Imagen de Rodríguez recogiendo el año pasado la medalla de Andalucía
Imagen de Rodríguez recogiendo el año pasado la medalla de Andalucía - Raúl Doblado
Entrevista

Miguel Rodríguez, dueño de Festina: «Los gobiernos se han bajado los pantalones con Gibraltar»

Este empresario nacido en La Línea emigró a Cataluña y hoy es conocido por su contribución a organizaciones no gubernamentales y a causas sociales

La Línea de la ConcepciónActualizado:

Miguel Rodríguez Domínguez es natural de La Línea de la Concepción (Cádiz). Propietario de la marca de relojes Grupo Festina, emigró a Badalona tras el cierre de la Verja de Gibraltar. Allí fue albañil y lavacoches de día y estudiante de Delineación y Peritaje Industrial de noche. En Suiza trabajó como camarero y empleado en una fábrica de turbinas. Regresó a España y abrió una tienda de relojes en Barcelona. Tal fue su éxito que compró dos marcas suizas en los ochenta, Lotus y Festina. Luego adquirió Jaguar y Candino. Hoy en día y tras sortear la crisis, está al frente de la compañía relojera que más factura en España, 199 millones de euros el año pasado. En 2010 fue nombrado Hijo Predilecto de La Línea de la Concepción y el año pasado recibió la Medalla de Andalucía. En La Línea es conocida su importante aunque callada contribución a organizaciones no gubernamentales y a causas sociales.

—Se ha hablado mucho estos días de la donación de Amancio Ortega a la sanidad andaluza. Me consta que usted hizo una muy importante para el hospital del SAS de La Línea. ¿Por qué lo hizo?

—El Estado usa los impuestos que pagamos en función a cómo entiende el Gobierno de turno. A mí, particularmente, me molesta mucho que mis impuestos se utilicen para que los niños en la escuela en Cataluña aprendan a odiar a España; me molesta muchísimo que mis impuestos sirvan para que la Generalitat abra embajadas paralelas para desprestigiar a mi país; que mis impuestos sirvan para que la Generalitat financie una televisión pública, que es TV3 y que es una escuela de adoctrinamiento... Por lo tanto, destino el 10% de mis beneficios a donaciones porque la ley lo permite. Lo hago desde hace muchísimos años y lo seguiré haciendo. Me molesta que el Estado los utilice para fines que van contra mis principios. Lo doy a acciones que yo, que he sido el que ha ganado el dinero, considero que son más justas y que tienen mejor uso. Yo elijo dónde va este dinero para que no se pierda en burocracia. Respecto al nuevo hospital de La Línea de la Concepción es cierto y conocido que doné un escáner de última generación y un mamógrafo, el más moderno y avanzado que había cuando lo compré.

—¿En cuánto están valorados ambos equipos de diagnóstico?

—Eso no es importante —contesta rehuyendo la respuesta—, pero no ha sido la única donación que he hecho. También hice una importante a la Fundación Puigvert. Me detectaron un cáncer de vejiga y tras ver a varios especialistas encontré esta clínica, considerada la mejor de España y una de las tres mejores del mundo. Les doné material de diagnóstico para el Davinci, un sofisticado equipo de última generación para este tipo de intervenciones. Me sometí a una intervención y me encuentro como cuando tenía 40 años. Propuse donar un Davinci al anterior Gobierno de la Junta de Andalucía pero no se llegó a ningún acuerdo. Es como si yo te regalo un camión y tú no tienes ni permiso de conducir. Con el actual Gobierno de la Junta de Andalucía no he tenido contacto.

—¿Qué opina de las críticas que ha recibido Amancio Ortega por dicha donación, algo que en este caso podría ser extensible a usted?

—Quienes han criticado a Amancio Ortega son unos pobres ignorantes a los que no merece la pena ni responder. Son gente que no ha contribuido al bien social ni a la generación de riqueza ni creación de puestos de trabajo en nuestro país. Dicho esto, yo admiro, al menos en eso, a Amancio Ortega. Necesitaríamos cien Amancio Ortega. Es un hombre simple, trabajador y con bastante visión.

—En eso guarda bastantes similitudes con usted...

—En algunas cosas sí, en otras hay que guardar muchas distancias.

