A la izquierda, el sarcófago fenicio masculino el día de su descubrimiento; a la derecha, el conocido arquitecto Pelayo Quintero.
A la izquierda, el sarcófago fenicio masculino el día de su descubrimiento; a la derecha, el conocido arquitecto Pelayo Quintero. - La Voz
Cádiz

Las 'fake news' del Museo de Cádiz

Seis mitos de la arqueología gaditana, analizados por el director de la institución cultural

Decenas de personas asisten en varios turnos a una actividad organizada por el Museo de Cádiz, dependiente de la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía, para ahondar en torno a las leyendas de sus obras

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No son pocas las leyendas que acompañan a la arqueología gaditana. Una ciudad con casi 3.000 años de historia que ha vivido durante las últimas décadas varios hallazgos que han marcado el imaginario colectivo de Cádiz. En torno a algunos de los últimos descubrimientos han surgido numerosos mitos ya anclados en el subconsciente gaditano. Rumores que con el paso de los años se asientan en el debate cultural y que acaban siendo «vox populi».

Con la premisa de desmitificar una serie de ideas preconcebidas, el Museo de Cádiz, dependiente de la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía, ha organizado este miércoles una ruta guiada para explicar qué hay de cierto y qué no en estos rumores alrededor de sus obras. Desde la figura de Pelayo Quintero hasta las ánforas romanas. Todo ello explicado por el director, Juan Ignacio Vallejo.

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  1. Pelayo Quintero y los sarcófagos

    Son las «estrellas» del Museo de Cádiz y les acompaña uno de los principales mitos de la arqueología gaditana: la figura de Pelayo Quintero Atauri, a quien algunos asignan, por confusión, ambos descubrimientos. La idea de un Pelayo Quintero volcado en cuerpo y alma en la búsqueda de un sarcófago fue reforzada cuando la Dama de Cádiz apareció en el solar donde años atrás se encontraba la vivienda del arquitecto. Pero, ¿qué hay de mito y realidad en una obsesión que hasta Fernando Quiñones exprimió a través de su literatura?

    Pelayo Quintero era un arqueólogo al que le apasionaba su trabajo. «¿Quería encontrar un sarcófago? ¡Como todos los arqueólogos?», espeta Juan Ignacio Vallejo. A pesar del subconsciente gaditano, ni Pelayo Quintero encontró el sarcófago masculino (1887), ya que aún no vivía en Cádiz; ni tenía constancia de que el femenino iba a aparecer justo debajo de su casa años después de su muerte. «Si lo hubiera encontrado no se lo habría callado», añade Vallejo.

  2. La cojera de Trajano

    En torno a la estatua colosal de Trajano encontrada en Baelo Claudia se ha generado otra de las 'fake news' del Museo: que la escultura representaba en un primer momento al emperador Claudio por el hecho de que cuenta con una calza en el pie. Si bien es cierto que no se descarta que la posible escultura pudo haber representado en una época anterior al emperador Claudio para luego ser readaptada a la cabeza de Trajano, el motivo de esta singularidad en la parte inferior de la figura no era representar ningún tipo de discapacidad física del emperador.

    Este matiz es fruto de una técnica del Contrapposto utilizada para dar dinamismo a las estatuas romanas adelantando uno de sus pies. Las diferencias entre la cabeza y la escultura son notables -de hecho fueron encontradas separadas y hay pruebas de que se elaboraron en distintos lugares-, pero esta peculiaridad no está asociada con un intento de representar la cojera de Claudio.

  3. Anillo fenicio de los... ¿atunes?

    Encontrado en la Casa del Obispo, popularmente adopta el sobrenombre de ‘anillo de los atunes’. Tradicionalmente se asoció a la importancia de los salazones en la historia de Cádiz y del antiguo Gadir. Sin embargo, esta figura representaría a otra especie marina: los delfines.

    Según el director del Museo, los atunes no adoptan una figura tan estilizada en el movimiento. Tras la comparativa con la representación que se hacía de los atunes en monedas de la época, gana enteros la opción de que se intentase dibujar a dos delfines y no a dos atunes. Sin embargo, la iconografía da pie a interpretaciones y el propio Museo de Cádiz ha promovido este debate en redes sociales en alguna ocasión.

    «No era extraño ver delfines por aquí», insistió Vallejo a los asistentes, interesados por el debate iconográfico. A pesar de que los estudios señalan a la figura del delfín, hay un apodo que no falla: ‘El anillo fenicio de la Casa del Obispo’.

  4. Las ánforas como utensilio del hogar

    Testaccio en Roma.
    Testaccio en Roma.

    Es fácil imaginar que las ánforas fueron recipientes cerámicos utilizados habitualmente en las ciudades y hogares de la época. La representación histórica de películas o dibujos animados acompañan en no pocas ocasiones esta teoría. Sin embargo, estos objetos estaban pensados para el traslado marítimo, atravesando grandes distancias en barcos.

    Su gran tamaño y las dificultades para movilizarlos en aquella época impedían que se desarrollaran escenas como las mostradas en Astérix y Obélix. De esta forma, explica Vallejo, las ánforas pudieron ser usadas excepcionalmente en algunos hogares, pero no era algo habitual ni práctico. Prueba de ello es el Monte Testaccio en Roma, una colina artificial compuesta por restos de alrededor de 53 millones de ánforas rotas que fueron acumulándose junto al puerto. Incluso Cádiz tiene su propio Testaccio frente a la Caleta y el barrio del Balón, como desarrolla la investigación de Darío Bernal Casasola.

  5. El 'milagro' del ajuar de la calle Escalzo

    Los objetos extraídos de la tumba de una niña romana son algunos de los más queridos por los seguidores del Museo de Cádiz. Muchos se sorprenden por la calidad de elaboración, especialmente por el material usado: el cristal de roca.

    La principal confusión llega al entender que se trata de vidrio de cuarzo, para el que sería necesario usar una tecnología de fusión y hornos capaces de alcanzar más de 1800 grados de temperatura. Teniendo en cuenta que históricamente el cuarzo no se consideró como un material fundible hasta el siglo XIX, ¿cómo fue posible hacerlo en el siglo I? Lo más probable es que estas piezas sean el resultado de semanas de mucha paciencia y pericia, a través de un laborioso trabajo de talla a partir de grandes trozos de cuarzo cristalino. La hipótesis de que durante 1700 años hubo un paréntesis histórico en el uso de este material está prácticamente descartada. De hecho, hay registrados trabajos del siglo VI a. C. a partir de esta compleja mecánica.

  6. Ídolos cilíndricos

    Situado en la Sala de Prehistoria se puede encontrar un cilindro de piedra que data de la Edad del Cobre. En él, es posible apreciar dos ojos y dos cejas reconocibles. En el lateral del cilindro, completando ese rostro, se trazan varias líneas que muchos han considerado como patillas o pinturas propias de tribus de la época. La reinterpretación de este hallazgo arqueológico deriva en una idea más compleja sobre la sociedad de la época.

    Las líneas laterales serían escarificaciones: heridas realizadas voluntariamente para obtener un dibujo que, en la mayoría de los casos, es estético. Sin embargo, los humanos de aquella época no querrían dar una mera finalidad decorativa a esta escerificación, sino que homenajearía a los antepasados. Una cicatriz en relieve que simboliza el paso de los siglos y que confirma la importancia del sentimiento de identidad de estas poblaciones. Una idea que va más allá y dota de contexto y valor humanizante al arte prehistórico.