Monumento a Cristóbal Colón en el Columbus Circle de Nueva York
Monumento a Cristóbal Colón en el Columbus Circle de Nueva York - ABC
Editorial

Absurdo ataque a la historia en EE.UU.

MADRIDActualizado:

Derribar estatuas de Cristóbal Colón, como está ocurriendo ahora en Estados Unidos, es tan indecente como lo que hacían los talibanes y los asesinos de Daesh en los museos. No solo destruyen obras de arte, sino que simbólicamente quieren pasar cuentas a los protagonistas de hechos históricos pasados, seguramente porque no son capaces de resolver los problemas del presente. Y, en todo caso, acusar a Colon de genocida es una insensatez de tamaño descomunal y más aún haciéndola desde lugares como Estados Unidos o Argentina, donde sí se cometieron deliberadamente graves e inhumanos abusos contra la población indígena cuando esos países eran ya independientes y soberanos. Es más, en todos los territorios dominados por España se practicó un relativo respeto legal a los habitantes originales, sobre todo si se compara con lo que hicieron otras potencias europeas en sus respectivas colonias. En toda la América española se creó una sociedad mestiza, cosa que no se puede decir de ningún territorio donde gobernaron Gran Bretaña o Francia.

Pero, por desgracia, aquellos que cometen o amparan esta actitud son absolutamente impermeables a estos argumentos porque en realidad no están hablando de historia ni del pasado. Como muy oportunamente describió Hannah Arendt, si se eliminan las referencias a las tradiciones, se rompen los eslabones de la cadena que unían a todas las generaciones sucesivas a los aspectos predeterminados del pasado. Falsificando la historia se puede construir un presente y un horizonte igualmente falso, que es el caldo de cultivo necesario para imponer una autoridad horizontal, en la que no hay referentes históricos ni categorías morales y en la que todo se puede legitimar. Esos efectos los conocemos muy bien en España y no solamente con los ataques a la figura de Cristóbal Colón.