Isabel Pantoja, en 1995, en la playa de El Palmar
Isabel Pantoja, en 1995, en la playa de El Palmar - EFE

El bañador será la primera prueba de «supervivencia» para Isabel Pantoja

Mosquitos, jornadas de pesca y un desfile de trajes de baño. He aquí lo que se espera de ella en «Supervivientes»

MadridActualizado:

Cada vez que Isabel Pantoja (62 años) pronuncia una palabra en público, aparece un neón sobre su cabeza, como si fuera el diamante del videojuego de Los Sims, aunque con el símbolo del euro. La luz del neón y el contador en miles -o cientos de miles- se ha ido intensificando en sus escasas apariciones públicas desde que salió de la cárcel en 2016 y se encerró en Cantora, también conocida como el «fuerte Pantoja»: la finca que le dejó Paquirri, el único sitio que la tonadillera considera su hogar.

Si hay algo seguro en este mundo del papel cuché es que la inaccesibilidad es lo que hace interesante a un personaje. Pantoja, recluida en Cantora mientras sus hijos participaban en concursos y daban todo tipo de titulares, se había convertido -y ella lo sabía- en un personaje al que sacar rédito. Lo comprobó el mismísimo Paolo Vasile el pasado 14 de septiembre, cuando Pantoja entró en directo en «Sálvame Naranja» para hablar de lo mal que lo estaba pasando viendo a su hija con una persona como Dulce -la niñera y exempleada de Cantora- y de lo tranquila que estaba sabiendo que había entrado en «Gran Hermano», aunque el concurso no le gustaba demasiado y prefería que su hija, con la educación que le había dado, se dedicara a otra cosa.

Dio entonces muchas declaraciones que, de haberse emitido un cheque a su nombre, habría reventado el neón del euro. «El apellido Pantoja da dinero, y el señor Vasile lo sabe, vuestro jefe. He entrado por teléfono gratis, pero no hay ceros en esa cadena para yo sentarme [en un plató], porque tengo para todos, para contestar a todos. Y no lo necesito», aseguró. Aquella tarde, «Sálvame» se marcó un 21,5 por ciento de audiencia -cuando la media de todo Telecinco es de un 14 por ciento- y vieron el programa más de dos millones de espectadores. Vasile debió sentarse con una calculadora, papel y boli y empezó a hacer números.

Dice «Semana» que el contrato en exclusiva que ha firmado con Pantoja «supera con creces el millón de euros». Parece que sí hay ceros y que Pantoja -como todos- también tiene su precio. La tonadillera tendrá que participar en un docurreality -donde ojalá enseñe Cantora-; ser coach en un talent musical y concursar en la próxima edición de «Supervivientes», que empezará a finales de abril.

Portada de ¡HOLA!
Portada de ¡HOLA!

Al estilo Lady Di

Si finalmente va a Honduras, se desconoce si en las claúsulas donde se exponen sus obligaciones figura la de pasear con la bata de cola por la orilla de la isla, pero lo que sí es seguro es que tendrá que acostumbrarse a aparecer frente a las cámaras en bañador. Porque en «Supervivientes» no hay posados y son pocas las ocasiones en que un paparazzi ha pillado infraganti a Pantoja en ropa de baño. La última fue en septiembre de 2017, con toda la familia, a bordo de un yate y al estilo Lady Di en vísperas de su accidente mortal en París. Todavía hay dudas sobre si realmente fue «una foto robada». Por eso, la primera aventura de Pantoja como «superviviente» pasa por elegir bien los bañadores, aunque no superará las 160 piezas que ha llegado a meter en su maleta Lara Álvarez.

El traje de baño azul con el que apareció en la portada de «¡Hola!» resaltaría con su tez morena, pero es poco sufrido para Honduras. El rojo sería una buena opción y uno negro, como el de su examiga María del Monte, sería una apuesta segura. Bañadores, biquinis y triquinis a un lado, ni Lara Álvarez podrá hacer sombra a Pantoja. Porque ya lo decía su hijo Kiko Rivera la noche del jueves, tras quedar segundo en «Gran Hermano Dúo»: «Mi madre siempre ha sido una superviviente y lo hará muy bien».