El patrullero 'Vigía' realiza de forma continua ejercicios de adiestramiento. - ANTONIO VÁZQUEZ
SEGURIDAD EN LA MAR

A bordo del centinela del Estrecho y Alborán

El patrullero ‘Vigía’, con base en Puntales, forma parte del Mando de Vigilancia y Seguridad Marítima

RotaActualizado:

«Babor y estribor de guardia. Vigía. Alistar FPL3», se escucha por la megafonía. El patrullero de altura ‘Vigía’ ha finalizado el suministro de combustible en la Base Naval de Rota y se dispone a zarpar rumbo al Estrecho. En el puente de mando, que bulle de actividad, el capitán de corbeta Pedro J. Arenas, comandante del buque, junto a su segundo, el teniente de navío Agustín García Santamaría, supervisan y dan órdenes, aunque cada uno de los 47 hombres y mujeres que forman la dotación del ‘Vigía’ y los siete infantes de Marina que se encargan de su protección, saben cuál es su puesto y la función que deben desempeñar en la maniobra.

El patrullero ‘Vigía’, cuya base es la gaditana Estación Naval de Puntales, forma parte del Mando de Vigilancia y Seguridad Marítima, una de las misiones permanentes de las Fuerzas Armadas españolas, coordinadas por el Estado Mayor de la Defensa. Para esta operación la Armada aporta cuatro buques (uno en la zona de Levante, otro en el mar de Alborán, un tercero en el Cantábrico y el último en Canarias) que, 24 horas al día, siete días a la semana y 365 días al año realizan operaciones de vigilancia y seguridad de los espacios marítimos de soberanía, responsabilidad e interés nacional.

«Lo que hacemos es velar por el interés de los españoles», afirma el capitán de corbeta Arenas. «Patrullamos las zonas de aguas donde hay litigios: Gibraltar, los peñones Vélez de La Gomera y Alhucemas, las islas Chafarinas y las de Alborán. En la última operación también fuimos al Golfo de León y patrullamos esa zona gris, que los franceses dicen que son aguas de seguridad francesas y nosotros lo contrario, que son aguas de seguridad españolas», destaca el comandante del patrullero ‘Vigía’. De este modo, actúan como instrumento de la política exterior del Gobierno.

‘Cazando’ a los narcos

No obstante, su labor no queda aquí. La lucha contra el narcotráfico es su prioridad cada día que salen a patrullar por la zona del Estrecho. «Pasamos la información que obtenemos con nuestros sensores al Centro de Operaciones y Vigilancia de Acción Marítima (Covam) de la Armada», detalla el comandante, «que se comunica con los centros de coordinación y control de la Guardia Civil y del Servicio de Vigilancia Aduanera». De este modo, coordinando acciones, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad delEstado son más eficaces a la hora de ‘pillar’ a los narcos.

Si detecta un delito flagrante, el patrullero puede perseguir a las narcolanchas, aunque su velocidad hace que no corran «tanto como los malos», por eso, la mejor opción es acercarse de forma silenciosa, obtener información y pasarla al Covam, que la transmite a los organismos indicados. Y es que la mejor arma del ‘Vigía’ son sus sensores de exploración de superficie, incluida una cámara de infrarrojos de muy buenas capacidades, que les permite ver perfectamente de noche. «Podemos ser un poco los ojos de las embarcaciones rápidas de la Guardia Civil y de Vigilancia aduanera y coordinar sus acciones», detalla el capitán de corbeta Arenas.

Los sensores del ‘Vigía’ hacen que detecte las lanchas de los narcos con una gran precisión

El comandante del ‘Vigía’ cuenta que en los últimos tiempos el tráfico de planeadoras en la zona de La Línea se ha incrementado y que no solo ha cambiado la forma de actuar de las mafias de narcotraficantes, sino también de los inmigrantes que intentan alcanzar las costas de España que, «si bien antes no querían ser detectados, ahora ocurre todo lo contrario». No obstante, según explica el militar, se siguen manteniendo las dos rutas tradicionales de las pateras desde el norte de África, la del Estrecho y la que va hasta la isla de Alborán y desde allí a Motril. Principalmente la primera de ellas, «porque es más fácil e intentan hacerla con un flotador, una moto de agua o una tabla de surf». ¿Qué hacen cuando detectan una patera?, le preguntamos. «Nos colocamos a una distancia prudencial, para que no nos vean, no se pongan nerviosos y no se caigan al agua. Avisamos a nuestro centro de mando y éste se comunica con Salvamento Marítimo. Solo rescataríamos a los inmigrantes en caso de que observáramos que su vida corre peligro porque para nosotros es una prioridad absoluta la seguridad de estas personas en la mar», explica el comandante.

Sus patrullas las rigen unas órdenes de operaciones en los que se marcan los hitos que deben cumplir. Tienen que hacer presencia en los peñones, Chafarinas y Alborán y, cumpliendo esos hitos, disponen de libertad de movimientos. Por eso, cada vez que pueden, centran su actividad en el Estrecho de Gibraltar ya que, detalla el capitán de corbeta Arenas, «es un enclave geoestratégico donde se concentra el mayor número de delitos en la mar».

