Álvaro Martínez

El llanto de un país

Hay fechas que quedan marcadas para siempre como un día triste. Tenía que ser un 11 de marzo cuando de nuevo se nos partiera el alma

Álvaro Martínez
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Hay fechas que quedan marcadas para siempre como un día triste. Tenía que ser un 11 de marzo cuando de nuevo se nos partiera el alma al conocer el triste final de Gabriel, cuya desaparición tenía a España en vilo desde hace casi dos semanas, una de esas noticias que a uno le hacen tomar aire para intentar apagar inútilmente la inquietud que prende en la cabeza al ver a otro niño que falta de su casa, y el llanto agónico de una madre a la que casi no le salen las palabras, que se aferra a la última esperanza, «va a aparecer, tiene que aparecer…», porque una madre jamás tira la toalla y se aferra a ese hilo invisible, pero indestructible, que nació entre ambos aquel día feliz en el paritorio.

Pero de nuevo el final fue fatal, negro como los nubarrones que estos días ensombrecen España desde el cielo, premonitorios quizás de este duelo por Gabriel que hoy anega el ánimo de un país entero que se negaba a aceptar que todo volviese a terminar mal. Otra batida, más voluntarios, un tímido rayito de esperanza en la angustia, la Guardia Civil que trabaja sin descanso, los perros rastrean, el abrazo cálido de una manifestación multitudinaria que intenta arropar a la familia. No pudo ser.

Desde ayer a las dos de la tarde, la minúscula localidad almeriense de Las Hortichuelas forma parte de esa geografía del mal, donde aparecen otros topónimos del horror como Las Quemadillas, la finca cordobesa donde aquel hijo de Satanás, vestido de Saturno, quemó a sus hijos Ruth y José; o el camino coruñés de Oza, donde terminó sus días la pobre Asunta; o el muelle de la ría de Huelva en el que apareció flotando el cuerpo de Mari Luz, 5 añitos, después de que el «príncipe de las tinieblas» visitara aquellos días la Costa de la Luz cuando la cría salió a comprar chucherías.

El próximo jueves se cumplirán ocho años de aquello y Juan José Cortés sigue batallando para que la Justicia en España sea definitivamente justa. Otro día bruno en que, perplejos y descorazonados, nos preguntamos entre lágrimas ¿quién puede matar a un niño?

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