Agéndelo, Majestad

Siempre nos quedará el Rey para movilizar a España

Antonio Burgos
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Dicen que nunca segundas partes fueron buenas. Depende. Para la media Cataluña que vota independendista y quiere separarse de España cuanto antes, Torra no ha sido un melón por calar, sino que antes de su investidura ya les ha salido mucho mejor que Puigdemont. En sus lamentables Obras Completas Antiespañolas que nos recopiló Inés Arrimadas y en cuanto largó por esa boquita, ha ido ya mucho más lejos que Puigdemont, el prófugo de la Justicia por rebelde y sedicioso. Piensen en la mayor barbaridad que imaginarse puedan: bueno, pues esa la ha dicho Torra antes de su discurso de investidura, en su discurso de investidura y después de su discurso de investidura. A este racista supremacista absolutamente impresentable en los parámetros democráticos de la Unión Europea del siglo XXI hasta se le queda corta lo de la República Independiente Catalana o como se llame lo que proclamó el otro antes que lo empapelaran y saliera de Juan Naja de Levante camino de Dinamarca, por si ya no hubiera ya allí algo que oliese a podrido.

Desmesura. La palabra es desmesura. Que rima con locura. Toda barbaridad que se pueda ocurrir contra España y los españoles, contra la Constitución y contra las leyes, forma parte de esas Obras Completas verbales o escritas que ya se ha levantado Torra, el mocito pinturero títere del huido a Berlín, donde ha levantado un muro contra España que, puestas así las cosas, veremos quién lo derriba. Lo de Cataluña está mal y peor que se va a poner, tras la aplicación de un 155 absolutamente inédito y desaprovechado, que no ha servido para nada y cuya virtualidad ha quedado embotada.

He dicho «desmesura» como medida de todas las locuras de un racista rabioso al que sigue, no se olvide, media Cataluña. Y ante tamaña amenaza para España, su unidad, sus leyes, su convivencia, su Constitución, ¿qué pide Rajoy? Pues «mesura». Es para mesarse los cabellos. Porque lo ha que hecho Torra ha sido, perdón, mearse en España y encima limpiarse en las cortinas de todas nuestras leyes e instituciones democráticas, del Tribunal Constitucional al Gobierno nacional y a la Constitución. No sé a qué viene esto de que Rajoy...

-¡Rajoy, que es pá hoy!

No sé a qué viene esto de que Rajoy se tenga que reunir con Sánchez y con Rivera en vez de prolongar lisa y llanamente y (lo que es más importante) aplicar de una vez y en serio el casi inédito artículo 155 para salvar nuestra unidad patria y nuestro sistema de libertades entre todos los pueblos de España, que deben ser iguales y con los mismos derechos. Teniendo, como tiene, mayoría absoluta en el Senado para atajar por la sano la última edición de este cáncer que le ha salido a España y que con Torra puede entrar en fase de metástasis terminal. Rajoy dice que aplicará el 155 en cuanto el investido presidente Torra cometa una ilegalidad. ¿Qué más ilegalidad quiere que el propio discurso de investidura, que debe pasar a la Historia de las Barbaridades Españolas? No es para aplicar el 155: es para que nada más terminar su discurso, por cuanto largó por esa boquita, estuviera esperándolo la Guardia Civil para llevarlo directamente a Estremera con sus amiguitos del lazo amarillo. Ese lazo amarillo con que nos quieren ahorcar a España.

No, no veo preocupación ante la gravedad del disparatón gordo a que está llegando el separatismo catalán. Menos mal que como el «siempre nos quedará París» de la película «Casablanca», siempre nos quedará Don Felipe VI para otra vez movilizar a España contra su autodestrucción por parte de los separatistas. Como se dice ahora, «Agéndelo, Majestad». Guarde ya el día en que con otro mensaje a la nación nos salve del desastre, como cuando comenzó esta locura a la que ya no le vemos ni la matrícula de Gerona.

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos