Manuel Contreras

Camino Soria Manuel Contreras

¿Por qué el PP se dispara en el pie en el momento en que más se necesitan sus piernas para que España empiece a andar?

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¿Por qué el PP se dispara en el pie en el momento en que más se necesitan sus piernas para que España empiece a andar?

Pese a haber desmostrado una aquilatada habilidad para meter la pezuña en este tipo de cuestiones, la forma en la que el PP ha gestionado el «caso Soria» permite conjeturar sobre la intención última de los responsables del partido en este asunto. Son teorías elaboradas a partir de una premisa de incredulidad: no es posible tanta torpeza. A lo largo de los últimos años los populares han demostrado tanta solvencia en la gestión económica del país como carencias en sus habilidades políticas, con especial desacierto en todo lo referente a la intendencia interna del partido y las cuestiones relacionadas con la corrupción. Pero, aún así, la cadena de errores en la gestión de la candidatura del exministro José Manuel Soria como director ejecutivo al Banco Mundial excede ampliamente el margen habitual de equivocación, provocando un terremoto mediático de escala 8.0 en la escala Mariano.

¿Cómo es posible que el PP reabra un tema ya zanjado, en el que actuó con razonable diligencia, agravando incluso la repercusión inicial del mismo? ¿Por qué da un balón de oxígeno a Pedro Sánchez en su momento más delicado, poniendo en su mano una razón para justificar ante su partido la pertinaz negativa a abstenerse en la investidura de Rajoy? ¿Para qué permite a Podemos y demás partidos radicales desempolvar su viejo argumentario contra la casta, las puertas giratorias y demás farfolla antisistema, justo en pleno declive electoral de estas fuerzas políticas? ¿Por qué, en definitiva, el PP se dispara en el pie en el momento en que más se necesitan sus piernas para que el país eche a andar? Las teorías sobre este desliz apuntan en distintas direcciones: hay quien cree que responde simplemente al compromiso moral de Rajoy con su exministro de Industria, obligado a dimitir como un corrupto sin haber cometido ninguna irregularidad. Otros, peor pensados, ven un rastro de la guerra sucesoria tras el escándalo. Según esta versión, Rajoy habría caido en una celada en la que no habría tenido toda la información sobre la designación de Soria. Un torpedo dirigido en realidad contra Feijoó, un posible sucesor al que complicarían enormemente las elecciones gallegas y, por consiguiente, su futuro como líder nacional. Una última interpretación vincula el escándalo con las encuestas electorales y una supuesta preferencia del PP por acudir a las urnas, ya que los sondeos garantizarían una mayoría con Ciudadanos que sería más cómoda para Rajoy que la que pudiera alcanzar en el actual escenario parlamentario.

Vaya usted a saber. El «caso Soria» certifica, en cualquier caso, que España es un país sometido a una tensión política permanente en la que cualquier eventualidad tiene una trascendencia capital y puede provocar una reacción en cadena de consecuencias imprevisibles. Una situación de inestabilidad crónica en un momento en que el país necesita exactamente lo contrario.

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