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El día que Hollywood le declaró la guerra a los nazis

Se cumplen 37 años de la muerte del director William Wyler que, junto a John Ford, John Huston o Frank Capra, se puso el uniforme y se apuntó a la propaganda de la contienda

William Wyler
William Wyler
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El 7 de diciembre de 1941 fue una fecha decisiva en la historia de Estados Unidos. El ataque de las tropas japonesas a la base de Pearl Harbour motivó la entrada de Washington en la Segunda Guerra Mundial, pero también concienció a algunos directores de cine, que se fueron al frente para grabar el conflicto. Fueron John Ford, John Huston, Frank Capra o William Wyler, de cuya muerte se cumplen hoy 37 años.

«Hollywood se dio cuenta muy pronto de que tenía una increíble herramienta para generar un cambio a través del cine», cuenta Francis Ford Coppola en el documental «La guerra en Hollywood». «El cine en su estado más puro podía estar al servicio de la propaganda. Hitler y su ministro de propaganda Joseph Goebbels entendieron el poder que tenía el cine para que las grandes masas pensaran como ellos». Y también Leni Riefenstahl, directora al servicio del régimen nazi, que con «El triunfo de la voluntad» demostró el poder de las imágenes.

«John Ford es quien inicia una sección en el ejército para rodar documentales, porque cuando ve el ataque de Pearl Harbor considera como un deber patriótico ir a contar lo que está pasando. Ford y John Wayne son muy amigos, y tendrán unos años de distanciamiento, porque los que se han quedado en Hollywood piensan que los que se han ido... se están haciendo los héroes», le dijo José Cabanach, director del documental «Directores en guerra», a David Martos en una entrevista para ABC.

Con estos grandes directores alistados, la gente empezó a creer en la necesidad de que EE.UU. entrase en el conflicto. verlos de uniforme enardeció la moral del país, que convencido de la contienda, creyó a pies juntillas lo que Ford rodó en la serie «Por qué luchamos». Pero también la película «Mrs. Miniver», de William Wyler, cuyo monólogo final es una proclama que justifica la presencia del nuevo continente en la Segunda Guerra Mundial cuando el párroco dice:

Porque esta no es solo una guerra de soldados en uniforme, es una guerra del pueblo, ¡de todo el pueblo! Y debe ser peleada no solo en el campo de batalla, sino en las ciudades y los pueblos; en las fábricas y las granjas; en la casa y el corazón, de cada hombre, mujer y niño que ama la libertad. Hacia adelante, soldados cristianos, marchando hacia la guerra.

«El general Marshall, cuando llamó a Capra, sabía perfectamente lo que hacía. A todos les hizo oficiales del ejército para que no tuvieran problemas dentro de las filas, y además con rangos elevados, para que el ejército les respetara. Sin ellos habríamos visto otra guerra, mucho más informativa, más neutra», continúa el reportaje de Martos.