lugar a un cáncer, lo que aumenta la preocupación por la seguridad de las terapias de edición genética basadas en CRISPR/Cas9».

¿Peor el remedio que la enfermedad?

A día de hoy hay en marcha infinidad de estudios, en su inmensa mayoría con modelos animales, para evaluar el posible uso de terapias basadas en el ‘corta-pega’ genético para la curación de un sinfín de enfermedades. Es el caso, entre otras, de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), la enfermedad de Huntington, la diabetes, la retinosis pigmentaria, la malaria y la anemia falciforme. Y asimismo, del cáncer –a través de la potenciación de la inmunoterapia–. Pero de poco sirve que el paciente sea curado de su enfermedad si tiene que pagar como peaje el desarrollo de un tumor. Por tanto, hay que seguir investigando para ‘afinar’ aún más esta ‘tijera molecular’ y erradicar todo riesgo de cáncer.

Como concluye Bernhard Schmierer, «nuestro trabajo sugiere que las futuras investigaciones sobre los mecanismos que activan p53 en respuesta a CRISPR/Cas9 tendrán una importancia crítica a la hora de mejorar la seguridad de las terapias basadas en esta técnica de edición genética».