OPERACIÓN SOPHIA

Las caras de la ‘Numancia’

Ponemos nombres y apellidos a los militares desplegados en la operación ‘Sophia’ a bordo de esta fragata gaditana

Actualizado:

Son las 8 de la mañana y en la cocina de la fragata ‘Numancia’, entre risas y bromas, Estela y Raquel preparan los bocadillos que en un par de horas se comerán sus compañeros. Está llegando el final de su turno, que comienza a las 22.00 horas, pero las panaderas no pierden el buen humor. «Ahora desayuno, duchita y a dormir, hasta la noche otra vez» dice la marinero Estela Ortiz. Isleña, solo piensa en volver para ver a su sobrina, después de más de cinco meses de despliegue. Cada noche, cuando la mayoría de sus compañeros van a dormir, se encarga junto a la también marinero Raquel Gil, de elaborar el pan que al día siguiente comerán las 216 personas que viven en esta ciudad flotante de acero.

Una metrópoli en cuyas catacumbas se encuentra una parte fundamental para que se pueda vivir en ella. Es ‘auxiliares’, nombre que recibe la zona en la que se encuentran la potabilizadora que hace posible que el agua salada obtenida del mar se convierta en agua dulce que se utiliza en duchas y grifos del buque. De que todo funcione a la perfección se encargan las tres personas que se turnan en guardias de seis horas. «También aquí se filtra el JP5, el combustible que usa el helicóptero, para que no haya nada que afecte a sus turbinas», explica la marinero Paula Domínguez.

«Lo que tenemos que hacer»

Subimos las escalas y una cubierta más arriba, en ‘aprovisionamiento’, encontramos a la sargento primero Jessica Canto. «Nos encargamos de aprovisionar a todos los destinos con material de limpieza, pertrechos, repuestos, vestuario… Todo lo que no sea comida. También del material para los migrantes, como los kits de náufragos», explica esta isleña de 36 años, que lleva 18 en la Armada, todos ellos embarcada. Cuando llegue a Rota cambiará de destino, se irá al Instituto Hidrográfico. Será su primer destino en tierra. Su hija es la responsable. La pequeña tiene seis años y «desde que tenía dos años y medio no he parado, ya es hora de hacerlo», cuenta.

Su jefe es el teniente habilitado Pablo Villamayor, también de San Fernando. «Me ocupo de la gestión económico-administrativa del buque, de todo el material que entra en la fragata: repuestos, víveres, limpieza, así como de la coordinación del apoyo logístico que tenemos desde España, de la logística en los puertos a los que llegamos, y también soy el responsable de la calidad de vida a bordo», explica el oficial. Algo fundamental, ya que «a diferencia del resto de entornos laborales, esto se convierte en el hogar de la gente». Asimismo, durante un evento ‘SOLAS’ (rescate de personas), es el jefe del denominado ‘grupo de acogida’, que realiza la filiación (toma de datos) de los migrantes y les proporciona todo lo que necesitan a bordo: kit de náufrago, mantas, agua, ropa, «para que estén a gusto y dejarlos en tierra bien». A sus 31 años, ingresó en la Armada como intendente en 2015, tras realizar la carrera de Finanzas y Contabilidad en la Universidad de Cádiz. Ésta es la misión más larga que realizado y, después de cinco meses fuera de casa, echa de menos a la familia, «pero estamos aquí haciendo lo que tenemos que hacer», sentencia.

En la sala de máquinas el sargento primero Francisco Javier Rodríguez supervisa las turbinas de propulsión principal, el sistema de combustible, el agua potable y la luz de la fragata. Comparte destino con otras 44 personas pero pocos tienen la suerte de este portuense de 39 años, que lleva 20 en la Armada y nueve en la ‘Numancia’. Don Javier, como le llaman sus compañeros, comparte navegación con su novia, la cabo primero Verónica Navas, destinada en aprovisionamiento. «Llegamos a un puerto y vamos a descubrir cosas juntos, para nosotros es como un crucero», dicen sonrientes. De hecho, su primer aniversario (un año durante el que han pasado ocho meses navegando) lo celebraron hace algunos días, en el marco incomparable de las ruinas de la ciudad de Pompeya. Ambos están deseando llegar a Rota para volver a abrazar a sus hijos. El sargento primero tiene dos, de 5 y 10 años respectivamente, y otros tantos la cabo primero, de 17 y 10 primaveras.

También tiene a bordo a su pareja el marinero David Fernández. Gaditano y aficionado al Carnaval, este enfermero es el sanitario del barco. Su objetivo es opositar para oficial y formar parte del Cuerpo de Sanidad Militar y a estudiar para ello dedica gran parte de sus esfuerzos. En la ‘Numancia’ se encarga de controlar el material que falta en la enfermería, ayudar en las pruebas o controlar los expedientes de la dotación, entre otras tareas. Una labor asistencial que realiza en colaboración con el resto del equipo sanitario de la ‘Numancia’, formado por un teniente coronel médico y una capitán enfermera. «Nuestra tarea es asistir a la dotación en caso de que se produzca alguna incidencia», explica la capitán enfermera María Romero. Siempre sonriente, María es madrileña pero portuense de adopción y recuerda los rescates de migrantes durante esta misión como «muy reconfortantes y satisfactorios».

