PROVINCIA

«Demasiado poco está pasando»

Un educador de un centro de acogida de menores inmigrantes cuenta su «desesperación» ante la saturación que sufren y la falta de acuerdo para una redistribución

«Estamos peor que nunca y no vemos solución...», dice uno de estos profesionales, «cansado» de tener que hacer su trabajo en «una situación ya extrema»

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«Un problema acuciante». El Ministerio de Trabajo y Migraciones se refería de esta forma hace unos días al asunto de la saturación de los centros donde se acogen a los menores migrantes que llegan a nuestras costas. En lo que va de año han sido 3.200 –solo los rescatados en pateras–. De ellos, mil en julio, mientras que durante todo el año pasado fueron auxiliados unos dos mil. Las cifras vuelven a hablar por sí solas. «¿Acuciante? Esto no es nuevo. Llevamos así meses y habíamos avisado de que iba a más. ¿Y ahora es acuciante?Esto no tiene nombre ya. Estamos igual en todos los centros de la provincia. No se da abasto, no hay sitio, ¿qué es lo que no entienden?». El dueño de estas palabras desesperadas es el educador de uno de estos lugares donde van las decenas de niños migrantes que llegan ya casi a diario a las costas de Cádiz.

Este pasado lunes se reunía la Conferencia Sectorial de Inmigración que supuestamente iba a servir para pactar entre las distintas comunidades autónomas las cuotas de acogidas que aceptaba cada región ante la saturación de los centros andaluces. Se les pedía solidaridad, sin embargo, no hubo acuerdo y esa supuesta colaboración conjunta se quedó sobre la mesa, al menos hasta septiembre que se volverán a reunir. Por tanto, no será hasta entonces cuando las autoridades competentes vuelvan a abordar este delicado asunto. «No lo entendemos. El problema ya es lo suficientemente grave para darle la urgencia necesaria. ¿A que van a esperar? Demasiado poco está pasando».

Este profesional, que por motivos evidentes prefiere no dar su nombre, trabaja en uno de estos centros donde los colchones se reparten por el suelo de cualquier rincón para que los 'menas' puedan dormir, donde tienen que servir las comidas y las cenas por turnos porque no caben en el comedor y donde ya es habitual ver a los chicos salir y entrar saltando las vallas a su antojo para deambular durante horas por las calles. «A ver, estos son centros abiertos pero habría que tener un control porque son menores de edad y así es imposible», confiesa.

Menores deambulan por la calle en La Línea.
Menores deambulan por la calle en La Línea. - S. F.

«Como este verano, nunca»

La situación más crítica se vive en La Línea. Allí en un centro con capacidad para 24 personas hay actualmente más de 200 acogidos. Pero se repite en Chipiona, en Jerez, en Arcos, Villamartín... «En todos». Es un «flujo permanente» que va cambiando casi a diario pero que últimamente supera todas las cifras dadas hasta el momento. «Como este verano no recuerdo ninguno», dice el educador que lleva muchos años en el oficio.

Recientemente la Junta anunció la ampliación de plazas para aliviar esta saturación pero, según lamentan, no ha servido de mucho. «Algunos chicos son trasladados de lugar, se escapan y vuelven donde estaban porque les gusta más. Aún así, faltan muchísimas plazas».

Y en este contexto, el riesgo está servido. A mayor concentración, más probabilidad de que se den problemas en un ambiente que, evidentemente, no es más favorable para chicos de esta edad, la mayoría de 15 a 17 años. «Hay muchos conflictos de adaptación. Nuestra labor es educar y darles un trato individualizado pero así es imposible. La convivencia se hace muy difícil». De ahí que, según aseguran, se hayan dado casos de bajas por ansiedad y estrés entre los educadores. Amenazas e incluso alguna agresión.

«Nosotros tenemos que trabajar. Es nuestra función pero pedimos hacerlo en la normalidad. Que se nos respete». Además, como ocurre con otros profesionales que trabajan en la recepción o acogida de inmigrantes piden más y mejores recursos. «No deja de crecer la llegada de menores pero el personal que le atiende es el mismo. Te encuentras con el doble, el triple o el cuádruple de chicos pero los tienes que atender tú solo o con tus pocos compañeros en un centro en el que se supone que tenía que haber una veintena. Así es imposible que podamos hacer bien nuestra labor»... «Y al final dedicamos más tiempo a controlar que no haya problemas que a poder ayudarles a encontrar esa segunda oportunidad que se supone que venían buscando».