—Ha vivido gran parte de su vida en Cataluña, donde fundó su empresa y su familia. ¿Cómo está viviendo el conflicto independentista?

-Me parece gravísimo que España se tenga que adaptar a Cataluña y no a la inversa. El Gobierno continúa, por ejemplo, planteando el Corredor del Mediterráneo cuando pasa por una región que está constantemente pidiendo la independencia. El primer conflicto que yo tuve con los Mossos de Escuadra fue hace diez años. Me hicieron una inspección en una de mis empresas y me pusieron 16 faltas graves por cuestiones completamente absurdas, como se demostró finalmente porque aquello quedó en nada. El mismo día que ocurrió decidí cambiar la empresa a Sevilla. Se trata de Time Road, domiciliada en Sevilla y por la que ingreso ocho millones de euros sólo en concepto de IVA a la Hacienda pública andaluza. Tiene 800 trabajadores. Festina Lotus me la llevé a Madrid y dos años antes de que empezaran los problemas trasladé a Madrid otra de mis empresas. Me adelanté. Tomé la decisión y comuniqué a mis bancos que iba a trasladar mis cuentas de Barcelona a Madrid. Hubo sorpresa. Un año después me siguieron los bancos. Por otra parte, tengo que decir que hace 25 años que no invierto un euro en la televisión catalana. Primero, porque exigían que los anuncios fueran en catalán y yo no quería y luego, cuando llegó la crisis y me dijeron que sí, fui yo el que respondió que no. No subvenciono a una te

—¿Por qué se fue a Suiza? ¿Dónde paga sus impuestos?

—Por la misma razón por la que me llevé mis empresas de Cataluña. Por el conflicto catalán. Eso sí, por las empresas que tengo en España pago mis impuestos en España, como no podía ser de otra manera.

—Como linense y campogibraltareño imagino que está siguiendo toda la actualidad relacionada con el Brexit y Gibraltar ¿No es así?

—Creo que Gibraltar es un cáncer para España. Gibraltar vive de España. Lo que no hay que hacer con Gibraltar es

bajarse los pantalones como han hecho los gobiernos y sobre todo este último del PSOE. Cuando dicen que hay

10.000 españoles trabajando en Gibraltar es una falsedad porque pagan sus impuestos allí. Debería llegarse a un acuerdo para que pagasen los impuestos en España. Los que trabajan en Gibraltar pagan sus impuestos allí, que no compensa a La Línea por los servicios que La Línea le presta. Y no sólo el español, sino todos esos rumanos y de países del Este que están ocupando las plazas de los españoles en Gibraltar. Toda esa gente va a dormir a La Línea, vive y lleva a sus hijos a los colegios en La Línea pero no cotiza en España, sino en Gibraltar. El cantón de Ginebra, que tiene 180.000 habitantes, le paga a los pueblos de alrededor de Ginebra en la zona francesa 160 millones de euros al año. En el cantón del Jura (Suiza) donde yo tengo dos fábricas, los empleados transfronterizos pagan los impuestos en Francia, porque hay un acuerdo. Esto se podría hacer en el caso de Gibraltar y La Línea. Y esto sin entrar en los impuestos que tendría que pagar Gibraltar por la ocupación del campo neutral y del aeropuerto, que es territorio español.

—¿Qué le parece que el alcalde de La Línea persiga que el municipio sea declarado Ciudad Autónoma?

—¿La Línea Ciudad Autónoma?. Eso es una masturbación intelectual. Los de mi barrio de La Línea, La Colonia, también vamos a pedirlo porque somos diferentes a los del centro y estoy seguro que La Atunara también.

—¿Y de la lacra del narcotráfico en La Línea y el resto del Campo de Gibraltar, qué opina?

—El narcotráfico es la consecuencia de Gibraltar. Me hago además otra pregunta, ¿por qué no hay ninguna patera que llegue a Gibraltar? Hay un efecto llamada clarísimo en España. En campaña electoral estuvo en la Línea un diputado español originario de Senegal. Espero que la televisión pública senegalesa sea más consecuente que los partidos en España, porque como vean a este chico diciendo que hace diez años vino en patera y que hoy es diputado y ocupa un cargo en un partido... el efecto llamada será tremendo. Otro indiscutible se produce en Cataluña cuando la Generalitat le da hasta 1.800 euros a una familia inmigrante.