CRIMEN DE CASTRO URDIALES

Mamen Merino: su historia antes de que apareciera la cabeza de su marido en una caja

Nacida en Utrera, pasó su infancia en Cádiz y luego volvió para casarse y tener dos hijos

LA VOZ
CádizActualizado:

Lo último que hizo Carmen Merino, Mamen para sus amigas, antes de que se destapara la caja de los truenos, en su caso la que contenía el cráneo de Jesús Mari Baranda, su pareja durante los últimos siete años, fue irse a la peluquería «para lavar y teñir. Tenía una boda en Cádiz, o eso nos dijo», aclara Izaskun, la joven que la atendió el 27 de septiembre y le cobró 24 euros. Apenas unas horas después una amiga de la ahora detenida abría el paquete envuelto en papel de regalo que, le había dicho, contenía juguetes sexuales y que custodiaba en su casa de Castro Urdiales desde hacía meses.

Una explicación que se ha revelado como la primera de una larga lista de mentiras que ha aupado a Carmen al podio nacional de lo macabro. Dice esta amiga que se lo dejó en previsión de que hicieran un registro los guardias civiles que investigaban la desaparición de Jesús Mari, vizcaíno de 67 años y jubilado de banca, y no le hacía ninguna gracia que vieran esas «marranadas» en su casa.

Todo fue bien hasta que la curiosidad inclinó esa balanza de lealtades. A partir de ahí, el horror. El horror y el estupor que ha invadido el pueblo. Este periódico ha reconstruido la biografía de Carmen, única detenida hasta hoy por un crimen que sigue sin confesar pero que ha acabado con ella en el penal cántabro de El Dueso en prisión provisional comunicada y sin fianza.

Carmen Merino nació hace 61 años en Utrera (Sevilla) y es la mayor de cinco hermanas, aunque la familia no tardó en mudarse a Cádiz, donde transcurrió su infancia. Con ella ya adolescente, su padre, que pertenecía al Cuerpo Nacional de Policía, fue destinado a Bilbao durante los años de la lucha contra ETA.

Volvió a Cádiz, se casó y tuvo dos hijos

La vida de Carmen todavía tenía que dar muchas vueltas. Volvió a Cádiz, donde se casó y tuvo dos hijos -niño y niña-, ya mayores e independizados. Su relación, sin embargo, acabó naufragando, el matrimonio se rompió y, al cabo de un tiempo, su ex murió.

Sea como fuere, Carmen acabó regresando al norte hace unos diez años y fijó su residencia en Castro Urdiales, donde su padre se había hecho con un bar restaurante del centro, La Cerámica, que regentó la familia «durante unos tres o cinco años antes de traspasármelo», explica su actual propietario, incómodo con este giro del destino. De allí, Carmen pasó a La Revancha, un agradable bar de la playa de Ostende, en el que trabajó un tiempo y donde entra en escena Jesús Mari.

«Les presentó una amiga común de la casa de Andalucía. Él iba a desayunar allí por las mañanas y una cosa llevó a la otra», repasaba esta semana Begoña. Su relato lo corroboran en la cuadrilla de Barakaldo. «Al poco de conocerla se la llevó a su casa, dijo que para que se ahorrara un alquiler», apostillan. Desde entonces, la pareja había hecho vida en común sin llegar a casarse -él también era divorciado y con dos hijos- y a menudo se les veía juntos, paseando el perrito de ella.

Los dos gustaban, sin embargo, de mantener sus respectivas rutinas: él con sus amigos -tenía cuadrilla en Castro y Barakaldo-. Carmen, por su parte, estaba muy vinculada a la Casa de Andalucía, donde bailaba sevillanas, rumbas y tangos los jueves de siete a ocho de la tarde. Una compañera de clases cuenta que «siempre había estado un poquito entrada en carnes, pero este invierno perdió mucho peso. Le preguntábamos qué le pasaba, y nos hablaba de la desaparición de su pareja y de la enfermedad de su hija. Se la notaba triste y deprimida».

Los amigos de él y su primo Alfonso Ricondo, sin embargo, se muestran más críticos. «Era complicada, siempre de mal genio. Le hacía desplantes en público». En lo que unos y otros coinciden es en que «él bebía los vientos por ella, le decía amén a todo y la tenía como a una reina». Hablan también de que Carmen tenía acceso a su cuenta y disponía del dinero que necesitaba.

Quienes les conocían sostienen que «eran mucho de viajar». También que iban mucho a Galicia, lo que encaja con las novedades desveladas por el 'Faro de Vigo' y que proyectan sobre ella una sombra añadida. Al parecer, Carmen estaría presuntamente detrás de varias estafas cometidas en esa comunidad.

La desaparición de Jesús Mari

La desaparición de Jesús Mari se produce el pasado febrero. Nadie al principio le da importancia, pese a que es hombre de «firmes rutinas». Le ven por última vez el 11 de febrero: comida en La Florida de Barakaldo, mus en el Niza... Lo de siempre. El 18, una semana después, desaparece de escena. Los amigos reciben un whatsapp disculpándose por no poder asistir y deseando a todos que se lo pasen bien. Pero su preocupación crece día a día. «No es propio de él desaparecer así como así», señalan cada vez que se juntan. Ni siquiera se ha llevado el coche.

Pasan las semanas y los intentos por saber de su paradero se estrellan contra el muro de Carmen, «que sólo nos cuenta milongas», se lamentan ellos. También sus primos Alfonso y Begoña, a quien la falta de noticias escama. «Vamos, a mí me dice mi marido que se larga y me planto a la puerta de casa hasta que me dé una explicación, una dirección, un teléfono...». El de Jesús Mari ha acabado en el váter por accidente, asegura Carmen para explicar por qué se fue sin él. «La desconfianza y desesperación de su entorno llega al punto álgido el 2 de abril. «Estaros tranquilos, voy de pasota», escribe supuestamente él en un whatsapp.

El efecto es el contrario. «Te cuesta un segundo llamarme, mientras no hable contigo no me voy a quedar tranquilo», le espeta Javier Lozano. «No me creo nada mientras no oiga tu voz», remacha su primo Alfonso. Echando la vista atrás, todos coinciden en señalar que Jesús Mari no estaba ya entre los vivos. El hallazgo de la caja con el cráneo es la confirmación -la peor posible- de sus sospechas.