Unai Emery, durante el entrenamiento de ayer con el Arsenal
Unai Emery, durante el entrenamiento de ayer con el Arsenal - AFP
Europa League

Unai Emery, enemigo íntimo en Valencia

El técnico regresa a Mestalla, de donde salió por la puerta de atrás y a donde volvió con el Sevilla para privarles de la final de la Europa League hace cinco años

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En tiempos de afectos breves y deseos permanentemente renovados y, por tanto, insatisfechos, existe una norma anónima que sitúa en los tres años la fecha límite del amor. El pronóstico gana credibilidad con casos como el de Unai Emery en Valencia, un matrimonio entrenador-club que pintaba estupendamente y terminó arruinándose cuando las cosas se enturbiaron. Donde un día hubo rosas, afianzado como estaba el equipo como la tercera fuerza en la liga española, terminó habiendo reproches en forma de pitos y desagravios.

Con semejante recuerdo del equipo al que más partidos ha dirigido en su carrera recibe Emery en Londres al Valencia para pelearle un puesto en la final de la Europa League. La misma situación en la que se vio hace cinco años, cuando a los mandos del todopoderoso Sevilla que dominó insultantemente la competición europea de plata dejó a los de la capital del Turia sin la oportunidad de pelear por un título que acabaría ganándole al Benfica. Allí, para redoble del morbo, jugaban Rodrigo y Garay, estandartes del espinoso grupo de Marcelino. Parejo, el único jugador en las filas valencianistas que sigue en plantilla desde la etapa del técnico de Hondarribia, portará en el Emirates la bandera de la venganza ansiada por la entidad ché.

El paso de las temporadas ha consumado el retrato de Emery como técnico con fama de perdedor, poco más que una falacia cuando se presta atención a un currículum envidiable para cualquier técnico que no figure entre los cinco o seis nombres que conforman la actual aristocracia de los banquillos. Las tres Europa League consecutivas que conquistó con el Sevilla le valieron un contrato en unos de los «cocos» de Europa, el faraónico PSG de Al-Khelaïfi.

Allí volvió a acumular críticas después de ceder la Ligue 1 al Mónaco en 2017, un borrón inasumible para un proyecto al que lo doméstico se le quedaba pequeño. Su libreto, que no escatima sudor en los once futbolistas dispuestos sobre el césped, encontró en París un acomodo complejo, seguramente inapropiado cuando se trataba de manejar a los Neymar de turno. La impotencia sufrida cada vez que sonaba la música de la Champions fue la piedra definitiva que derrumbó el castillo de Emery, expuesto a la catástrofe en los octavos de final los dos cursos del entrenador vasco.

La butaca de Wenger

Y pese a todo, mantuvo Emery su caché de preparador obsesivo, detallista, trabajador hasta decir basta cuando se trata de buscar soluciones desde la pizarra. Fue ese perfil, el del hombre ideal al que entregar los mandos de un proyecto en pañales al que vestir sin prisas, el que valió al español un contrato en el Arsenal. No era un destino cualquiera: llegaba para sentarse en la butaca que durante 22 años había cogido la forma de Wenger, santo y seña a la altura del mismo escudo del club del norte de Londres. Mas no fue algo que le amilanara. En apenas un puñado de tardes, Emery viró el estilo con el que el técnico alsaciano había levantado una identidad, ese en el que los fundamentos del juego de posesión eran la pauta a seguir. Las transiciones, el jardín predilecto de jugadores como Aubameyang, cambiaron la cara del Arsenal.

Su aterrizaje fue un estruendo: las derrotas en los dos primeros partidos de Premier, ante Manchester City y Chelsea, sirvieron como preludio a una racha de 22 citas consecutivas sin conocer la derrota en liga, Europa League y Copa de la Liga. Un exceso que rellenó el tanque de ilusión de la afición «gunner», tan falta de estímulos una fez pinchado el globo de la etapa de Wenger. A dos puntos del cuarto puesto, la clasificación para la próxima Liga de Campeones asoma como prioridad absoluta para el conjunto de Highbury. Este duelo ante el Valencia sirve también para abrir la vía alternativa al objetivo. Más aún cuando la racha en Inglaterra, tres derrotas consecutivas, invita a apostar todo a la casilla de la Europa League. Enfrente tendrá un espejo: el Valencia viene de perder dos partidos seguidos en La Liga que le ponen cuesta arriba acceder a la cuarta plaza. Emery, enemigo íntimo en Mestalla, tiene aún cosas que decir.