El Apunte

Una ciudad mejor para visitantes y residentes

El cierre al tráfico de calles y plazas pasa por un cambio de hábitos de los vecinos

LA VOZ Cádiz - Actualizado: Guardado en:

Es una evidencia que a las ciudades de la provincia de Cádiz, a las mayores, más históricas, antiguas y pobladas, les quedan pocas industrias más estables y productivas que el turismo. Este sector debe entenderse como una oferta completa de ocio, hostelería y cultura para distintos tipos de público, de diversa procedencia, edad o poder adquisitivo y, sobre todo, en distintas épocas del año.

Pero si todos esos visitantes potenciales, españoles o extranjeros, muy jóvenes o muy mayores, tienen un interés común es el de la calidad de vida. Ninguna prioridad como la calma, el reposo, la pausa y el paseo cuando se visita algún destino turístico en el que conocer y disfrutar. Para conseguir, mantener o ampliar esa sensación de tranquilidad, el tráfico rodado es un gran obstáculo. En cualquier gran ciudad, o incluso pueblo diminuto, en un paraje rural, es necesario acotar y regular el paso de automóviles y motos para que la experiencia turística sea tal.

El Ayuntamiento de Cádiz compartir esa opinión y convertirá la ritual Semana de la Movilidad en una excusa para iniciar la promoción de una ciudad con más zonas peatonales, con más facilidades para los ciclistas.

Aunque la ciudad de Cádiz ha hecho avances progresivos en el cierre de calles al tráfico durante los últimos 30 años, como los mayores de la ciudad podrán comprobar si hacen memoria, ha llegado el momento de retomar ese proyecto y avanzar algunos pasos más. El carril-bici, la reducción de velocidad máxima o la presencia disuasoria de una imprescindible Policía Local son piezas de ese complejo rompecabezas que culminaría con una ciudad más amable para el visitante y, sobre todo, para el residente. El cierre al tráfico durante una jornada de la plaza de España será el momento más llamativo de la Semana de la Movilidad pero debe servir para que imaginemos varias vías más del casco histórico libre de coches y aparcamientos.Para eso, entre otras cosas, es preciso que la gran parte de la población modifique sus hábitos y preferencias.

Un casco antiguo que tiene su mayor distancia posible en 1,8 kilómetros en línea recta y que tiene en el turismo cultural y nacional una de sus escasas esperanzas económicas debe abrir cada año más vías al paseo y cerrarlas al motor, siempre que se respeten unas zonas estratégicas para aparcamiento, transporte público, carga y descarga.

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