El 'Monte Ulía' aguarda en la dársena del astillero las pruebas de mar, previas a la entrega
El 'Monte Ulía' aguarda en la dársena del astillero las pruebas de mar, previas a la entrega - ANTONIO VÁZQUEZ
INDUSTRIA

Final de la obra de los petroleros

La flotadura del cuarto buque, el ‘Monte Ulía’, marca la cuenta atrás para su entrega al grupo vasco Ibaizábal

El barco se encuentra atracado en la dársena sur del astillero de Puerto Real y en los próximos días realizará las pruebas de mar

CÁDIZActualizado:

La obra del cuarto y último petrolero que se construye en el astillero de Puerto Real ha entrado en su recta final. Su construcción está prácticamente terminada lo que permite a Navantia fijar la entrega de este buque al grupo Ibaizábal para finales de abril o primeros de mayo. Con ello se puede afirmar que la obra de los petroleros ha concluido. El 'Monte Ulía' ya ha sido flotado y abandonó el dique de la factoría el pasado fin de semana para quedar atracado en la dársena sur del astillero, donde se llevarán a cabo los remates finales. Todo apunta a que el buque realizará las pruebas de mar en dos semanas para comprobar y certificar su funcionamiento.

La entrega del 'Monte Ulía' a su armador pone fin a una de las etapas más prósperas del astillero puertorrealeño. El contrato con el grupo vasco Ibaizábal se firmó en julio de 2015, después de una larga negociación y con el visto bueno de la SEPI, pese a las reticencias iniciales por su escasa rentabilidad. No obstante, la obra de los petroleros Suezmax ha permitido a Navantia volver a la construcción civil de estos tanqueros veinte años después de que abandonara este tipo de contratos y, lo que es más importante aún, a generar empleo en la Bahía. La construcción de los petroleros ha dado lugar a una ocupación superior a las 3.000 personas en el astillero durante los cuatro años que ha durado la obra.

El acuerdo entre Navantia y el grupo Ibaizábal se firmó en un momento muy delicado para la industria naval gaditana y el contrato recogía la opción de dos más. Los astilleros salían entonces de cuatro años de sequía y la carga de trabajo era mínima. Así, el Gobierno español, a través de la SEPI, principal accionista de Navantia, se embarcó en un ambicioso proyecto para resucitar la construcción civil en los astilleros después de veinte años de ausencia. Sin embargo, Navantia tuvo que hacer varios encajes para poder asumir esta obra, ya que su desaparición del mercado de gaseros y petroleros durante dos décadas la había dejado en fuera de juego.

LAVOZ publicó en febrero de 2018 que Navantia y la SEPI descartaban ampliar el contrato a un quinto y sexto petrolero. El bajo coste de la producción era el principal motivo que se esgrimía para no embarcarse en la construcción de dos unidades más.

La ceremonia de entrega está prevista para finales de abril o principios de mayo

No fue fácil alcanzar el acuerdo entre Navantia y el Grupo Ibaizábal. La Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI), a la que pertenece la constructora naval pública, tenía serias dudas sobre el futuro económico de este ambiciosos contrato en caso de retraso. El margen de rentabilidad ha sido muy pequeño, pero ha permitido a Navantia regresar a una actividad civil donde fue líder, sin embargo, las dos décadas de ausencia española en este campo han servido para que los astilleros asiáticos cojan ventaja tecnológica y ofrezcan un producto a precio muy competitivo.

La compañía española abandonó este negocio en la década de los noventa después de una intensa labor durante los años setenta y ochenta. Fue entonces cuando se botó el 'Ocean Lion', el' ‘María Alejandra' y el 'Valencia', entre otros. Sin embargo, los astilleros públicos dieron un golpe de timón a mediados de los noventa en favor de la construcción militar abandonando así los grandes proyectos civiles de petroleros y gaseros.

El contrato se firmó en julio de 2015 y los trabajos comenzaron en abril de 2016 con el corte de chapa

Fue entonces cuando los astilleros asiáticos tomaron el relevo y llenaron el hueco que había dejado libre España. En estos últimos veinte años Corea y Japón han desarrollado la industria y la tecnología necesaria para liderar este tipo de construcciones.

El importe del contrato de los petroleros Suezmax se cerró por valor de 288 millones de euros, a razón de 72 millones por buque. El objetivo de Ibaizábal, cliente directo de Navantia que opera con el armador Ondimar Transportes Marítimos, ha sido alquilar la nueva flota a las compañías Total y Cepsa para el transporte de crudo a través del Canal de Suez, de ahí el nombre de Suezmax, es decir, buques especiales para navegar por esta ruta entre el mar Rojo y el Mediterráneo a orillas de Egipto. Las dudas de la SEPI tenían su fundamento en lo ajustado de las condiciones económicas de la oferta presentada por Navantia.

Para que la empresa pública pudiera embarcarse en este proyecto fue necesario que los astilleros buscaran un socio estratégico con el que poder operar. Así, la dirección de Navantia, entonces bajo la presidencia de José Manuel Revuelta, firmó con el astillero coreano de Daewoo la ejecución de estos buques, mediante la cual, Corea se hacía cargo de su ingeniería, aportación de materia prima y precio final del producto. Por su parte Navantia aportaba las instalaciones y la mano de obra.

Culminan cuatro años de trabajo que han permitido una ocupación superior a las 3.000 personas

Con estos mimbres se firmó el contrato en julio de 2015 y en abril de 2016 arrancó la obra en el astillero de Puerto Real con el tradicional corte de chapa. El primer petrolero, el 'Monte Udala', se entregó el 13 de marzo de 2018. La obra tomó alas a partir de ese instante, en que la cadena de producción quedó totalmente ajustada y engrasada. El segundo buque, el 'Monte Urbasa', se entregó el 17 de julio de 2018, mientras que el tercero, el ‘Monte Urquiola’, abandonó el astillero el 17 de enero de 2019.

La planta sigue ahora con trabajos puntuales de las corbetas saudíes, la obra de 20 'jackets' y la construcción de una plataforma eólica

Con la entrega el mes que viene del 'Monte Ulía' se abre una nueva etapa laboral en el astillero puertorrealeño en cuanto a carga de trabajo se refiere, pasando de un actividad plena a una carga algo más reducida. Así, el astillero, para cubrir la ausencia de los petroleros ha asumido parte del corte de chapa de las corbetas que se construyen en el astillero de San Fernando para la Marina Saudí. Igualmente, inicia el mes que viene la construcción de 20 jackets o pilares para un complejo eólico-marino en aguas del mar del Norte, en Escocia, y en septiembre arranca la construcción de la tercera plataforma eólica, en este caso, para la noruega Statoil. Este es el panorama de la factoría a la espera de que se puedan cerrar nuevos contratos, que incluyen la construcción de secciones de cruceros.