OPINIÓN

El Diablo, los votos y los pactos

Por una parcelita de poder, nuestros líderes le venden el alma al contado a Satanás

Andrés G. Latorre
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Todos tendemos, por esa cosa de creernos siempre los más listos de la clase, a pensar no sólo que es imposible que nos la den con queso, sino que incluso nuestro gruyere tiene menos agujeros que el del vecino. Es por eso que tantos, tantas veces y de tantas formas, le terminan vendiendo el alma al Diablo pensando que, qué caray, si tiene cuernos y pezuñas no puede ser tan listo y siempre habrá una letrita pequeña con la que conseguir que sea él quien se vuelva al infierno con el rabo entre las patas. Pero como si de la banca se tratara, Satanás es especialista en cambiar las reglas del juego a mitad de partida, de meter los goles

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