Un padrino, un compromiso y un embarazo

Durante estos rescates el cabo primero Juan Antonio González se encarga de patronear (conducir) la embarcación semirrígida (o rhib). Junto al nadador de rescate, el médico, el traductor y los componentes del Trozo de Visita y Registro (TVR), son los primeros que llegan al lugar donde se encuentran los migrantes. «Hay que acercarse prudentemente, que ellos estén tranquilos en todo momento». Y algo se le mueve por dentro, «es complicado cuando hay niños pequeños porque uno recuerda lo que ha dejado en España». Porque este barbateño tiene un hijo de cuatro años y otro de ocho meses. Cuando llegue a Cádiz le espera un momento muy especial. Dos días después de desembarcar ejercerá como padrino en la boda de su hermana.

Deseando abrazar a su pequeño de un año está el sargento primero Francisco Santiago, controlador de vuelo y supervisor en el CIC (Centro de Información en Combate). «Para que me entiendas, soy el secretario del Jefe de Operaciones«, explica el sargento primero Santiago, «preparamos el ‘briefing’ (reunión en la que se explica la información básica de la operación a llevar a cabo) previo a las visitas consensuadas a otros buques, así como antes de que salga el helicóptero, y durante el vuelo llevan a cabo las tareas del controlador aéreo». Además, durante el zafarrancho de combate controlan por donde va la amenaza y, en caso de impacto, realizan la cuenta atrás para éste. El sargento primero Santiago ingresó en la Armada hace 17 años, apenas cumplida la mayoría de edad, y aunque nació en Melilla, se considera roteño, «allí llevo la mitad de mi vida. Además, de Rota es mi mujer y ha nacido mi hijo».

Isleña pero residente en Jerez es la cabo Noelia Lavilla, una de las integrantes de la Unidad Aérea Embarcada (UNAEMB) de la fragata ‘Numancia’, formada por 11 personas y un helicóptero de la Tercera Escuadrilla de Aeronaves de la Armada. Es mecánica y su tarea consiste en revisar el helicóptero, mover el AB-212 en la cubierta para situarlo en su hangar y sujetarlo dentro del mismo. Con un hijo de 14 años y otro de dos, ésta es la primera misión para la cabo Lavilla, que lleva desde enero sin ver a su marido, también militar, ya que éste realizó el último crucero de instrucción del Juan Sebastián de Elcano. «Ellos llegaron el 11 de agosto y yo desplegué un día antes, para realizar el relevo a los compañeros, ya que la Unidad Aérea Embarcada relevamos a mitad de misión«, explica.

Los cabos Cristina Sáenz y Alberto Soto han tenido suerte. Ambos son pareja y han compartido ‘Sophia’. Ella, como electricista, él, radarista en el CIC. «Es mucho más llevadera la misión al tener a tu pareja al lado», afirma Alberto. «Ha sido un regalo estar aquí. Me siento muy orgullosa y satisfecha de esta navegación», dice Cristina. De 33 y 29 años respectivamente, Alberto y Cristina viven en El Puerto y vuelven a casa después de cinco meses con una noticia. «Durante la escala en Roma le pedí matrimonio en el Foro Romano y ella aceptó», cuenta Alberto sonriente. Se casarán en 2019.

Esa escala de la dotación en Roma fue hace tres meses, tuvieron unos días de descanso, y allí el sargento Rubén Arrillaga y su esposa realizaron un encargo muy especial. «Ella vino a verme y a las tres semanas me dijo que estaba embarazada. Hicimos un gaditano-romano«, cuenta divertido este suboficial cuyo destino es la radio y que se encarga de llevar las comunicaciones de la fragata. Lleva 16 años en la Armada, los últimos dos en la ‘Numancia’. Esta es su primera ‘Sophia’ y ya tiene ganas de volver a casa, por un lado, para abrazar a su padre, que ha sufrido un problema de salud durante estos meses y, por otro, para «darle un beso a mi mujer. La semana siguiente a la que lleguemos a Rota nos dirán si es niño o niña», señala.

A sus 28 años y con dos hijos, de dos y seis años, el marinero Jonathan Mayo lleva una década de servicio en la Armada. Cada día cumple a rajatabla con los ejercicios que su entrenador le ha puesto. Además de marino de vocación es jugador de fútbol sala, en el Cádiz de segunda división B. Y las ganas de abrazar a su mujer y sus pequeños solo es comparable con las que tiene de volver a calzarse las botas y darle patadas al balón.

En la ‘Numancia’ hay 216 historias, tantas como almas pueblan esta fragata gaditana que afronta con ‘valor, entusiasmo y decisión’, como reza su lema, su última patrulla en el Mediterráneo, cumpliendo con las tareas que le asigna el Cuartel General de la operación ‘Sophia’.