Carmen de Carlos

Trastornos

Florencia Kirchner, que afronta dos casos por corrupción, aduce problemas de salud en Cuba

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Florencia Kirchner, la hija favorecida por su madre con el premio de integrar dos sociedades corruptas cuando la Justicia las investigaba, tiene miedo. La hermana de Máximo, el hombre que comparte esos privilegios pero dispone de fueros por ser diputado, decidió hacer público su estado de salud y le pidió a la ex presidenta, Cristina Fernández, que diera a conocer el diagnóstico de los médicos que la atienden en Cuba. La joven, de 28 años, padece "trastorno de estrés postraumático, síndrome púrpurico (manchas en la piel), amenorrea en estudio (ausencia de menstruación), bajo peso corporal, débil sensibilidad en las extremidades y linfedema ligero de miembros inferiores", que viene a ser una acumulación de líquido en las piernas. La viuda de Kirchner, en la producción de un vídeo reciente dijo que su hija padecía el último mal mencionado y, conocido el parte, con evidente exageración, añadió que apenas podía mantenerse en pie.

El pánico de Florencia Kirchner a terminar en una celda, por los pecados de sus padres que le hicieron compartir (y le rindieron muchos millones) tiene razones más que justificadas. Las causas Hotesur y Los Sauces (blanqueo de capitales y asociación ilícita) avanzan y con ellas se acercan los días que la obligarán a estar sentada en el banquillo de los acusados sin, a diferencia de su madre y hermano, ningún tipo de inmunidad. Quizás, eso explique que la única hija mujer del matrimonio que concentró más poder en la historia de Argentina, insistiera en mostrar un diagnóstico que se zanja con esta frase del médico cubano: “…No se recomienda viajar”.

De ser declarada culpable, la joven podría estar presa entre tres y diez años. Perder la libertad y que sea por dinero, parece ser un mal que afecta a demasiados ex presidentes en Sudamérica aunque, en el caso de CFK ese horizonte esté lejos. Luiz Inacio Lula Da Silva y ahora Michel Temer, conocen en primera persona la experiencia de estar a la sombra. Lo mismo le sucedió al matrimonio peruano formado por Ollanta Humala y su mujer, Nadine Heredia, mientras que Alejandro Toledo evita los barrotes huido en Estados Unidos. La diferencia entre estos y Cristina Fernández, es que a ninguno de ellos se le ocurrió meter en sus enjuagues a sus hijos. La ex presidenta lo hizo y no la frenó nada, ni siquiera la muerte de Néstor Kirchner (27 de octubre del 2010). El luto lo llevó por fuera pero, de puertas adentro, se afanó en perfeccionar el mecanismo societario, avaricioso y corrupto que le permitió colocar, a su única hija, a los pies de los caballos de la justicia. Pero, al parecer, los "trastornos", los padece Florencia.

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