María José Notario, en la plaza de la Magdalena de Córdoba
María José Notario, en la plaza de la Magdalena de Córdoba - Valerio Merino
En primera persona

Testimonios de cordobesas en convivencia con el cáncer de mama

Una enfermera que perdió sus dos pechos y una joven con un hijo recién nacido plantan cara a la enfermedad

CórdobaActualizado:

FUE su marido el primero que le recomendó que visitara al médico, quien casi la empujó hasta la consulta del centro de salud. «Tenía tanto miedo que no quería enfrentarme a un posible diagnóstico negativo. Prefería taparme los ojos antes de darle la cara a lo que tuviera que venir. Y que vino», recuerda Asunción Ortiz, una mujer joven, de poco más de treinta años, que ha visto cómo su vida cambiaba, y para mal, justo cuando empezaba a gozar de las cosas con las que cualquiera sueña: una pareja que la comprendía, un bebé sano, un futuro laboral. Ella tiene grabado en la memoria el momento exacto en el que su marido se dio cuenta de que en su pecho izquierdo había algo raro.

«A veces te preguntas qué has hecho mal para que esto te caiga del cielo como una maldición. Pero no hay respuestas. Solo preguntas. Cuesta encontrar un resquicio de esperanza. Aprendes a vivir con la enfermedad, a que sea parte de ti, de los tuyos, de tu día a día», reflexiona Ortiz. Su expediente pasó a la unidad especializada en cáncer de mama del Hospital Reina Sofía. «La única opción, me dijeron, era extirpar el tumor, que no era pequeño. Cuando te dicen que te van a quitar gran parte de un pecho te quieres morir. Luego te explican que la reconstrucción es inmediata, como de hecho sucedió, y que lo importante es que la metástasis no te afecte al brazo y a los ovarios. He tenido suerte, al menos en ese sentido, y todo se ha quedado reducido al pecho».

«No sé si un hombre puede entender lo que siente una mujer cuando te quitan algo tan femenino como los senos», dice Asunción Ortiz

«No sé si un hombre es capaz de entender lo que siente una mujer cuando la enfermedad, o el destino o la mala suerte o como quieras llamarlo, le quita algo tan femenino como sus senos. Fíjate que hasta hace nada he estado dándole el pecho a mi niño. Y ese pecho ya no existe. Es como si te desposeyeran del vínculo más estrecho entre tu hijo y tú», relata.

A María José Notario, una enfermera especializada en Salud Mental de Atención Primaria, también le carcome la conciencia todo lo que le ha sucedido desde marzo de 2018. A sus sesenta y dos años siente que la vida le ha dado una lección de esperanza y de superación. «Cuando te comunican la noticia, el impacto es brutal por mucho que estés familiarizada con temas sanitarios, como es mi caso al llevar como llevo cuarenta y un años ejerciendo como enfermera».

«Has de recurrir a las cosas sencillas, ha dedicarte tiempo a ti, a pensar, a compartir», dice María José Notario

«Todo empezó el pasado 27 de enero, cuando me llamaron de mi centro de salud para hacerme un ‘screening’ o cribado para mujeres mayores de cincuenta años. Algo vieron raro después de la prueba y me volvieron a llamar al mes siguiente para repetirme la mamografía. Dijeron que era un tumor pequeño, que no se veía bien, y que estaba en la mama derecha», rememora. Después de una biopsia y de una resonancia magnética posterior el diagnóstico tuvo la traza de una devastación: cáncer de mama bilateral, por lo que fue preciso, y de inmediato, la concurrencia de una sesión de cirugía en abril. «Me hicieron una tumorectomía en los dos pechos y me quitaron sendos tumores. La cosa no quedó ahí. A continuación me dijeron que era necesario limpiarlo todo y me sometí a una mastectomía, y en la misma operación me pusieron las prótesis».

La diferencia entre la tumorectomía y la mastectomía es que la primera intervención es menos agresiva, ya que se centra en la extirpación del tumor, mientras que la segunda supone la retirada completa de la mama. En el caso de María José se vio privadas de las dos. Eso ocurrió el 7 de julio. «Desde entonces me estoy recuperando de mis heridas. Poco a poco. Con paciencia», resume la enfermera, a la que la que el cáncer de mama le ha llegado con una fuerte carga hereditaria. «Somos cuatro hermanas y las cuatro lo hemos desarrollado. Mi madre vive y está sana, pero mi padre padeció cáncer de próstata». Desde entonces la vida ha cambiado. «Te das cuenta de que tienes que agarrarte a lo mejor que tienes en la vida para vivir lo mejor posible el tiempo que vayas a estar sobre la Tierra. No hay más. Has de recurrir a las cosas sencillas. A dedicarte tiempo a ti. A leer. A pensar. A meditar. A compartir. A pasear, a pasear mucho. Y a decirle que no a todo lo que signifique generación de estrés. En resumen: de lo que se trata es de parar, de ver la vida de otra manera».