Editorial ABC

Las armas y el rechazo al diferente

La mezcla entre los dos elementos, las armas y los mensajes supremacistas, solo necesita un catalizador en la mente de algún desequilibrado, apenas unos segundos de demencia criminal

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No hace falta incidir demasiado en que los más recientes hechos de violencia y asesinatos indiscriminados en Estados Unidos, dos matanzas separadas por unas cuantas horas en El Paso (Texas) y Dayton (Ohio), no serán los últimos de este tipo. Hay ingredientes que permanecen constantes en la mayoría de este tipo de sucesos abominables que se repiten una y otra vez y que incluso suscitan impulsos de emulación. El primero de estos factores es, naturalmente, la liberalidad con la que en Estados Unidos se manejan, compran, venden y utilizan las armas de fuego. Todo lo que se ha dicho desde cualquier punto de vista para defender el derecho de los ciudadanos a defenderse no resiste la simple contemplación de los efectos devastadores que provoca en la sociedad. Treinta personas inocentes muertas y más de 50 heridas en menos de un día representan cifras de los peores escenarios de un país en guerra. El segundo de estos factores, que empieza a ser también una constante en casi todas las matanzas de este tipo y que al menos en la de El Paso se ha revelado como esencial, es el rechazo al extranjero -aunque en este caso calificar de «extranjeros» a los hispanos que viven en un sitio tan emblemático como ese es un absoluto sarcasmo-, al diferente, con una carga de odio que va más allá del simple racismo.

La mezcla entre los dos elementos, las armas y los mensajes supremacistas, solo necesita un catalizador en la mente de algún desequilibrado, apenas unos segundos de demencia criminal. En Estados Unidos hay también una gran parte de la sociedad que es consciente de este gravísimo problema y que desearía poder remediarlo. Ojalá que ese noble empeño no se vea mezclado -como ha sucedido casi siempre en el pasado- con ideologías reduccionistas y desenfocadas.