Marga D' Andurain
Marga D' Andurain - ABC

Marga D'Andurain, la trágica muerte de la Condesa traficante

Al morir su padre, Maxime Clérisse, Marguerite heredó una fortuna que la llevaría a aventurarse en Oriente Medio y con la que se condenaría a un desdichado final

MadridActualizado:

Hasta la fecha sigue sin encontrarse el cadáver de Jeanne Amélie Marguerite Clérisse, más conocida como la Condesa Marga D'Andurain (1893-1948), sobre la que se forjaron muchos mitos. La que fue granjera, hotelera y traficante de opio y oro en el Congo fue sorprendida por la traición cuando la asesinaron en su propio velero, durante una travesía rumbo a Tánger. La bruma matutina y el duelo de madre tras perder poco antes a su hijo Pío serían los últimos recuerdos que se llevaría de aquella vida adrenalínica casi sin ningún sentido.

Aquel gran mito europeo que ocupaba las grandes portadas de las revistas de Francia era más que personaje excéntrico. Marga tenía adicción por los conflictos, y por lo que desde niña siempre supo que no quería estar esperando a que sucedieran tiempos violentos mientras vivía con todas las comodidades de su «status quo burgués».

«Nací en Bayona, de familia vasca. De la estirpe de donde procedo han salido generaciones de burgueses respetables. ¿Por qué el espíritu ancestral de los vascos, surcadores de mares y coninentes, después de tantos siglos sin dejarse notar en las personas de mi sangre, tuvo que reaparecer en una niña destinada a la vida tranquila y monótona de provincias? Ésa era la vida que me esperaba, y que abandoné», relató la Condesa en su biografía «Le Mari-Passeport»

Exorcismo a una rebelde

Marguerite nació en el seno de una familia burguesa vascofrancesa, hija de Maxime Clérisse y Marie Diriart. Su reputado apellido y los lujos a los que estaba destinada le prometían un futuro seguro, próspero y aparentemente feliz, sin embargo desde niña nunca más dejaría de rebelarse contra esa estabilidad.

La madre de Marga se entrevistó con las eminencias eclesiásticas de Bayona para que le practicasen un exorcismo a su hija

La futura aventurera se había convertido en la gran preocupación de sus padres y así como el estigma de todas las monjas de los colegios, porque ni siquiera el buen apellido la exentó de ser expulsada incontables veces. Marie no creía que su hija era rebelde, pues ¿qué joven era capaz de renunciar a todo aquello por lo que otras suspiraban? Así que después de tanto rezar y no obtener el ansiado cambio de actitud de su hija se entrevistó con las eminencias eclesiásticas de Bayona para que le practicasen un exorcismo.

Cuando cumplió 18 años en el recibidor de su casa siempre había un desfile de posibles novios en los que su madre depositaba toda su confianza. Eran chicos de «pedigrí» con tijeras, esas que le cortarían las alas sin que se diera cuenta. Entonces, de entre todos aquellos pretendientes impuestos no escogió a ninguno, sino que se quedó con un hombre que estaba descatalogado por los grandes planes a futuro de sus padres. Ese sujeto era Pierre D'Andurain, 12 años mayor que ella, sin tumba sobre la que caerse muerto y con el que compartía parentesco.

La peluquería

Contra los deseos de los Clérisse Marga y Pierre se casaron. De regreso de su luna de miel por España y Argelia emprendieron una aventura a Argentina con nada más que lo que llevaban puesto. La pareja cruzaría el Atlántico con el fin de que la inquieta Marga no se sintiera abrumada por su nueva condición de casada.

Una vez en Argentina Pierre intentó crear un centro de cría de caballos, no obstante los grandes sueños de aquel hombre quedarían reducidos a la nada cuando tuvieron que conformarse con sobrevivir como granjeros.

El matrimonio se fueron a El Cairo haciéndose llamar los Condes D'Andurain, donde nadie los conocía y nadie cuestionaría dicho título

Después de dos años resistiéndose a la derrota financiera el matrimonio regresa a Bayona con sus dos hijos Pierre y Pío. Y mientras su marido seguía empecinado en aquel sueño de la crianza ecuestre, Marga comenzaba a aburrirse hasta que pronto la fortuna y la desgracia llegaban de la mano, pues al morir su padre ella heredaría una importante suma de dinero.

Nada de ese patrimonio iría a parar al ambicioso proyecto de Pierre, y sin venir a cuento, decidió montar una peluquería en Egipto. Pues El Cairo prometía acercarla más a ese anhelo que sentía por Oriente Medio y a el lujo exótico que tanto recreaba su vasta imaginación.

De esta manera ambos partieron hacia el Cairo haciéndose llamar los Condes D'Andurain, donde nadie los conocía y nadie cuestionaría dicho título.

Hotel Zenobia

Uno de los muchos mitos que se forjaron alrededor de este personaje fue que ejerció de espía para el Gobierno británico, no obstante el error fue motivado por su vinculación sentimental con el mayor Sinclair, quien estaba al mando de los servicios de inteligencia del Reino Unido.

Ambos se conocieron durante un viaje a Palestina, el cual no solo terminaría con su matrimonio si no que además se convertiría en la antesala de su trágico destino.

Palmira
Palmira - C.C

Palmira fue la última parada de aquella aventura que nada más acababa de empezar. Las ruinas de aquel esplendor durante el reinado de Zenobia en el siglo III d.C. la inspiraron a desempolvar un viejo hotel olvidado para transformarlo en un lujoso complejo. Su nueva visión exigía liquidar su peluquería en Egipto y abandonar a su marido.

El problema llegó cuando terminó de restaurar el Hotel Zenobia, pues a pesar de que el nuevo espacio era un hervidero político -como el nuevo punto de encuentro en Siria- Marga creía que faltaba emoción en su vida, o esa adrenalina tan característica del peligro.

El capricho de La Meca

Marga nunca sería consciente de la tragedia que había firmado para sus últimos días cuando se convirtió al Islam. Pues la nueva odisea culminaba en La Meca, y por aquel capricho tendría que pagar un alto precio.

Tras firmar el divorcio con Pierre contrajo nupcias con un pastor beduino llamado Soleiman el Dekmari. Una vez casados iniciaron la peregrinación hacia el santuario musulmán. Nada salió como esperaba, las autoridades islámicas mandaron arrestarla por considerarla sospechosa.

Soleiman continuaría con la peregrinación y luego regresaría por ella al harén de mujeres donde la habían destinado. Su marido nunca llegó a La Meca. Murió en extrañas circunstancias como si se tratase de un envenenamiento del que culparon a una mujer que tenía días que no estaba en cuerpo presente con él. Parecía que no buscaban culpables si no a quien lapidar, y Marga era el chivo expiatorio de aquella «justicia».

Por fortuna uno de sus conocidos la salvaría de una muerte dolorosa bajo las piedras. Cuando regresa a Palmira vuelve a casarse con Pierre al que asesinan poco después.

Desde ese momento no había manera de escaparse de la crueldad del destino -pues quien a «hierro mata a hierro muere»-, su iniciación en el tráfico de opio y posteriormente del oro en el Congo le cobrarían al final con su frío asesinato el 5 de noviembre de 1948.