Editorial ABC

La OTAN sigue siendo muy necesaria

En esas siete décadas, la OTAN ha sido un elemento esencial de la estabilidad y la paz en los países occidentales

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Si los signatarios del Tratado de Washington pensaron que setenta años después la Alianza Atlántica seguiría existiendo, en todo caso no imaginaron que sería en un mundo como el que conocemos. Para España y a pesar de las críticas intermitentes e irresponsables de la izquierda, el ingreso en la organización en 1982 supuso un espaldarazo en la consolidación de la democracia y ha ayudado a que nuestras Fuerzas Armadas estén entre las más respetadas del mundo.

En esas siete décadas, la OTAN ha sido un elemento esencial de la estabilidad y la paz en los países occidentales, aunque la victoria en la Guerra Fría frente a la principal amenaza que justificó su nacimiento no significó la desaparición de todo peligro, sino que abrió el campo para la aparición de otros como el terrorismo islamista, al que los aliados han dedicado su mayor operación militar fuera del área geográfica del tratado, en Afganistán, o los crecientes ataques cibernéticos. Los intentos de apaciguamiento de la Rusia post-soviética tampoco han tenido éxito y Moscú constituye un foco de intimidación inquietante que ya ha mostrado sus intenciones en la anexión de la península de Crimea y es visto por los países a los que sometió durante décadas como un peligro constante. Durante mucho tiempo se llegó a especular sobre si la OTAN era o no necesaria y se alzaron voces pidiendo su desmantelamiento. El tiempo ha dado la razón a los que sostenían que se trata de una organización imprescindible para el mundo libre. Que en Estados Unidos haya un presidente, Donald Trump, que tiene tal vez una visión extremadamente reduccionista del significado de la solidaridad aliada, centrada en una visión casi empresarial de su funcionamiento, no devalúa los cimientos ni la fuerza de la alianza en la defensa de nuestra libertad.