A pesar de no ser tan conocido, Every logró hacerse un hueco en los libros de historia gracias a su principal golpe
A pesar de no ser tan conocido, Every logró hacerse un hueco en los libros de historia gracias a su principal golpe - Wikimedia

El pirata «violador» que se hizo rico tras engañar al Imperio español

El 7 de septiembre de 1695, Henry Every tomó un gigantesco buque indio logrando un botín que le permitió «retirarse». Todo ello, después de haber traicionado a las autoridades peninsulares

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Desde el tristemente conocido Francis Drake (un saqueador de buques hispanos bajo las órdenes de su graciosa majestad inglesa) son muchos los piratas que han surcado mares y océanos ávidos de embolsarse riquezas a cambio de cortar alguna que otra garganta. Precisamente uno de los más reconocidos de su tiempo (aunque olvidado por la Historia) ha sido Henry Every, un británico que amasó una gran fortuna tras saquear el Ganj-I-Sawai el 7 de septiembre de 1695, un gigantesco navío indio que iba cargado hasta los remaches de oro, plata y joyas.

Este bucanero (quien, curiosamente, adquirió tal rango después de traicionar al Imperio español) pudo retirarse después de cometer esta fechoría y desapareció de la Tierra sin dejar rastro. Algo lógico en cierto modo, pues aquellos malhechores como él que eran hallados por la justicia solían perder el cuello en la horca.

Aunque la vida de Every no puede igualarse con la de otros afamados y veteranos piratas como Barbanegra, lo cierto es que no se le puede negar su intrepidez y valentía, pues logró hacerse millonario poco más de un año después de haber izado la bandera pirata en el mástil de su navío. Sin embargo, el que fuera uno de los corsarios más destacados de Inglaterra comenzó sus andaduras en el mar como miembro de la Marina Real.

Aunque se desconoce el momento concreto, se cree que por entonces corría el año 1690, con lo que Henry contaría aproximadamente 30 años, pues vino al mundo en 1660 en Plymouth (al sudoeste de Inglaterra). En 1693 su nombre volvió a aparecer en los registros. Aunque en este caso ya como primer oficial del «Carlos II», un navío que había sido contratado por el Imperio español para saquear un buque francés cargado de riquezas en el Caribe.

El motín que creó un pirata

Mientras preparaban velas y estoques en puerto para dar buena de los gabachos a una orden de sus patronos, parece ser que la tripulación del «Carlos II» se desesperó por la espera y decidió tomar medidas para remediarlo. La solución fue drástica: protagonizaron un motín, tiraron por la borda al capitán (a un bote, eso sí) y nombraron mandamás a Every. Este, por su parte, rompió el tratado con España, se declaró pirata y cambió el rumbo del navío. «Ahora soy el capitán de este barco. Viajaré hacia Madagascar con el objetivo de amasar mi propia fortuna y la de aquellos valientes que se unan a mi», señaló presuntamente el británico, tal y como señala la versión digital del « History Channel».

Tras recibir el apoyo de una buena parte de los presentes (¿qué otra cosa podían hacer si no querían dar con sus huesos en las aguas?) Every cambió el nombre del «Carlos II» por el del «Fancy» y puso rumbo al sur de África bajo la cálida sombra de la bandera pirata.

Su primer «ataque» llegó poco después, cuando él y sus hombres saquearontres buques ingleses en las islas de Cabo Verde. En los siguientes meses, a su vez, demostraron sus capacidades de asesinos al tomar multitud de barcos franceses y daneses. Aunque su cambio a malhechor se sucedió rápidamente, lo cierto es que la fama vuela (y más si es acompañada de sangre) por lo que el inglés logró que multitud de hombres se unieran a sus filas hasta reunir una flota de 150 bucaneros allá por 1695.

El pirata violador

Tras varios combates, y después de saber que su tripulación de maleantes le seguiría hasta los confines del océano, Every puso sus malvados ojos sobre un suculento botín, el que transportaba el gigantesco buque Ganj-I-Sawai, perteneciente al Imperio mogol. Este, concretamente, había partido en 1695 desde el Mar Rojo junto a un buque escolta con el objetivo de llevar hasta la Meca un inmenso tesoro y a grandes personalidades de la India.

El bajel estaba fuertemente defendido por decenas de cañones y más de 400 fusileros (una cantidad ingente de infantes para la época). Sin embargo, el botín lo merecía. Por ello, el pirata se calzó las botas, se ató la espada al cinto y se dispuso a partir para dar el que sería su golpe definitivo.

Con todo, que fuera pirata no significa que fuera también estúpido. El «Fancy» no podía acabar en solitario con aquel monstruo de los mares. Por ello, se asoció con algunos bucaneros como el famoso Thomas Tew. Tras iniciar su viaje, a principios de septiembre se dieron de bruces con la flotilla india. Tras una breve persecución comenzó la batalla. El primero en car, sin mayor dificultad por cierto, fue el buque escolta, que les reportó unas ganancias de 50.000 libras esterlinas. Una vez acabado con aquella pequeña molestia, comenzó el tiroteo con el inmenso Ganj-I-Sawai el 7 de septiembre.

El buque mogol se defendió a cañón y sangre durante algún tiempo. Sin embargo, la explosión de una de sus piezas de artillería provocó el caos a bordo. Cuando uno de los buques piratas cortó de un cañonazo uno de sus palos, los bucaneros abordaron a su enemigo y, a base de machete y alfanje, acabaron con decenas de ellos hasta que se rindieron.

Sin embargo, en ese momento se dio uno de los episodios más tristes de la jornada pues, en lugar de respetar a la tripulación, los hombres de Every violaron repetidamente a las mujeres que había abordo -así como a los ancianos- durante siete días (el tiempo que tardaron en cargar el botín de la nave -valorado entre 350.000 y 600.000 libras en oro, plata y joyas-). La degeneración fue tal que algunas chicas prefirieron arrojarse al mar o suicidarse con sus cuchillos antes que soportar las vejaciones de aquellos malnacidos.

Un extraño final

Tras dar este golpe, Every abandonó la piratería y se dedicó a vivir de sus riquezas. Todo ello, a pesar de que los ingleses se ofuscaron como nunca antes se había visto en capturarle. Y es que, por miedo a perder sus relaciones comerciales con los indios, habían dado su palabra de que aquel malandrín sería llevado ante la justicia. Aunque algunos de los malhechores fueron encontrados, la gran mayoría logró evitar la justicia y desapareció si dejar rastro para disfrutar de sus riquezas.