ANÁLISIS
Por lo visto, oído y leído, Luis García Montero abandona la Universidad de Granada el próximo curso por culpa de las miserias de la literatura, de sus envidias, de sus cuchilladas por la espalda. Supuestamente las diferencias entre el denunciante y García Montero se habían resuelto con una disculpa del segundo en una reunión del departamento de literatura de la Facultad. Pero parece que para el rencor no basta una disculpa, si no va acompañada del escarnio público. Pues, bien, objetivo conseguido. No merece la pena apelar, aunque exista la convicción de que se está cometiendo un atropello.








