Altar mapuche
Altar mapuche - REUTERS

La revolución de los mapuches se extiende a Argentina

El pueblo indígena es la principal amenaza de la democracia en Chile y amenaza con infiltrarse al otro lado de los Andes

Buenos AiresActualizado:

«La violencia termina haciendo mentirosa la causa más justa». Las palabras del Papa, en el aeródromo de Maquehue, corazón mapuche de la Araucanía, no necesitaban mayor explicación. Los chilenos entendieron en ese instante que el mensaje estaba dirigido a los mismos que dedicaba «la misa por el progreso de los pueblos», a los mapuches sobre los que, en simultáneo, pidió reconocer sus derechos.

La causa mapuche es el mayor dolor de cabeza del Gobierno de Chile y amenaza con convertirse en pesadilla en Argentina donde la barrera de los Andes no parece lo suficiente alta para evitar que los sectores más radicales se infiltren en su territorio. El Gobierno de Mauricio Macri tiene registrados más de 77 hechos violentos en los cuatro últimos años. Tres son las provincias afectadas por esta pseudorevolución indígena siglo XXI: Río Negro, Chubut y Neuquén.

La organización terrorista RAM (Resistencia Ancestral Mapuche) es la que actúa con mayor virulencia a este lado de los Andes. Cortes de ruta, incendios de propiedades, secuestros, atentados a tendidos eléctricos, refriegas con fuerzas de orden y toma de tierras en la Patagonia son los delitos más habituales. Uno de los líderes importados, Facundo Jones Huala está pendiente de extradición a Chile.

La muerte de Santiago Maldonado se enmarca en uno de esos «cortes de ruta» mapuche. Los indígenas y organizaciones sociales afines al kirchnerismo presentaron el caso como si el joven, de 28 años, hubiera sido un detenido desaparecido. La realidad y la autopsia, tras hallarse (dos meses y medio más tarde) su cadáver en el río Chubut, demostró que se había ahogado sólo, sin ayuda de otros.

Las demandas de los mapuches apuntan a la recuperación de territorios ancestrales que, históricamente, estaban asentados en las zonas del Bio Bio y la Araucanía chilena. Los Gobiernos de Eduardo Frei y Salvador Allende intentaron reparar la situación con una reforma agraria que incluía el reconocimiento de parte de las tierras. La dictadura posterior de Pinochet (1974-1990) dio marcha atrás con aquellas medidas y los Gobiernos de Michelle Bachelet y Sebastián Piñera, acometieron un proceso de delimitacióny devolución de tierras considerado insuficiente por la red de colectivos mapuches más radicalizados. En la Araucanía ocupan unas seiscientas mil hectáreas, un 5 por ciento de las tierras que reclaman como herencia de sus antepasados.

Estos pueblos originarios, con fama de pacíficos, mostraron su rostro más violento en los años 90. El desembarco de multinacionales extranjeras (españolas entre otras) para desarrollos de energía eléctrica, la deforestación y el emplazamiento de empresas madereras, sirvieron de justificación a esos grupos para encabezar un plan sistemático de quema de vehículos que luego se hizo extensivo a propiedades e iglesias. Según el listado de «Presos políticos mapuches» del portal Meli Wixan Mapu, hasta hace un año las cárceles chilenas albergaban 37 detenidos. Buena parte de los mismos cumplen condena o están en prisión preventivas por los delitos mencionados. Los más comunes son por incendio y portación de armas y municiones . Pero no son pocos los que se encuentran bajo arresto por asesinato. Entre estos, Sabino Catrilaf Romero, imputado por «delito de incendio con resultado de muerte de caracter terrorista», Aurelio Catrilaf Parra, José Tralcal Coche, Juan Tralcal Quidel o Luis Sergio Tralcal Quidel.

Un caso resulta emblemático. El del matrimonio de Werner Luchsinger, de 75 años y su esposa, Vivianne MacKay. Ambos murieron, en el 2013, calcinados bajo las llamas en su finca de Vilcún mientras pedían auxilio por teléfono. Pese a que sus tierras no estaban entre las demandas oficiales de los mapuches permanecían en el ojo del huracán desde lo que se denominó «pacificación (u ocupación) de la Araucanía» o creación del actual estado chileno tras su independencia y reconquista de los territorios indígenas (pehuenches y mapuches).

En el siglo XIX, el Estado expropiaría los terrenos baldíos que los mapuches no trabajaban y beneficiaría a los colonos, como los Luchsinger, que llegaron con ideas emprendedoras. Sería el principio de una historia de demandas (unas legítimas y otras no) y rencor que terminaría dando origen a la CAM (Coordinadora Arauco Malleco). Esta agrupación agrupa a decenas de colectivos mapuches y es la que tiene más preocupadas a las autoridades chilenas por sus atentados. Héctor Llaitul, uno de los lideres, condenado a 14 años de carcel, por robo con intimidación y homicidio frustrado, sitúa el origen de sus actividades criminales de la CAM «en 1995 y 1996». En concreto, en la ira que les provocó interceptar una conversación entre Carabineros y guardas forestales de Bosque Arauco que les habían dispersado, después de que intentaran tomar unas tierras. «Nos retiramos al predio (estancia) de una Machi (referente espiritual y consejera) que nos respaldaba para refrescarnos unos momentos. Les habíamos arrebatado unas radios de comunicación a los forestales» y al sintonizar la frecuencia oyeron:

—Oiga mi cabo ¿Se han visto más indios de mierda por ahí?

—Negativo, no se encuentran los indios de mierda.

—Mi cabo, si vemos un indio lo vamos a atropellar, le vamos a pasar por encima del camión.

—Positivo, háganlo mierda.

Aquel diálogo, continúa el Llaitul, «escurrió una rabia a flor de piel. Entonces se levantó un peñi (hermano, macho) que parecía estar dormitando y dijo con voz fuerte: el que tenga pantalones y se sienta mapuche, que me siga» La secuencia siguiente fue prenderle fuego a los camiones que encontraban al paso, así, resume, se «ritualizó la lucha mapuche».

Los detalles del «Comandante Héctor» o «El negro», como se refieren al dirigente mapuche, los ofrece en el libro que recoge sus charlas con el exministro Jorge Arrate, «Weichan, conversaciones con un weychafe en la prisión política». En un fragmento, resume: «Vivimos la tercera invasión del territorio mapuche. Los españoles emprendieron la primera -y la concretaron parcialmente- estableciendo la frontera que construía el Bío Bío. La segunda fue la ocupación de nuestros territorios del Bío Bío al sur por el ejército chileno, en la segunda mitad del siglo XIX... Hoy -concluye- tiene lugar la tercera invasión: los mapuches que aún sobreviven en sus tierras son diariamente invadidos por las forestales, las empresas hidroeléctricas, las exploraciones y las explotaciones mineras. Es el sistema capitalista, son las transnacionales» (multinacionales).

La violencia hasta entonces no era uno de los rasgos del pueblo mapuche. Sus miembros son muy diferentes, no responde a un único lider y en su mayoría están insertado en la sociedad. Algunos siempre vivieron en el campo en condiciones muy rústicas, otros se incorporaron al pueblo, como Hector, después de pasar por la universidad e incluso, como reconoce él mismo «Hubo mapuches que se formaron en Cuba y no sienten el llamado de la madre tierra». Otras fuentes vinculan sus entrenamientos con la Farc y hasta con ETA.

Los gobiernos de Argentina y de Chile comenzaron a trabajar en coordinación. Los pasos fronterizos por los que cruzan de un país a otro sin control están ahora reforzados. El desafío no es sencillo y la posibiidad de tender puentes de pacificación no parece viable. El secretario de Derechos Humanos de Argentina, Claudio Avruj, lo recordaba con resignación recientemente, «es imposible dialogar con estos grupos violentos porque no tienen un interlocutor válido, se muestran con los rostros tapados y no reconocen el estado de derecho».