OPINIÓN

Muro sur

El mundo tiene un gravísimo problema y parece que no somos capaces de ponerle remedio

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Alrededor de 60 millones de personas desplazadas en el mundo, 60 millones de dramas con rostro humano, la mayoría de ellas en lejanos países de Asia o de África y en las que solo pensamos de vez en cuando. El mundo lleva asistiendo desde hace décadas a una auténtica tragedia; parece, sin embargo, que solo saltan las alarmas, y se avivan nuestras conciencias, cuando se abren brechas en el muro de contención en el que se ha convertido la ribera sur del Mediterráneo.

Se avivan nuestras conciencias, a golpe de portadas, al tiempo que se hace patente nuestra división. A pesar de que solo una minoría de esas personas se lanza, o son lanzadas por las mafias, a la aventura, muchas veces mortal, de llegar a ese paraíso llamado Europa, parece que somos incapaces de afrontar juntos el desafío o de aplicar medidas realmente eficaces para atajar los orígenes del drama. Una incapacidad que se manifiesta en el riesgo de acabar con ese gran logro de Schengen, la libre movilidad europea, en la votación popular que hizo salir a Gran Bretaña de la Unión Europea o en los cruces de reproches entre Francia e Italia, cuyas posturas respectivas sobre el problema se intercambian según las circunstancias y, si ahora una critica a la otra por el cierre de los puertos, hace 7 años era la otra la que criticaba a la primera por impedir la llegada de trenes italianos con inmigrantes.

El mundo tiene un gravísimo problema y parece que no somos capaces de ponerle remedio. Y mientras nos peleamos entre nosotros, o ponemos continuos parches, el drama continúa. Ni siquiera somos capaces de ponernos de acuerdo sobre como aplicar el status de refugiado. El diferente tratamiento de las personas de una veintena de nacionalidades, que afortunadamente han llegado a buen puerto tras sufrir la ruta del infierno libio, y el de los miles de subsaharianos que se agolpan en el Magreb antes de intentar cruzar nuestro Estrecho es un ejemplo de ello. Es cierto que la Unión Europea intenta poner medios en los llamados puntos críticos de llegadas, como es la importante ayuda financiera, y en apoyo técnico, dada a Grecia, a Bulgaria o Turquía. En este último caso, para las comunidades de acogida, 3000 millones de euros de los que se han aplicado alrededor de 2000.

También el apoyo a Italia para la llamada ruta del Mediterráneo central, un aporte de unos 190 millones de euros de emergencia que complementa a la ayuda europea a los programas nacionales y que supera los 650 millones. En el caso más cercano a nosotros, la ruta del Mediterráneo occidental, las ayudas europeas se centran en Marruecos. Desde el acuerdo de noviembre de 2017, 35 millones para apoyar sus políticas de migración o 4, 5 millones para reforzar la capacidad de adaptación de las comunidades de acogida en el vecino país. Aunque, por los datos de este pasado fin de semana, con escaso resultados; quizás una manera de recordarnos que ellos tienen la llave. Más de 600 personas y varios fallecidos en el Estrecho, mientras la atención mediática europea se centraba en Valencia. En definitiva, un muro sur de contención que hace aguas. Posiblemente porque, mientras nos peleamos, no somos capaces de ir a resolver, de verdad, las raíces de este drama que debería avergonzarnos a todos.