Música

Soleá Morente, Yo la Tengo y Morgan, los discos de la semana para los críticos de ABC

Repasamos los álbumes más llamativos que se publican este viernes 16 de marzo

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  1. Soleá Morente «Ole Lorelei»

    Antes de tirarse a la piscina, la menor de las hermanas Morente (es cuatro años mayor que su hermano, Kiki) estuvo tanteando la profundidad y temperatura del agua en colaboraciones esporádicas con su hermana Estrella y en el EP de Evangelistas, el grupo que formó junto a cuatro primeras espadas del pop-rock granaíno, todos ellos viejos secuaces de don Enrique: J, Florent (Los Planetas), Antonio Arias (Lagartija Nick) y Erik Jiménez (Lagartija Nick, Los Planetas). Especialmente en éste se evidenciaron sus virtudes pero también sus dudas, como si tuviese claro el qué pero no el cómo. Todo eso se despejó considerablemente con su debut en solitario, un interesante ejercicio de fusión y experimentación que llevó el ilustrativo título de «Tendrá que haber un camino». En aquella ocasión se rodeó de co-intérpretes y co-productores como J, David Rodríguez, el mencionado Antonio Arias, Jaime Beltrán o Sergio Pérez García, lo que dio al disco un aire muy variado, pero también un empaque muy deudor y dependiente del legado colaborativo de su padre.

    Esta vez, Soleá corta el cordón umbilical de un dentellada y con la complicidad de un solo socio a los mandos, Alonso Díaz de Napoleón Solo, magistral conductor de sensaciones psicodélicas con el que de forma casi ociosa grabó «Ya no sólo te veo a ti», canción a la postre seminal pues fue de ahí de donde surgió el resto de este «Ole Lorelei» donde el cante flamenco va y viene a través de composiciones teñidas de pura modernidad, en cuyos créditos de grabación también figuran nombres como Carlos Díaz, Mario G. Alberni, Alberto Torres o Iván Moreno, entre otros.

    El mencionado single deja boquiabierto, sonando como un cruce entre Jane Birkin y Vainica Doble producido por Kevin Parker, pero no es lo que mejor funciona de un trabajo que no tiene miedo a nada. Tanto en el techno de «Baila conmigo» que evoca unos Camela hipsterizados (sueño húmedo del Primavera), como en el trap de «Anoche preguntabas» o la cuasi-jazzística «Por qué será», Soleá parece estar en su elemento. También hay unas Grecas reguetoneras («Olelorelei»), un electro-mantra oriental («La alondra») y una provocadora soleá autotuneada («La misa que voy yo»), y la cantaora sigue sin chirriar ni sonar pretenciosa en un entorno conceptual que podría haber sido una trampa mortal. Los micro-cantes desperdigados por el tracklist y la asequible duración del mismo hacen de «Ole Lorelei» una obra compacta y fácil de digerir, muy de su tiempo, en la que Soleá sale mucho más que airosa de ensayos realmente arriesgados con los que da un golpe en la mesa para volver a recordar que el flamenco no es de nadie. Por si hacía falta.

    8 / 10

    NACHO SERRANO

  2. Morgan «Air»

    De Carolina a California hay una diferencia de dos letras. Ella es de aquí, de Madrid. De Las Rozas para ser exactos. Pero Carolina de Juan, el alma máter de Morgan, puede sonar a Los Angeles, a Sunset Boulevard o a Laurel Canyon, incluso a San Francisco si quiere. Su proyecto Morgan, nacido en 2012 con la participación de músicos tan curtidos en la escena nacional como Paco Lopez, Ekain Elorza, David Schulthess y Alejandro Ovejero, despuntó en 2016 con el debut «North», un disco de hechuras impecables pero que dejó un poco fríos a los que se equivocaron esperando algo innovador, fresco. Efecto colateral del levantamiento de altas expectativas en los mentideros periodísticos, probablemente.

    «Air» tiene, de nuevo, bastante de ejercicio de estilo. Un campo de acción en el que, cantando en inglés (salvo en un solo tema, curiosamente el single de rpesentación), se corre aún más riesgo de sonar vulgar e intrascendente. Pero Carolina dirige a su banda con carácter, canta con decisión y virtuosismo, retuerce los arreglos con elegancia y despliega una batería de estilos (soul, rock, pop, disco) que no yerra disparo alguno. Honesto y conmovedor, el segundo trabajo del quintento madrileño es todo un regalo para los fans de la buena música que no necesitan más inventos que el de la rueda para disfrutar del rock.

    7 / 10

    NACHO SERRANO

  3. Yo la Tengo «There's a riot going on»

    Existe un tópico comúnmente aceptado que reza que es difícil, muy difícil, que Yo La Tengo firmen un mal disco. Con los años, es cierto, la chispa y el brillo cegador de los noventa han perdido un poco de intensidad y sus trabajos tienen más de acogedor hogar al que regresar cada tres o cuatro años que de pasmosa sacudida sonora. Para entendernos: desde que publicaron «And Then Nothing Turned Itself Inside-Out» (2000), todos sus discos han sido de notable alto, pero para encontrar sus cimas creativas hay que seguir retrocediendo hasta «Painful» o «Electr-O-Pura». Un esquema que podría seguir repitiéndose hasta el infinito si no fuera porque el trío de Hoboken aún es capaz de salirse por la tangente con cosas como «There Is Riot Goin On», su decimoquinto álbum de estudio y homenaje nada velada al disco de Sly & The Family Stone de idéntico título.

    La revuelta, en este caso, va por dentro e impregna el esqueleto -y, sobre todo las letras- de unas canciones con las que retuercen sus señas de identidad y voltean sus influencias con inyecciones de drones, capas de guitarras superpuestas, voces como grabadas en el fondo del mar y recesos atmosféricos como «Dream Dream Away». Todo con tal de inclinarse aún más hacia una concepción experimental de la música popular que, sin embargo, mantiene intacto su atractivo melódico gracias a delicadezas como «Shades Of Blue» y «Let’s Do It Wrong», forjadas en algún molde perdido de Brian Wilson. Hipnótico y somnoliento, «There’s A Riot Goin On» es también un disco con trampa; un álbum que juega a subvertir las relaciones entre contenido y continente en unas canciones que se proyectan como reconfortantes oasis de rock desfigurado mientras Ira Kaplan y Georgia Hubley susurran desconcertantes haikus de protesta. Incluso se permiten deslizar guiños autorreferenciales como «For You Too» (algo así como un reflejo maduro y bien parecido de «Tom Courtenay») para acabar de redondear un trabajo con el que los de Nueva Jersey confirman que, más de treinta años después, siguen siendo absolutamente fiables.

    8,5 / 10

    DAVID MORÁN