Ćapilla ardiente de Gabriel Cruz en Almería - EFE

GABRIEL CRUZSilencio y dolor en la despedida de Gabriel Cruz

Miles de almerienses muestran su pesar y apoyo a la familia

ALMERÍAActualizado:

Un silencio sepulcral sólo roto cuando el coche que portaba el féretro con los restos de Gabrielse adentraba en la calle Navarro Rodrigo. En la puerta de la Diputación, en cuyo Patio de Luces se había habilitado la capilla ardiente, estacionó el vehículo. Los miles de almerienses que se agolpaban en las inmediaciones permanecieron callados hasta que el ataúd blanco inmaculado se dejó ver tras una enorme hilera de coronas. Fue entonces cuando la rabia contenida se tornó en aplausos. Una ovacióntan indeseada como merecida.

Era la señal. Los padres, que aguardaban dentro arropados por familiares y amigos, sabían que había llegado el momento. Su pequeño fue conducido a hombros hasta alcanzar la plataforma de terciopelo azul donde fue depositado, a los pies del escudo provincial y abrazado por un pequeño, como él, jardín de flores blancas con su imborrable sonrisa plasmada en una foto y acompañado por varios de sus inseparables «pescaítos».

Tras unos minutos en el que los familiares más directos pudieron despedirse en la intimidad, llegó el turno para que la sociedad almeriense, esa que se volcó con ellos desde el minuto uno, pudiera despedirse de su pequeño. Sin cesar, en silencio, uno a uno, fueron transitando por el Patio de Luces los miles de almerienses que llevaban varias horas aguardando en unas largas colas que alcanzaban el Paseo de Almería y la Rambla. En el umbral de la puerta había dispuesta una mesa vestida con mantel negro con dos libros de condolencias, donde se fueron plasmando de puño y letra las muestras de cariño y ánimo para una familia completamente rota. Peluches, cartas y dibujos colmaron poco a poco este espacio.

El improvisado altar estaba flanqueado por una hilera de sillas. En ellas descansaban los padres. Patricia, con su inseparable bufanda azul, y Ángel, sin perder contacto con Puri Carmen, la abuela del pequeño, que apenas podía estar en pie. Han sido doce intensas jornadas de búsqueda y de enorme incertidumbre que han terminado haciendo mella en sus caras con la impotencia como aliada ante el trágico final.

Tanto el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, como la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, estuvieron presentes en esta despedida, abrazando y mostrando su dolor a Patricia y Ángel, así como al resto de familiares y amigos. Les trasmitieron cercanía y comprensión en estos duros momentos.

«He mantenido con ellos un contacto muy directo, comprendo el dolor desgarrador que tienen tanto la madre como el padre», expresó Zoido, que señaló que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, había telefoneado personalmente a los progenitores. Por su parte Díaz, visiblemente emocionada, explicó que «la sonrisa de Gabriel ha entrado en nuestras casas. Muchas madres jóvenes sentimos hoy dolor, nadie puede ponerse en la piel de Ángel y Patricia que además han mostrado una gran dignidad, ternura y talla humana pidiéndonos a todos serenidad y sosiego».

Prácticamente todos los representantes de instituciones estuvieron en este adiós. No faltó el abrazo sincero del teniente coronel de la Comandancia de la Guardia Civil en Almería, José Hernández Mosquera, responsable de la investigación. Respeto y admiración por esta familia que no ha perdido la cordura y que se mantiene coherente en estos duros momentos. Además, viajaron desde Huelva los padres de Mari Luz Cortés, Irene y Juan José, éste había participado en varias jornadas de búsquedas sobre el terreno.

Hoy, a las 10.30 horas, se celebrará la misa funeral por Gabriel, también abierta al público, en la Catedral de la capital. Las exequias serán oficiadas por el obispo, Adolfo González.