La Unidad de Buceo de Cádiz realiza ejercicios de adiestramiento de forma habitual. - ANTONIO VÁZQUEZ
ARMADA ESPAÑOLA

Los hombres callados que vigilan bajo las aguas de la Bahía de Cádiz

Los buzos de la Armada se encargan de neutralizar explosivos, revisar muelles, reparar los cascos de buques militares o vigilar el Patrimonio Arqueológico

CádizActualizado:

Dentro de la cámara hiperbárica los oídos comienzan a taponarse y el calor aumenta al descender cinco metros de columna de agua. El oxígeno de las mascarillas favorece la descompresión y, al ir ascendiendo a la superficie, la sensación de taponamiento y el frío se incrementan. Es lo que siente un buzo al salir a la superficie. Cuando existe algún problema durante el ascenso, el buceador debe ser introducido cuanto antes en este habitáculo para evitar que se formen en su sangre pequeñas burbujas de aire que desembocarían en las llamadas 'enfermedades descompresivas'.

Desde el año 2015, la Unidad de Buceo de Cádiz (UNBUDIZ) dispone de una nueva cámara hiperbárica portátil, que se puede cargar en un camión o en un buque y transportarla a donde se quiera. De hecho, «el año pasado la embarcamos en el buque ‘Castilla’, en el marco del ejercicio multinacional ‘African Lion’», en el que participaron Estados Unidos, España y Marruecos, explican en esta unidad, con base en la Estación Naval de Puntales.

«La labor del buceador es difícil y callada», afirma el teniente de navío Carlos García Barrios, segundo comandante de la UNBUDIZ. Tanto es así que, para la sociedad, esta unidad de la Armada pasa prácticamente desapercibida, salvo cuando aparece un proyectil en la playa y acuden a desactivarlo. Algo que este año han hecho en 14 ocasiones, ya que los temporales han ocasionado que muchos antiguos proyectiles aparezcan en la arena de múltiples playas de las costas andaluzas. Y es que, la desactivación de explosivos bajo el mar y en la costa es una competencia exclusiva de la Armada. Para ello, cuentan con personal especializado, como el que compone la Unidad de Buceo de Cádiz. 29 militares (dos oficiales, un oficial enfermero, ocho suboficiales y 17 miembros de tropa y marinería), bajo el mando del capitán de corbeta José Soriano, siempre alistados, las 24 horas al día, los siete días de la semana y los 365 días del año para, cuando se les necesite, estar saliendo de su base en un máximo de dos horas. Su ámbito de actuación es desde la frontera con Portugal hasta el inicio de la provincia de Almería, incluyendo los peñones y Ceuta y Melilla.

Aunque todo el personal de la UNBUDIZ son buceadores, se dividen en los Equipos Operativos de Buceo (EOB) y, a su vez, en distintos destinos (maniobras, máquinas, buceo, compresores). Esta unidad gaditana cuenta con dos Equipos Operativos de Buceo y cada semana uno de ellos se encuentra de servicio. «El equipo que no está de servicio hace mantenimiento, pero también hay gente realizando cursos. Al final todos hacemos de todo», explica el teniente de navío García Barrios.

La Unidad de Buceo de Cádiz esta activada 24/7/365 para salir en dos horas a donde se les requiera

Pero la Unidad de Buceo de Cádiz hace mucho más que localizar, reconocer y neutralizar o desactivar artefactos explosivos bajo las aguas, en playas y costas, además se encarga de cooperar con las unidades de Medidas Contra Minas, de la protección y defensa de los buques de guerra, los muelles y las instalaciones bajo las aguas(o de buques mercantes cuando se les ordene), realizar trabajos submarinos de reparación de averías y salvamentos de buques de la Armada, llevar a cabo reconocimientos de playa o colaborar en la protección del patrimonio arqueológico sumergido.

De esta forma, por ejemplo, cuando un buque de la Armada Española va a llegar a un puerto, estos buceadores se encargan de revisar el muelle para comprobar que todo está en orden. Del mismo modo, realizan trabajos de reparación del casco de los buques o de limpieza de hélices, (esto último ayuda a ahorrar en combustible, señalan). O, en el ámbito civil, sin ir más lejos, participaron el pasado mes de mayo en el Plan Romero del Rocío, reconociciendo las dos orillas del río para que las lanchas supieran donde debían atracar.

Buzos al límite

La Unidad de Buceo llegó a la Estación Naval de Puntales en 1985, procedente del Arsenal de La Carraca, como una solución temporal que se ha convertido en permanente. Depende orgánicamente del comandante de las unidades de la Fuerza de Acción Marítima en Cádiz que, a su vez, depende del Almirante de Acción Marítima. Destaca de sus hombres su gran vocación, así como su preparación física y mental. Todos los días los componentes de la UNBUDIZ realizan un mínimo de una hora y media de deporte y, en el pequeño gimnasio de la unidad, hacen hasta CrossFit. Su profesión es muy demandante físicamente y «el cuerpo garantiza que la misión salga bien. Por eso el adiestramiento es muy importante», subrayan.

