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¿Y si...? Luis Ventoso

Pedro y Pablo, un equipazo si vienen mal dadas

Luis Ventoso - Actualizado: Guardado en:

Ayer, mientras me asombraba con su buen apetito desayunándose un revuelto, un amigo de cerebro de alto voltaje me desgranaba su llamativa historia de la economía del siglo XX. Resumiendo, venía a decir lo siguiente: en la primera mitad de la centuria, la humanidad se cargó el planeta con dos inauditas guerras mundiales y en la segunda parte del siglo se dedicó a reconstruirlo. El buen vivir de la generación del babyboom, los generosos sistemas de protección social y los altos niveles de empleo, se deberían al hecho excepcional de que había mucho por hacer tras el inmenso destrozo bélico. La economía alcanzó tal velocidad que el eco de aquel impulso duró décadas… Hasta que en 2008 todo reventó.

¿Por qué calan demagogias tan pueriles como las de Podemos, Syriza, Le Pen, Trump, Beppe Grillo…? Pues porque la economía nunca ha vuelto a recuperarse del todo tras el batacazo de 2008 (amén de que internet está cambiando nuestra psique y cómo conformamos nuestras decisiones democráticas, pero esa es otra historia). Entre 2000 y 2007, el conjunto de la economía mundial crecía al 2,7% anual. De 2010 a 2014, cuando en teoría ya habíamos remontado, lo hizo al 1,8%. Nada volvió a ser igual.

La etapa que va de 1990 a 2007 fue bautizada como «La Gran Estabilidad». Caído el Muro, el capitalismo había encontrado la fórmula mágica, con brujos como Alan Greenspan, «el Maestro»: crecimiento sostenido e inflación baja, gracias a la alquimia de los bancos centrales. Pero en 2007 estalla «La Gran Crisis», y el problema es que nunca ha llegado «La Gran Remontada».

El brillante Larry Summers, que fue secretario del Tesoro con Clinton y presidente de Harvard, advierte que hemos entrado en lo que él llama «estancamiento secular». El mundo está trabado y esto pinta mal. Summers, cada vez más keynesiano, demanda más carne en el asador de los estímulos. Mervyn King, que era el ponderado gobernador del Banco de Inglaterra en pleno latigazo de la crisis, ha escrito un magnífico ensayo titulado «El fin de la alquimia», donde sostiene todo lo contrario: la poción mágica de los bancos centrales, con sus tipos por los suelos y sus «expansiones cuantitativas», fue un fármaco que tuvo sentido en el pico de la crisis, pero que cada vez requiere más dosis para obtener iguales efectos. Occidente camina dopado y rumbo a la sobredosis. Algo hay: los bajísimos tipos de interés están acogotando el negocio bancario, y los bancos son el oxígeno de la economía. Aunque eminencias como Pedro, Pablo y doña Manuela no lo capten, si a la banca le va mal, a todos nos irá mal.

Concluyo este funeral recordando que esta semana los economistas de la ONU han alertado de que podría llegar la tercera ola de la crisis. La primera fueron las subprime. La segunda, la crisis de la deuda en la eurozona. La tercera sería el reventón de las economías emergentes, incapaces de hacer frente al temerario nivel de apalancamiento en que han incurrido. Sería la espoleta de otro tsunami. Y ahora, la pregunta del millón: si llegase esa tercera ola, ¿a usted le gustaría que lo pillase con un Gobierno de Pedro, Pablo, Homs, las mareas, ERC y Bildu y el de la moto? Hay que ser muy valiente.

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