El suceso

No hay nada en las vidas anónimas que nos interese salvo el hecho de haber corrido en su auxilio

Javier Rubio
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La vida es una sucesión de imprevistos, de accidentes sobrevenidos que cambian el guión que habíamos escrito con anterioridad sin posibilidad alguna de rehacerlo. La vida es un suceso constante en el que las circunstancias van cambiando. Un mal paso, un batacazo, una caída tonta te lleva al hospital por unas horas: suturas, radiografías, esperas, paciencia... Atrapado en una sala de espera donde otros aguardan su turno: gente que cayó del caballo, se lesionó haciendo deporte, se dobló la mano o le retorcieron aviesamente el brazo. Historias anónimas de personas con las que se comparte apenas un rato, mientras los médicos van llamando uno a uno para llevar a cabo el diagnóstico y proponer una terapia. La vida, de improviso, está atrapada entre esas cuatro paredes sin escapatoria posible. Encerrados en un suceso, a cada uno el suyo, que los condujo en una sucesión de fatales casualidades hasta el mismo sitio a la misma hora. Mejor no haber estado, mejor no haber pisado, mejor...

De repente, alguien vocea pidiendo un médico y todas esas vidas que resignadamente esperan su vez en la sala de exploración se agitan y convulsionan casi a la par que una mujer joven, alta y de pelo negro, sufre un ataque de epilepsia. La curiosidad empuja a asomarse por los ojos de buey de la puerta giratoria para ver qué está sucediendo dentro. Batas verdes corren de un lado para otro: alguien maneja un inyectable, otros traen una camilla, más allá dan aviso... Y luego, todo vuelve a su aburrida normalidad en la sala de espera. Desaparece de la escena la paciente. Nadie sabe su nombre, ni sus circunstancias, ni qué le había llevado hasta allí ni por qué estaba sola. No hay nada en la vida de esa mujer que nos interese salvo el hecho innegable de que ha sufrido una crisis y todas las manos han corrido a socorrerla en su auxilio.

Seguro que esconde una historia digna de ser contada. Todos la llevamos porque nuestras vidas, querámoslo o no, están llenas de sucesos. Pero sería injusto que esa mujer fuera conocida exclusivamente por un ataque de epilepsia a deshoras en un hospital perdido sin mayor trascendencia para la vida ordinaria de los demás que la de satisfacer la curiosidad que nos da mirar por el ojo de buey de la puerta de Urgencias. Así que nunca sabremos nada más. Y así era cuando nos conformábamos con vivir nuestra vida sin estar pendientes de la de los demás, por muy llamativos que fueran los gritos pidiendo un médico.

Todos estamos expuestos a cualquier imprevisto, a cualquier tropezón en nuestras vidas azarosas y frágiles. Pero cuando eso sucede, lo único que merece la pena es tener al lado manos que socorran, auxilien y salven el suceso de la mejor manera posible. Todo lo demás es curiosear para matar el aburrimiento.

Javier RubioJavier RubioRedactor jefeJavier Rubio