CÁDIZ

El eslabón de los Bustelo se rompe

La tienda de cerámica y el obrador de la calle Compañía cierran sus puertas tras convertirse en referente de la ciudad por su siglo de historia

TEXTO: TRINIDAD CABALLERO / FOTO: GONZALO HÖHR / CÁDIZ
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Sacrificio, amor y esfuerzo han sido los ingredientes que la familia Bustelo han aportado a todos los gaditanos durante algo más de un siglo detrás de los mostradores de su horno de la calle Compañía. Una entrega que sólo la falta de seguimiento generacional y los problemas de salud de sus copropietarios han sido capaces de frenar. Aunque, eso sí, después de recibir a lo largo de su trayectoria empresarial numerosas distinciones, entre las que se encuentra la medalla del Trimilenario de la ciudad.

El olor de sus empanadas o el del pan recién hecho no volverán a atraer a quienes pasen camino de la plaza de las Flores o la Catedral, así como tampoco servirá de reclamo el colorido y vistoso escaparate del obrador o la entrada de la tienda contigua a éste de cerámica para quienes visitan la ciudad. Lo que sí que permanecerá imborrable y perdurará en el tiempo será el recuerdo del excelente trato con los clientes, así como la posibilidad de disfrutar de productos artesanales de primera calidad.

De padres a hijos

El fundador de esta empresa familiar fue Ramón Bustelo, quien se instaló en la ciudad llegado desde una aldea de Galicia en 1904.

Posteriormente, el hijo de este empresario continuó con la panadería que, hace algo más de tres décadas, fue ampliada con la pastelería. Hasta el pasado cinco de enero, y desde hace 20 años, la tercera generación de la familia Bustelo ha estado además de al frente del horno, en la tienda de cerámica y souvenirs de la calle Compañía.

«Mi padre fue muy prolífico porque tuvo siete hijos, sin embargo mis hermanos y yo hemos tenido una generación muy corta de nueve hijos en total», explica uno de los socios, Francisco Bustelo. Este hecho, unido al rechazo de los descendientes a continuar con el oficio es uno de los principales factores que ha provocado el cierre del local, cuyo destino estará en el aire hasta que algún empresario se interese por él.

Entre los recuerdos que se lleva este empresario está la unión y la «buena armonía que existe entre los hermanos porque permanecer 30 años juntos es difícil y quema físicamente», detalla. En este sentido, destaca el haber tenido que trabajar de noche y de día, así como desde las dos de la madrugada hasta las tres de la tarde.

En cuanto a la decisión de clausurar a la vez ambos negocios, el de cerámica y el obrador, Francisco señala que ha habido consenso entre los hermanos porque «lo mejor es tomar una decisión con todas las consecuencias», a la vez que confía en disfrutar de esta nueva vida una vez que ha terminado esta etapa.

Amenazas del sector

Aunque el trabajo de la familia Bustelo haya sido productivo hasta el último día de su negocio, es cierto que cada vez son más las personas que prefieren consumir alimentos precocinados y congelados.

La comida rápida se está imponiendo con tanta premura que los lugares en los que es posible adquirir pan, más que recién hecho, «recién calentado», van en aumento. Así, diversos ultramarinos de la ciudad ofrecen pan congelado, tratado en el horno, a su clientela. Una tendencia que acabará, de seguir en alza, con el trabajo y la dedicación de muchos obradores de la capital.