«El curso de la especialidad de buceo es muy duro», cuentan. Un año en la Escuela de Buceo de la Armada, en Cartagena. «Nos adiestramos con todos los equipos de buceo que disponemos: circuito abierto, cerrado y semicerrado, así como obras hidráulicas y soldadura submarina», explica el teniente de navío García Barrios. «Durante las dos primeras semanas se pone al personal en situaciones límite, sin botella, quitándote los plomos», explica, por eso, está seguro de que «si no te gusta el buceo, no podrías estar aquí, porque no superarías ni el curso».

Del personal de la UNBUDIZ destaca el segundo comandante su dedicación y la necesidad de formarse continuamente. «Aquí el trabajo cada semana es diferente. Funcionamos con un calendario compartido y, en función de lo que los barcos nos van pidiendo (una inspección de casco, por ejemplo), vamos al calendario y lo cuadramos. El equipo operativo que esté activado esa semana hace los trabajos de buceo, pero también hay que ‘tejerlo’ con la gente que está en un curso o de comisón. Al final intentamos que coincida el recurso de personal con el de los trabajos que nos piden. No hay mes que el calendario no esté completamente coloreado», cuenta el teniente de navío, natural de Jerez.

Y es que todos los barcos de la Armada que salen a navegar deben llevar un nadador de salvamento. Cuando por la pequeña entidad del buque este nadador no está en la dotación, lo piden a la UNBUDIZ, que comisiona uno de sus marineros para que ocupe ese puesto.

Una unidad muy versátil

En el pañol de autonómos el cabo primero Fernando del Barrio Arribas revisa los reguladores de una máscara de buceo autónomo. Cada máscara lleva dos reguladores y aquí se encargan de, una vez al año, sustituir las piezas y realizar su calibración, algo que hacen con todas las que tienen los buques de la Armada en esta zona, unas 150 aproximadamente. También se encargan de verificar las botellas de aire para que nada falle.

Pero no es esta la única labor que realiza el cabo primero del Barrio, ni mucho menos, «de vez en cuando patroneo las embarcaciones mayores, de 15 metros, que tenemos, ya que mi especialidad es la de maniobra», cuenta. Lleva en la UNBUDIZ ocho años y 25 de servicio en la Armada y este marino segoviano también participa en las intervenciones de neutralización de explosivos.

Todos los miembros de la Unidad de Buceo de Cádiz valoran de su trabajo que cada día para ellos es diferente, «porque nunca se sabe lo que te puede tocar».

Los buzos advierten del peligro que supone tocar proyectiles que se encuentren en la playa

«Somos una unidad muy versátil», asegura el brigada José Luis Sánchez, chiclanero y suboficial de operaciones, además del suboficial más antiguo de EOD (eliminación de artefactos explosivos) de la unidad. El brigada Sánchez, que estuvo desplegado en Bosnia, en el Líbano o en Libia, «cuando el derrocamiento de Gadafi había minas a la deriva», explica, no siente miedo al acudir a desactivar un explosivo. «La tensión es máxima porque nunca sabes lo que te vas a encontrar», cuenta, al tiempo que explica que «siempre buscamos eliminar el riesgo sin que haya detonación. Es trabajo de bisturí». «Sobre todo pienso en que no haya nadie civil que lo toque», señala al respecto el cabo primero del Barrio. Porque, hacen hincapié en que la gente a veces se encuentra un proyectil en la playa y se lo lleva a casa sin pensar en el gran peligro que conlleva. Dado que en la mayoría de las ocasiones, por muy deteriorado que esté el proyectil y por muy antiguo que sea, la carga suele encontrarse intacta y puede explosionar en cualquier momento.

Enamorados de su trabajo, estos buceadores no se ven en otro lugar, como el marinero Bruno Andrade Rey, sevillano y más de ocho años en la UNBUDIZ que, en su día a día realiza «inmersiones en papel» porque está destinado en la oficina, pero que también participa en los reconocimientos de muelles y cascos de los buques.

Para estar operativos constantemente al 100%, los componentes de la Unidad de Buceo de Cádiz realizan frecuentemente ejercicios de adiestramiento. El último de ellos, en un helicóptero de la Quinta Escuadrilla de la Flotilla de Aeronaves de la Armada, desde el que lanzaron la embarcación y los buceadores, que realizaron la búsqueda de una mina a la deriva. Una vez localizada, tres operadores hicieron que explosionara. Así, cuando ocurra como el año pasado en la playa sanluqueña de Bonanza, cuando un barco arrastró una mina de 200 kilogramos de la II Guerra Mundial que la UNBUDIZ consiguió llevar mar adentro y hundir a 16 metros para detonarla, estos buceadores volverán a cumplir sin novedad con su deber.