La dotación del patrullero ‘Vigía’ pasa 18 días al mes fuera de sus hogares garantizando las aguas de soberanía españolas y «velando por que no haya polución en los mares, narcotráfico o expolio de patrimonio arqueológico». Un trabajo sacrificado, callado y prácticamente invisible a ojos de la sociedad.

De Barcelona a Túnez

A principios de este mes de junio regresaron de Barcelona, donde realizaron jornadas de puertas abiertas el 24, 25 y 26 de mayo, con motivo del Día de las Fuerzas Armadas. Se fueron con la inquietud de no saber cómo les recibirían allí y han vuelto más que contentos. «En Barcelona solo hemos recibido muestras de cariño», detalla el comandante. Tanto es así, que más de 1.000 ciudadanos visitaron el patrullero gaditano mientras estaba atracado en la ciudad catalana.

Tras cinco días de descanso en casa inician el tránsito hacia el Estrecho, para participar en una operación contra el narcotráfico, junto a la Guardia Civil y Vigilancia Aduanera. Su labor es ser los primeros en detectar a los narcos para dar aviso y conseguir detenerlos.

Allí estarán 10 días, antes de partir hacia Túnez, donde realizarán labores de seguridad cooperativa, formando a la Armada de este país «para que ellos construyan su propia Defensa. De este modo también se contribuye a la seguridad de España, previniendo temas como la inmigración y el terrorismo y evitando que las mafias proliferen», detalla el teniente de navío García Santamaría. En el país africano realizarán ejercicios conjuntos con los militares tunecinos durante una semana, que abarcarán desde cómo apagar un incendio hasta hacer registro y control de buques.

Mientras, aprovechan cualquier ocasión para adiestrarse. De hecho, en el tránsito de Rota hacia el Estrecho asistimos a un ejercicio con helicópteros Hughes 500 de la Sexta Escuadrilla de Aeronaves de la Armada, al mando de los que se encuentran los alumnos del curso de piloto naval que realizan sus prácticas. De este modo, el adiestramiento es doble, por un lado, se adiestra a la dotación del barco y, por el otro, los futuros pilotos, oficiales de la Armada, toman en la cubierta de vuelo y ensayan aterrizaje y despegue. Algo nada sencillo porque, tal y como señala uno de los alumnos, el alférez de navío Marín López, la cubierta del ‘Vigía’ es de las más pequeñas de los buques de la Armada.

Con chaleco azul, lo que la define como una de las encargadas de ‘trincar’ al helicóptero con cadenas a la cubierta, la marinero Jezabel Hernández se mueve despacio pero segura. Esta canaria de 29 años forma parte del personal de maniobra y navegación y, además de participar en el ejercicio de vuelo, se encarga de vigilar en el puente durante sus guardias y ser patrón de la embarcación semirrígida (el ‘Vigía’ cuenta con dos) cuando se utilice.

El patrullero adiestrará a los militares de la Armada de Túnez, con los que realizará ejercicios conjuntos

Al ser una dotación de menos de 50 personas, aquí todo el mundo cumple varias funciones. Montan guardias de seis horas en sus puestos, después 12 de descanso (o adiestrándose, según toque) y de nuevo seis horas de guardia. El sargento Antonio Andrade lleva un año en el ‘Vigía’ pero 18 en la Armada. Cañaílla, 37 años y enamorado de la mar, está destinado en el servicio de aprovisionamiento, algo fundamental teniendo en cuenta que un barco es una pequeña ciudad y este servicio se encarga del aprovisionamiento de víveres, el alojamiento y la restauración del patrullero. Su jefe es el alférez de navío Álvaro Fernández que, además, forma parte del trozo de visita y registro, «encargado de hacer los abordajes a los barcos en caso de que lo determine el mando», detalla. Este isleño de 27 años también lleva la brigada de marinería, «me encargo de su disciplina y moral», explica.

Uno de los componentes de esta brigada es el marinero Manuel López. Sevillano, de 26 años y cursando el grado de Administración y Dirección de Empresas. Es el administrativo del barco, «papeleo de oficina», cuenta. Sus cuatro años en el ‘Vigía’ han sido de «trabajo, experiencia y aprendiendo mucho». Está contento en la Armada pero quiere pasar a la Guardia Civil, al igual que el soldado de Infantería de Marina Álvaro Márquez, tirador de precisión del Equipo Operativo de Seguridad del Tercio del Sur que se encarga de dar seguridad al barco. «Cubrimos las armas (dos ametralladoras y un cañón con los que está equipado el patrullero) y en el caso de que haya que actuar, lo hacemos». Además, ante un abordaje, ellos son los primeros que llegan al barco que va a ser registrado, comprobando que no hay nada peligroso. Porque el ‘Vigía’, además, no pierde de vista la amenaza terrorista.