Representación de algunos de los meses del calendario republicano francés
Representación de algunos de los meses del calendario republicano francés - ABC

Comprueba en qué día naciste según el calendario de la Revolución francesa

Hoy, 1 de marzo, sería 11 del mes ventoso, día del narciso. Así nació y murió el revolucionario intento fallido

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Si la Revolución francesa hubiera dejado huella también en el calendario, el año no comenzaría el 1 de enero, sino que este día sería uno más, el 12 del mes nivoso. El cambio de año ocurriría al comienzo del otoño, el primero de vendimiario, el 22 de septiembre del calendario gregoriano. El 25 de diciembre no se festejaría la Navidad, sino que sería un corriente 5 de nivoso, un día asociado al perro dentro de la lógica revolucionaria desacralizadora. Hoy, 1 de marzo, sería 11 del mes ventoso del año 226, día del narciso.

En el siguiente buscador puedes encontrar las equivalencias entre el calendario gregoriano, usado en occidente, y el calendario republicano francés, adoptado durante la Revolución francesa. Selecciona el mes y el día para conocer la fecha coincidente, así como su elemento asociado. Sigue leyendo después la historia de su nacimiento y fracaso.

En el calendario republicano francés, empleado entre 1792 y 1805, los nombres de los doce meses del año son neologismos relacionados con fenómenos naturales y de la agricultura. El año comienza con el equinoccio de otoño, en el mes de vendimiario, que etimológicamente proviene de vendimia, propia de los meses de septiembre y octubre. Los otros meses del otoño se llaman brumario (de bruma, entre octubre y noviembre) y frimario (de escarcha, «frimas» en francés, entre noviembre y diciembre)

Los meses de invierno son nivoso (de nieve, entre diciembre y enero), pluvioso (de lluvia, entre enero y febrero) y ventoso (de viento, entre febrero y marzo). Los de primavera, germinal (de semilla, entre marzo y abril), floreal (de flor, entre abril y mayo) y pradial (de prados, entre mayo y junio). Y los de verano, mesidor (de cosecha, entre junio y julio), termidor (de calor, entre julio y agosto) y fructidor (de fruta, entre agosto y septiembre).

Todos los meses del año tienen 30 días en el calendario republicano francés, y están divididos en tres periodos de diez días, llamadas décadas, en sustitución de las cuatro semanas de siete días. Los nombres de los días no están asociadas a astros, que a su vez provienen de dioses romanos, sino simplemente a su orden: «primidi» (primer día), «duodi» (segundo día), «tridi» (tercer día)... hasta «décadi» (décimo día).

Desacralización y problemas

Los días dejaron de asociarse a santos, como ocurre con el santoral católico, dentro del ánimo desacralizador de la Revolución francesa. En su lugar se relacionaron con plantas, flores, minerales, animales (días terminados en 5) o herramientas (días terminados en 0). Olmo, violeta, mármol, ruiseñor o hilo son alguno de ellos. El 25 de julio, Santiago Apóstol, sería el 7 de termidor, día de la artemisa. El 8 de agosto, la Inmaculada Concepción, sería el 18 de frimario, día de la hiedra.

El calendario republicano francés estuvo vigente poco más de 13 años, entre 1792, el año 0, y 1805, cuando fue abolido por orden de Napoleón. Las razones eran varias. Unas, astronómicas: era un calendario descuadrado con el ciclo lunar (de 28 días, cuatro semanas), y no llegó a resolver el problema de los años bisiestos. Además, complicaba las relaciones internacionales puesto que el resto de Europa continuaba con el gregoriano. Muy identificado con el clima y la naturaleza francesa, era difícilmente exportable a otros países, e imposible a otras latitudes, especialmente el hemisferio sur.

La Iglesia católica se oponía al calendario republicano por abolir el domingo, el día consagrado al Señor. La semana de diez días tampoco era popular entre los trabajadores puesto que dejaba menos descanso ya que solo había una «fiesta decadaria», dedicada al Ser Supremo, cada década (diez días). Las fiestas de vendimiario estaban consagradas a la naturaleza, el amor fraternal, el otoño y la edad viril. Sin embargo, como se quejaba un diputado en la Convención Nacional Francesa, principal institución de la Primera República, «no hay hombre ni animal que pueda aguantar nueve días de trabajo consecutivo», según cita el físico e historiador Wenceslao Segura González en su obra « La reforma del calendario».

Los meses de 30 días hacían que faltaran cinco (o seis en años bisiestos) para completar los 365 (o 366) días que dura el ciclo solar. Es decir, el año concluía el 16 de septiembre (30 de fructidor) pero el nuevo no comenzaba hasta el 22 de septiembre (1 de vendimiario). Esos días recibían el nombre de «sansculottides», por los sans culottes, las clases bajas que auparon la Revolución. Consagraban la fiesta de la virtud, del talento, del trabajo, de la opinión, de las recompensas y de la Revolución. Sin embargo, solo el último era no laborable, puesto que era una época de intensa labor agrícola.

La reimplantación de la semana de siete días en 1805 fue uno de los cambios sobre la marcha que terminó de precipitar el abandono del calendario republicano francés, abolido finalmente por Napoleón. El calendario gregoriano regresó definitivamente a Francia el 1 de enero de 1806.