EL RECUADRO

La España «fake»

Nunca he visto una sucesión de noticias verdaderas con apariencia de falsas, por increíbles, como las de España

Antonio Burgos
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Llaman «fake news», noticias falsas, lo que antes eran embustes, trolas, bulos, mentiras, cuando ahora divulgarlos suelen desde las redes sociales y otros instrumentos de manipulación de la opinión pública, en los que al final siempre descubre alguien que están los rusos. ¡Qué antigüedad este «Rusia es culpable» que, a lo Serrano Suñer, te sacan cada dos por tres, ora en las elecciones americanas, ora en catalanas cuestiones!

Nunca he visto una sucesión de noticias verdaderas con apariencia de falsas, por increíbles, como las que venimos viendo, viviendo y padeciendo en España en las últimas semanas. Sin el anglicanismo (que diría Carmen Calvo) de las «fake news», que tales semejan las verdaderas que oímos y leemos, yo diría castizamente que parece que a España la ha mirado un tuerto. ¡Cuántos entuertos increíbles en todos los órdenes de la vida, de la política al fútbol! Empecemos por el fútbol. Al seleccionador nacional Vicente del Bosque, el Rey lo hizo marqués. Bueno, pues ahora, al seleccionado nacional, a Lopetegui, Florentino Pérez lo ha hecho mucho más que marqués: entrenador del Real Madrid. Y no de cualquier manera, en el libre mercado, sino birlándoselo en pluriempleo a la selección nacional de España apenas 48 horas antes de su debú con picadores en el Mundial de Fútbol, que resultó una corrida a la portuguesa. Yo no entiendo de fútbol, sólo sé del Betis (que no tiene que ver con el Deporte, sino con la Filosofía), pero me parece que España no jugó contra Portugal, sino contra un portugués en concreto, llamado Cristiano Ronaldo. Y en la sucesión de hechos increíbles, en el partido inaugural del Mundial, La Roja no era la nuestra, sino Portugal; y La Roja era la blanca de Hierro. Un lío. En el que yo creo que los tres goles no nos los marcó Ronaldo, sino Florentino a la Federación Española, como venganza contra Rubiales por haber destituido fulminantemente a Lopetegui, cual Sánchez mandó a su casa al ministro de Cultura más breve de la historia de la democracia, a Màxim Huerta. No entro en la defraudación fiscal; lo que digo es que no se puede ser ministro de Cultura con nombre de restaurante histórico de París.

Huerta quiso ir de Zidane, que se fue a su casa tras haber hecho campeón de Europa al Real Madrid por décimo tercera vez. Pero Huerta tenía solamente el 13 de la mala suerte: lo pillaron «con el carrito del helado», como se dice en tertulianés. Y todo esto, en una España donde días antes Sánchez, con sólo 84 diputados, había logrado rebañar 180 votos para aprobar su moción de censura contra un Gobierno con 137 diputados y para volver a hacer a Rajoy registrador de la Propiedad. Qué propio. Qué propio que te cuenten cosas que te parecen tan increíbles como las «fake news».

Como que va a ingresar en prisión el cuñado del Rey. O que nos quedamos demagógicamente con los barcos de inmigrantes que media Europa rechaza, cual el demagógico «Aquarius», haciéndole el caldo gordo a las mafias que trafican con la desgracia ajena africana. Y les damos encima el carácter de refugiados y un salario hasta a los negritos del anuncio del Cola Cao. Y como Ceuta y Melilla son la frontera Sur de la Unión Europea, mandamos que quiten las cortantes concertinas en las vallas de sus lindes. Y no te crees nada de esto cuando te lo cuentan. «Déjate de cachondeo», dices, cuando te añaden que damos Sistema de Salud Universal a todo inmigrante, pague o no Seguridad Social, sin recordar que Zapatero dejó un déficit de 16.000 millones de euros en Sanidad. Y sin tener en cuenta que la deuda pública es ya mayor que el PIB, les damos a los catalanes lo que pidan, y les pagamos todas las embajadas que abrir quieran por el mundo para desde ellas desprestigiar a la España que quieren romper y que de hecho han roto ya del Ebro hacia arriba. Todo increíble, pero desgraciadamente cierto. No son «fake news»: es que nos ha mirado un tuerto. O un Sánchez.

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos