Muestras post-mortem de individuos con párkinson, las células cerebrales llamadas astrocitos muestran evidencia de senescencia celular. Las células senescentes pierden una proteína específica de sus núcleos; esta proteína está indicada con la señal verde en la imagen de arriba. Dicha proteína se pierde de los astrocitos (glóbulos rojos), pero no de las células vecinas. En la imagen de la izda., los astrocitos no parecen ser senescentes en individuos de control.
Muestras post-mortem de individuos con párkinson, las células cerebrales llamadas astrocitos muestran evidencia de senescencia celular. Las células senescentes pierden una proteína específica de sus núcleos; esta proteína está indicada con la señal verde en la imagen de arriba. Dicha proteína se pierde de los astrocitos (glóbulos rojos), pero no de las células vecinas. En la imagen de la izda., los astrocitos no parecen ser senescentes en individuos de control. - Georgia Woods, PhD Buck Institute for Research on Aging
NEUROLOGÍA

Un tipo de neuronas, posible diana para un tratamiento futuro del párkinson

Alrededor del 5% de los casos son provocados por la genética y el resto se cree que está causado por una combinación de factores genéticos y ambientales

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Investigadores del Instituto Buck (EE.UU.) presnetan en un artículo que s epublica en «Cell Reports» una nueva vía potencial para el párkinson, un desorden neurológico incurable y progresivo, que afecta millones de personas, despojándoles de la capacidad de controlar el movimiento. La clave, aseguran los investigadores radica en la eliminación sistémica de astrocitos senescentes. Los resultados en modelo de ratón han sido positivos.

Las células senescentes, que dejan de dividirse en respuesta al estrés, secretan factores nocivos que causan daño tisular y conducen a la inflamación crónica. «Aunque se ha visto implicada la senescencia en el párkinson y otras enfermedades neurodegenerativas, creemos que es la primera vez que limpiar las células inflamatorias evita que los síntomas se desarrollen en un mamífero vivo», subraya la autora principal del estudio, Julie K. Andersen. «Esperamos que el hecho de que pudiéramos hacer esto en un modelo esporádico, más que genético, del Parkinson, resalte su relevancia como una nueva forma potencial de abordar la forma más prevalente de la enfermedad», añade.

Los investigadores afirman que se trata de una investigación inusual dado que se centra en la senescencia de los astrocitos, las llamadas células «colaboradoras» que realizan una variedad de tareas, desde la guía del axón y el soporte sináptico hasta el control de la barrera hematoencefálica y el flujo sanguíneo. A pesar de que los astrocitos son el tipo de célula más numerosa dentro del sistema nervioso central, Andersen cree que han sido subestimados como 'hijastros' en la mayoría de las investigaciones básicas de neurociencia.

Tratamiento efectivo

La experta considera que la gran mayoría de la investigación sobre el párkinson se ha centrado en la toxicidad que afecta directamente a las neuronas específicas implicadas en la patología, «pero nadie ha presentado un tratamiento efectivo basado en ese enfoque». «Esta investigación sugiere que los astrocitos senescentes pueden contribuir al desarrollo de la enfermedad y estamos emocionados de explorar esta vía», afirma.

La investigación mostró que el tejido post mortem de pacientes con párkinson revela aumento de senescencia astrocítica, y que los astrocitos humanos cultivados expuestos al pesticida paraquat, una neurotoxina formalmente relacionada con el desarrollo de la enfermedad de Parkinson en trabajadores agrícolas, también se vuelven senescentes.

Los ratones utilizados en este trabajo tenían seis meses de edad, el equivalente humano de aproximadamente 34 años de edad. El laboratorio de Andersen espera estudiar el impacto de la senescencia astrocítica en roedores en distintas etapas de la vida para ver si se puede revertir el Parkinson además de evitarlo.

Se estima que de siete a diez millones de personas viven con la enfermedad en todo el mundo

«La inflamación crónica alimentada por la senescencia provoca muchas enfermedades relacionadas con la edad y es muy posible que el Parkinson esté entre ellos», afirmaAndersen, quien agrega que la inflamación astrocítica puede desempeñar un papel en otras patologías neurodegenerativas como el alzhéimer. «Este modelo nos brinda una manera de expandir nuestra forma de ver y potencialmente tratar una variedad de enfermedades», apunta.

Existe una necesidad desesperada de tratamientos para el párkinson. Se estima que de siete a diez millones de personas viven con la enfermedad en todo el mundo. Además del temblor en reposo y la dificultad para caminar y mantener el equilibrio, el Parkinson también conduce al deterioro cognitivo y la depresión, y los síntomas se vuelven más severos a medida que la enfermedad avanza. Alrededor del 5 por ciento de los casos son provocados por la genética. El resto se cree que es causado por una combinación de factores genéticos y ambientales, como los antecedentes familiares, las mutaciones genéticas, el consumo de agua de pozo y la exposición a pesticidas o metales.